Cuando aún estaba arriba, en el cielo, el maíz deseaba prosperar en este mundo. Por eso consultó a Obara Ogbe, y el oráculo le dijo que, si quería una descendencia numerosa, debía hacer una ofrenda. Tenía que entregar a Eshu un chivo y reunir los demás materiales, y todo debía adquirirse a crédito. El maíz obedeció, entregó la ofrenda y se puso en camino.
Una mañana, cuando ya estaba en la tierra, llegó desnudo a un sembrado. Allí lo plantó su marido, que trabajaba la tierra. Al madurar, tuvo de golpe cuatro mil doscientos hijos, y todos venían con trajes lujosos. Por eso se afirma que el maíz entra al campo sin ropa y sale cubierto de prendas finas.
Volvió a su hogar muy alegre y le agradeció a Orunmila tanta descendencia y tanta ropa.
Quien hace lo que le piden, aunque tenga que conseguirlo a crédito, verá que su siembra rinde mucho. El maíz llega al campo sin nada y vuelve con una familia numerosa y bien vestida. Atender a Eshu abre paso a la suerte que se acerca.
Un chivo para Eshu y los demás materiales que señaló el oráculo, todo comprado a crédito.
Se ofrecen a Eshu un chivo y nueces de kola, comprados a crédito. Con esto no faltarán ropa nueva ni regalos.
Se aconseja atender a Eshu para dar paso a la buena suerte que ya se acerca. Además, la persona no debe contar a nadie de dónde vienen sus éxitos.