Obara Fun es el Odù número 121 de 256 en el orden señorial de Ifá, de la familia de Obara: nace de Obara sobre Ofun. En los tratados aparece también como Obara Ofun u Ọ̀bàrà Òfún. Esta ficha reúne su rezo en yoruba, 23 patakíes (3 enteros a la vista, con su enseñanza, su ebbó y sus cantos), sus refranes, 6 ebbós y obras y las señales con las que se manifiesta en la consulta — con el eewó completo a la vista; los demás ires y osogbos, el resto de consejos y las recetas completas se abren con La Libreta.
La lectura del signo
lo que Ifá quiere decir, en palabras llanas
LIBREObara Fun, que también se conoce como Obara Ofun, es el signo de la cotorra. En él nacieron la lámpara de la prosperidad, que lleva plumas de loro, y la regla de que nadie coma en el cuarto mientras este odu está marcado en el tablero. Es un signo de dinero: Ifá le anuncia un gran éxito económico y un buen momento para empezar un trabajo o un negocio, con una abundancia que, si usted cumple, nadie alcanza a contar. Pero el mismo signo le advierte que esa fortuna se sostiene con humildad y con el sacrificio hecho a tiempo.
La cotorra quiso aprender Ifá sin hacer su ebbó, y en la primera clase le dijo al maestro que ya lo sabía todo; se quedó con dos palabras del saber y las repite hasta hoy. Así le puede pasar a usted: habla demasiado, y sus palabras pueden traerle problemas. No se ponga por encima de su jefe ni de su maestro, no se vaya antes de terminar de aprender y no haga un trabajo sin consultar bien, porque el error se lo cobra a usted. El sabio humilde, aunque lo desprecien, resuelve lo que otros no pudieron.
«La cotorra rehusó el sacrificio y se quedó con dos palabras — la lengua de Obara Fun decide su fortuna.»El pulso de Obara Fun
En el amor hay problemas en su casa y por causa de una mujer. Ifá le advierte que se cuide de las mujeres de piel amarilla y no se una a ninguna: una así siguió al awó desde el Cielo para destruirlo, le envenenó la comida y le dio una tos que terminó en sangre. Cuídese de una mujer que puede entregarlo a sus enemigos, y de los parientes que envidian lo que usted gana y hacen menguar su fortuna. A la mujer casada, Ifá le aconseja no dejar a su esposo por otro, porque el que le tocó desde el Cielo es el suyo y lo nuevo solo la hará sufrir.
En la salud, no beba alcohol, porque en este signo la bebida trae una locura pasajera, y vigile el pecho, la tos y lo que come. No críe a los suyos entre demasiados mimos: quien nunca enfrenta una incomodidad cae enfermo al menor descuido. Hay además un enemigo lleno de odio que quiere quemar lo que usted tiene; con Elegba de su lado y el aviso a tiempo, usted sale a salvo.
Para quien desea hijos, el signo es generoso: con el sacrificio llega la familia que se espera, y un hijo puede brillar tanto que todos lo busquen, como el sol que Majawote trajo al mundo. Cuando la prosperidad llegue, compártala. El ebbó que se deja para después vuelve como una carga, y una fortuna entera se puede perder por una señal pequeña. Escuche a quien le avisa del peligro.
El signo en una fraseHable menos, guarde su secreto y encienda su lámpara de plumas — que el gran negocio de Obara Fun ya está servido, y los hijos vienen detrás.
El diagnóstico
habla · prohíbe · recomienda
LIBRE LA LIBRETAHabla LIBRE
Que la persona habla demasiado: tiene que vigilar que lo que dice no le acarree problemas, y no actuar como si supiera más que su superior o su maestro.
Que creerse autosuficiente lo priva de las ventajas de la humildad y la modestia.
Que en general debe protegerse de una mujer: un chivo para Eshu, un perro para Ogún y una chiva para Ifá, para impedir que ella lo ponga en manos de sus enemigos.
Que en la familia se anhela un hijo: la esposa sacrifica dos gallinas y una paloma, como Alabaake — y comenzó a tener hijos; el rey de Benín sacrificó chiva y dos gallinas, y su harén comenzó a parir.
Que un ave podría darle beneficios; para ello el sacrificio de Tewogbolá lleva dieciséis mil caurís, una gallina y cuatro palomas.
De que la fortaleza del hombre tiene un secreto — y quien duerme a su lado lo conoce: a Ataparapa lo entregó su propia esposa.
De la mujer que piensa abandonar a su esposo: no lo haga, porque es su hombre desde el cielo y se arrepentirá, como Igbayinrin.
De los parientes envidiosos que, al ver los regalos traídos del viaje, comenzaron a crearle problemas: la fiesta de la chiva los saca de la casa.
Del sol, a quien todos veneran y salen a recibir, aunque nadie se atreve a mirarlo de frente.
De que a una persona nadie le puede impedir ir a ver a otra; para que el trato entre ellas sea provechoso, se hace el sacrificio de cascarilla, osun y miel.
Eewó · prohibiciones LIBRE
El eewó completo va libre: es información de cuidado, y quien salió con este signo la necesita hoy.
No tenga ninguna relación con una mujer amarilla.Es el precepto celestial de este Odù: la que lo siguió desde el cielo vino a destruirlo.
No beba alcohol.Para evitar una locura pasajera; a Igbayinrin el vino nuevo de Olugbo no la dejó oír las advertencias de Ifá.
No puede tomar vino de plátano.Fue el vino con que el pueblo mató a Ataparapa.
Nadie debe comer en la habitación cuando este Odù está en la atena o en el tablero.
No permita que cualquier relación viva o permanezca con usted.
Iré y osogbo LIBRE
Tres iré —lo bueno que el signo trae— y tres osogbo —lo adverso que avisa— de muestra.
Le llega un gran éxito financiero.
Este es un momento muy favorable para empezar un trabajo nuevo o un negocio con suerte.
Con el sacrificio hecho, el dinero llega en abundancia sin medida.
Habla demasiado, y sus palabras le pueden traer situaciones negativas.
Si presume de saber más que su patrón o su maestro, pierde el beneficio de ser humilde y modesto.
Tiene problemas en su casa y por causa de una mujer.
33 ires y osogbos más esperan tras el muro — todo lo bueno que este Odù trae y todo lo adverso que avisa.
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Ofrezca primero un chivo a Eshu; luego prepare una celebración con una chiva para los suyos. Por obra de Eshu, las personas que causan conflictos saldrán de su casa.
A fin de que ninguna mujer lo ponga en manos de sus enemigos: un chivo para Eshu, un perro para Ogún y una chiva para Ifá.
6 consejos y avisos más esperan tras el muro — lo que este Ifá manda hacer, cuidar y evitar.
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los caminos del Odù — la historia detrás de cada sentencia
LIBRE LA LIBRETA1La cotorra que quiso aprender Ifá
Un awó hizo la adivinación a la cotorra poco antes de que ella empezara a estudiar Ifá con un sacerdote llamado Awoko. Le indicaron un sacrificio, pero ella lo juzgó innecesario: solo quería aprender el oficio. Llegó a la casa de Awoko sin haber ofrecido nada.
En cuanto Awoko dijo «Obara Ofun», Eshu se adueñó de la cotorra y le hizo creer que ya lo sabía todo. Ella le comunicó al maestro que conocía de antemano lo que él quería enseñarle. Awoko, fastidiado por la interrupción, le preguntó qué buscaba aprender entonces, ya que no era Ifá. Como si estuviera poseída, la cotorra solo respondió con unas palabras en lengua. Esa frase es el origen del nombre del signo.
Como ella rechazó el sacrificio, Obara Ofun quedó con solo únicamente aquellas dos palabras de Ifá que la cotorra llegó a saber.
En una consulta común, este odu señala a una persona que habla demasiado. Debe cuidar sus palabras, para que no le causen desgracias. Tampoco debe creerse superior a su maestro o a su jefe, ni pensar que no necesita a nadie: perdería los beneficios de ser humilde y modesto.
2La mujer amarilla
Antes de nacer, este hombre recibió una adivinación. Le anunciaron conflictos en el interior de su hogar y dificultades relacionadas con una mujer. Para ello debía darle a Eshu un chivo y celebrar una fiesta con una chiva. También le dieron dos prohibiciones: no acercarse a ninguna mujer amarilla y no beber alcohol, pues le provocaría una locura pasajera. Hizo todo lo indicado. Aun así, una mujer amarilla bajó del cielo siguiendo sus pasos.
Ya en el mundo, ejerció como sacerdote de Ifá y le fue bien. Salió de Ifé a ejercer su oficio y llegó hasta Oyó. Cuando su carrera estaba en la cima, el Alaafin, rey de Oyó, lo mandó llamar para una adivinación. En esa corte se topó con la mujer amarilla, y los dos sintieron una atracción inmediata, como si se hubieran conocido siempre. El trabajo que hizo para el rey resultó tan bueno que lo cubrieron de obsequios; entre ellos había un hombre y también la mujer amarilla, a la que ya amaba. Volvió a Ifé con ella.
Al ver los bienes que venían de Oyó, los parientes se llenaron de celos y le hicieron difícil la vida. Su fortuna empezó a bajar. La mujer amarilla había bajado tras él con el fin de arruinarlo, y se puso a actuar: echó veneno en sus comidas. Una tos fuerte le fue quitando las fuerzas para trabajar, hasta que llegó a vomitar sangre. Entonces acudió a los awó más ancianos de Ifá, y en la consulta salió su propio odu.
Le explicaron que el daño estaba dentro de su hogar y le recordaron la prohibición del cielo, que tenía olvidada: nada de trato con una mujer amarilla. Le prepararon una medicina para la tos, y le indicaron la fiesta con la chiva en familia, tras dar el chivo a Eshu. Le aseguraron que ya no corría riesgo de morir, aunque le quedaría una tos leve.
Tras la fiesta, Eshu hizo que los alborotadores fueran abandonando la casa: se fueron todos los parientes culpables de que sus negocios se hundieran. La esposa amarilla se quedó, pero cayó en el desánimo, la frustración y la impotencia. Su prosperidad regresó, y la mujer amarilla volvió al cielo.
En el Igbodu, este odu trae tres avisos: que no deje entrar ninguna relación a su vida, que con una mujer amarilla nada tiene que hacer y que no debe beber. Además, debe organizar con su gente la fiesta con la chiva, después de darle a Eshu un murciélago grande y un chivo.
3Ataparapa, el bandido que burló a la Muerte
Ataparapa fue un bandido despiadado al que un hechizo maligno volvía intocable. Antes de convencerse de que nadie podría atraparlo, acudió a Obara mo Ofun para protegerse de la Muerte. La respuesta fue que ofreciera un chivo, junto con un pequeño recipiente que contuviera una esponja y sangre del mismo animal. Cumplido el ebbó, se le ocurrió subir al cielo para trabar amistad con la Muerte.
Conviviendo con ella descubrió que las cosas de su ebbó eran justamente las que a la Muerte le estaban vedadas: sangre, una esponja y una vasija pequeña de barro. Con ese dato regresó a la tierra y continuó sus fechorías sin sufrir daño alguno. Cada día era un peligro mayor para los suyos y nadie atinaba a detenerlo.
Por entonces la Muerte venía a menudo a buscar a quienes los vecinos o el pueblo entero habían sentenciado. Al pedirle que se llevara a Ataparapa, resolvió corresponder a la visita de su amigo. Lo halló sentado en su casa, con la vasija de barro, la esponja y sangre derramada por todo el cuarto. Viendo reunidas sus prohibiciones, la Muerte huyó a toda prisa al cielo.
Al comprobar que ni la Muerte pudo con él, los vecinos lograron que la esposa dijera qué le estaba vedado. Ella cooperó, pues le molestaban hondamente las vergüenzas que su marido causaba a la familia. Reveló que su única prohibición era el plátano maduro: en cuanto lo probara, moriría.
Los vecinos prepararon un vino con plátano maduro (oten) y se lo dieron a beber. Ataparapa, ya en casa, le encargó a su mujer rapar un osun diminuto en medio de la cabeza, donde guardaba su fuerza. Después cayó en un sueño hondo del que no despertó. Con todo, su muerte le causó muchos disgustos a su familia.
La palabra no se pierde — se abre
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