Cuatro hermanas acordaron nacer a la vez en el mundo: la Tigresa, la Leoparda, la Cebra y la Gata Montés. Obara Iwori les marcó lo que debían ofrendar —una gallina, una jicotea y materiales podridos—, les mandó festejar a sus animales para ganarse el respeto de todos y, muy en especial, cubrirse contra el peligro del infortunio; cada una serviría además su cabeza: res para la Tigresa, carne en abundancia para la Leoparda, guineas para la Cebra y ratas con pescados para la Gata Montés. Solo la Gata cumplió con todo y, porque Orunmila se lo insistió, dejó su cabeza arriba de una loma. La Tigresa apenas sirvió la cabeza y descuidó lo demás. La Leoparda y la Cebra no quisieron ofrendar nada.
Una mañana la Tigresa salió a conseguirles de comer a sus cachorros y derribó un antílope; mientras lo abría cayeron frutas del árbol, el susto la hizo pisarlo con la mano izquierda, y los tigres no prueban carne que hayan pisado con esa mano. Dejó la presa, tumbó luego un venado y le volvió a ocurrir lo mismo. Regresó con hambre y, ya cerca de su casa, el cazador acabó con ella; sin leche que mamar, murieron sus cachorros. También a la Leoparda la mató el mismo cazador, cuando andaba buscando alimento para sus crías.
Viendo aquello, la Cebra corrió a que Orunmila le mirara de nuevo, y pidió fiado el dinero de los materiales con la promesa de saldarlo en cuanto pasaran las primeras lluvias. Le prestaron la Lombriz, la Gallina y la Zorra; también sus cuñados —los esposos de la Tigresa y de la Leoparda—, el Cazador y la Boa. Llovió, y todos llegaron por lo suyo; ella los dejó esperando afuera con el pretexto de contar el dinero. Ahí la Gallina se comió a la Lombriz; la Zorra se comió a la Gallina; el Leopardo se comió a la Zorra; el Tigre mató al Leopardo; el Cazador le disparó al Tigre; y la Boa, que le venía pisando los talones al Cazador, quedó bajo su pie cuando él dio un paso atrás y lo mordió: él la partió con el machete, pero el veneno lo alcanzó y murió. Los siete acreedores se liquidaron entre sí y no quedó a quién pagarle. La Gata, la única que sacrificó, salió sin un rasguño: por eso a los gatos no se les usa en sacrificio, no se come su carne y sus hijos se crían pequeños sin contratiempo. Si este Ifá sale en Igbodu, hay que averiguar si la persona es uno de cuatro hermanos: a cada uno le toca servirle a Eshu chivo, pan y ekó, darle una jicotea a Ogún y hacer fiesta con la familia entera.