1Por qué todos sirven a la Cabeza
Awó Orí se llamaba el awó que consultó a la Cabeza, Orí, cuando estaba por llegar a una existencia donde absolutamente todos habrían de servirla.
Se le pidió ofrecer una chiva, una campana y un trozo de tela blanca. Desde ese momento hasta ahora, divinidades y seres humanos por igual atienden a la Cabeza. Cuando sale este odu, lo primero es rogarse la cabeza.
2La trompeta que anhelaba ser reconocida
El awó de Ukpe, llamado Ebara tua tua tua, consultó el oráculo para la trompeta, que en esos días quería ser reconocida. Le pidió ofrendar un gallo y un cuchillo, ir al campo y esperar al lado de una palma joven. Con el tiempo la palma crecería, y la trompeta subiría por ella hasta sus ramas y llegaría a tener muchos hijos.
Eshu, por su lado, visitó a Olofin para enseñarle cómo sacar provecho de Ukpe, la trompeta, en la celebración anual. La tocaron en el campo y su sonido alcanzó a quienes estaban dentro de sus casas. Después la tocaron desde una casa, y esta vez la escucharon los que estaban en el mercado, en el bosque o en pleno campo.
Entonces el Obá, muy impresionado, ordenó que desde entonces la trompeta sirviera de clarín para convocar al pueblo a adorar a Ogún y también para llamar a las armas en tiempo de guerra. Así Ukpe llegó a ser famosa.
3Los tres hermanos: la fuerza, el poder y la verdad
Los hermanos Alagbara, Oloogun y Otito, que son Ogún, Osain y Orunmila, descendieron juntos desde el cielo hasta la tierra. Antes del viaje fueron a consultarse y recibieron este consejo: un chivo para Eshu, a fin de triunfar en todo lo que hicieran aquí; una chiva para sus ángeles guardianes; y, para obtener claridad de parte de Dios, cascarilla, plumas rojas de cotorra, una paloma blanca y tela blanca. Ogún y Osain no cumplieron nada de eso. Orunmila, en cambio, ofreció todo. Pese a esto, los tres hicieron el viaje.
En la tierra, los tres levantaron sus casas con éxito. Un día fueron juntos a Ifé a ejercer Ifá. Orunmila tenía por costumbre vestirse de blanco cada mañana y sentarse delante de su casa, y era conocido por decir siempre la verdad. Ogún era famoso por la fuerza de su cuerpo, y Osain por sus poderes ocultos.
Por aquel tiempo, la mujer de Olofin llevaba una semana con dolores y no conseguía parir. A Osain, que era médico, lo llamaron primero. Probó todas las medicinas que sabía, y fue inútil. Después pidieron ayuda a Ogún, quien intentó cuanto pudo sin éxito, y el niño seguía sin nacer. En ese momento Eshu movió a los consejeros del palacio, y ellos sugirieron a Olofin que hiciera venir al hombre vestido de blanco.
Enviaron a dos mensajeros a buscar a Orunmila. Él los acompañó al palacio y de inmediato se puso a adivinar. Al terminar anunció que la mujer no daba a luz porque con tres hombres distintos había cometido adulterio, y que sí podría hacerlo si confesaba y decía quiénes eran. Al enterarse, ella lo reconoció y dio los nombres. Poco después nació un varón, y todos se alegraron.
En agradecimiento, el Obá hizo grandes regalos a Orunmila. Luego la gente supo de lo que él era capaz y empezaron a llegar clientes a consultarse, de modo que reunió mucho dinero y levantó una casa suya en Ifé.
Ogún y Osain, que no habían sido capaces de ayudar, fueron a consultarse. Les dijeron que volvieran a la tierra donde nacieron y ofrecieran ebbó. Cumplieron, y desde ese momento fueron prosperando en Ifé. Entretanto, a Orunmila le enviaron un mensaje: debía regresar a casa para ser coronado Obá. Él volvió a buscar su corona.
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