Las doscientas divinidades, las de la derecha y las de la izquierda, recibieron una consulta justo cuando les tocaba iniciar la fundación de la tierra. Es este odu el que cuenta de qué manera quedó formado el mundo en que vivimos.
Antes había existido otro mundo. Dios lo cubrió de agua porque sus primeros habitantes se entregaron a la lujuria y a la corrupción moral, y así lo destruyó.
Pasaron siete mil años, y Dios resolvió intentarlo por segunda vez. Reunió a las divinidades y les encargó bajar a la tierra, unidas como si fueran una sola, para mejorar el mundo. Koin koin, el nombre celestial de Obara Dila, hizo para ellas la adivinación. Su consejo fue que cada divinidad entregara a Eshu cauríes, cascarilla y ropa blanca, y que dejara además una pluma de loro en Mimikpo, un río del cielo; a su Ángel de la Guarda debía darle una guinea.
Solo Orunmila cumplió. Dios mandó entonces a Arugba, su mensajera, a avisar a todas que se presentaran al día siguiente, de mañana, a la Cámara Divina, en el palacio. Como Orunmila era el único que había hecho el sacrificio, Arugba le explicó lo que le convenía hacer.
A la mañana siguiente, con todos presentes, Dios repartió sus instrucciones y prohibió pasar por casa antes de la partida. Orunmila se presentó en último lugar, y esa es la razón de que le tocara con el caracol que guardaba la arena para endurecer la tierra. Con licencia de Dios, viajó acompañado por Arugba.
La tierra aún no tenía suelo y todo era agua. Las divinidades quedaron subidas en una palma cuyas raíces nacían en el cielo y cuyas ramas tocaban la tierra, mirando el agua inmensa que tenían debajo. Al final Arugba le sugirió a Orunmila inclinar el caracol de modo que su abertura mirara al agua. La arena se derramó, la tierra se volvió firme y poco después todas bajaron de la palma.
Ese fue el comienzo del segundo intento de poblar la tierra, el que continúa en nuestros días.
Orunmila fue el único que ofrendó y por eso recibió la tarea de afirmar el mundo. Quien hace su ebbó cuando los demás no lo hacen encuentra abierto su camino, y escuchar al mensajero a tiempo resuelve lo que parecía imposible.
Para Eshu: cauríes, cascarilla, ropa blanca y una pluma de loro, dejada en Mimikpo, el río celeste. Además, cada divinidad debía llevar una guinea para su Ángel de la Guarda particular. De todas ellas, solo Orunmila lo cumplió.
Lo indicado es un sacrificio especial que lleva un chivo, una guinea, un camaleón, un caracol recogido en la manigua, tela blanca, cascarilla y las hierbas ewe irorowo, ewe ero, ewe odondon y ewe tete. Con él la persona podrá tener larga vida.
Lo aconsejable es dar un chivo a Eshu y recibir a Orunmila, pues la persona podría atravesar grandes dificultades.
KOIN-KOIN MI TA LU IDI. ODIFA FUN ERUMOLE AJUGOTUN, ERUMOLE AJUGOSI NI JO TI WON BO LE ODE AIYE.