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Obara Meyi

También se le dice Obara Meji

nº 7 de 256 · Meyi · Edición:

Dos reyes, dos coronas: la lengua que salva y la lengua que pierde, y la calabaza humilde que esconde la riqueza.

34 patakíes 10 eewó 15 ebbós y obras 16 refranes

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Rezo del Odù— el que abre el registro

Baba Obara Meji onibara olabara eyebara kikate komokate araye komokate ara orun lodafun gbogbo eye oko orefe lorugbo gbogbo tenuyen kekere Meyi.

SúyereOmi gegere omi gegere shakua luma lapeo ibi abudu yaya lae oti.
Orden en Ifá
Odù 7 de 256 · Meyi
Composición
Obara sobre Obara
En el Diloggún
6-6 · Obara tonti Obara
Santos que hablan
Shangó · Obbatalá · Olófin · Oshún · Orunmila · Eshú · Eggún · Ikú (la Muerte) · Los Ibeyis · Oggún y Eziza

Nace · Ìbí LIBRE

  • Los mensajes que se reciben por medio de los sueños.

    Desde el útero, Obara Meyi revelaba en sueños a sus padres los peligros que venían.

  • Las riquezas y las joyas.

    La casa de Obara es humilde, pero gracias a una calabaza y a una pluma de loro se vuelve próspera.

  • El reino de Adifa, que es el reino de quienes practican la adivinación.

    Obara Meyi es la cabeza de la tierra y la sabiduría.

  • Los maestros y los linajes por los que se transmite el saber.

    Aquí el Awó enseña a sus ahijados y después los observa trabajar.

  • El pacto y el baile del Awó con Ikú en la Atena.

    Fue la primera ocasión en que el Egun usó a un vivo para presentarse y rescatar al mundo.

  • La rogación de rodillas ante la deidad.

    Obara dispuso que antes de ofrecer comida a una deidad se le ruegue de rodillas que la acepte.

  • El color azul, y también el collar en tono azul claro.

    La bola de cristal forma parte del collar de Orunmila; son los colores característicos del signo.

  • Las señales de humo.

    Del camino en que Obara quemó su ropa tras el ebbó y por el humo lo encontraron para hacerlo rey.

  • Kapaya, el espíritu de Odduduwa.

    Es el que castiga a las adúlteras; este signo castiga la infidelidad.

  • Las banderas y los paraguas.

    Las banderas quedaron como emblemas por haber hecho ebbó.

Obara Meyi es el Odù número 7 de Ifá, uno de los 16 Meyi y cabeza de la familia de Obara. En los tratados aparece también como Ọ̀bàrà Méjì u Obara Meji. Esta ficha reúne su rezo en yoruba, 34 patakíes (3 enteros a la vista, con su enseñanza, su ebbó y sus cantos), sus refranes, 15 ebbós y obras y las señales con las que se manifiesta en la consulta — con el eewó completo a la vista; los demás ires y osogbos, el resto de consejos y las recetas completas se abren con La Libreta.

La lectura del signo

lo que Ifá quiere decir, en palabras llanas

LIBRE

Obara Meyi, que también se conoce como Obara Meji, es un signo de sabiduría que gobierna el reino de los adivinos. En este signo nacieron las revelaciones que llegan en sueños, las riquezas y las joyas, los maestros y la cadena de la enseñanza, y el pacto con el que el awó baila con Ikú en la atena. Aquí se mezclan lo bueno y lo malo del mundo, y su decreto pide paciencia: la riqueza le llega en la edad madura, tras años de escasez, y la casa pobre de Obara se vuelve rica con algo tan humilde como una calabaza. Nunca desprecie lo que parece no valer nada.

Usted vive entre la duda y el impulso: le cuesta decidirse y, cuando decide con ansiedad, después se arrepiente. En este signo el padre de Obara se quitó la vida al creer, sin comprobarlo, que su hijo había muerto. Si alguna vez la angustia le hace pensar en quitarse la vida, no se quede solo: háblelo con alguien de confianza, busque a un médico o a un profesional y atienda su cabeza. Su lengua es su mejor y su peor alimento: lo que dice puede darle de comer o arruinarlo, y aquí su verdad se toma por mentira. Cuide sus palabras y no se crea superior a nadie.

«Una lengua buena salva a un pueblo; una lengua mala hace perder el mundo entero.»El pulso de Obara Meyi

Lo rodean enemigos que preparan un golpe por sorpresa contra su casa o contra su vida. Con el sacrificio hecho y con Orunmila y Eshu de su lado, ese ataque se deshace, y con el tiempo usted descubre quién le creó los problemas. Los sueños le anuncian los peligros antes de que lleguen. Cuide usted mismo lo suyo y no frecuente a diario clubes ni reuniones. Respete a su madre, porque ofenderla trae pérdidas que no se reparan.

En el amor, este es un signo de engaños dentro de la casa: lo que no se hace con la pareja se termina haciendo con otra persona, y la frialdad lleva a la separación. Si tres hombres pretenden a su mujer, esa rivalidad puede acabar en sangre; en este signo la infidelidad pone la vida en peligro. Si una mujer embarazada recibe este odu, puede esperar gemelos.

En el trabajo, lo pueden elegir para un cargo o un título, y si hace ebbó al empezar un negocio, gana clientes y dinero. En la salud, cuide la garganta y la piel, y la mujer, los partos; no tome alcohol ni duerma en cualquier lugar. Agradezca siempre los favores. Si ruega su cabeza, atiende a los Egun del campo y cumple pronto lo que Ifá marca, este signo de dos coronas le da una vida larga.

El signo en una frase

Cuide la lengua, honre a su madre y recoja lo que otros desprecian — que la pobreza de Obara siempre termina, y termina en trono.

El diagnóstico

habla · prohíbe · recomienda

LIBRE LA LIBRETA

Eewó · prohibiciones LIBRE

El eewó completo va libre: es información de cuidado, y quien salió con este signo la necesita hoy.

No decir mentiras.Es el Odù de la mentira: a la persona no le creen ni siquiera lo cierto, porque «el hombre nace veraz y muere embustero».
No ingerir vino ni bebidas alcohólicas.La bebida pone en riesgo el secreto: borracho, Obara apostó su vida en el palacio del rey.
No comer coco, carnero, rana, melón, conejo, chivo, paloma ni harina de maíz.Son los tabúes de comida del signo; por comer carnera Obara enfermó gravemente.
No maltratar a la madre ni acusarla de coqueta.La madre de Obara murió avergonzada por esa acusación, después de haberlo salvado todo.
No matar buitres.Es un ave de gran valor en el sacrificio; cuando se posa en la puerta trae un anuncio, y entonces hay que ofrecerle un chivo a Eshu.
No saltar huecos: pise firme, con vara o bastón.Marca del signo para no caer en lo que otros cavaron.
No ser presuntuoso ni fanfarrón, ni creerse superior a nadie.El Awó de este signo mira sobre la estera, en el suelo: la humildad es su corona.
No salir de casa el día de un sacrificio a una deidad; vestirse de blanco.Así lo manda el signo: el día del sacrificio se guarda.
No dormirse en el camino de las cosas.Al hombre que se durmió con la miel, las hormigas se lo comieron: lo que se deja para después puede costar la vida.
No compartir el legado de un fallecido.Los compromisos que se adquieren acaban volviéndose en contra de la persona.

Iré y osogbo LIBRE

Tres iré —lo bueno que el signo trae— y tres osogbo —lo adverso que avisa— de muestra.

La riqueza llega a la persona en la edad madura, después de una vida de escasez.
Le llega una suerte grande y lo llaman desde el campo.
Si hace ebbó cuando empieza un negocio, se hace rico.
Vive en la duda y le cuesta tomar decisiones.
Es impulsivo, se deja llevar por sus deseos y luego se arrepiente de lo que decidió con ansiedad.
Hay enemigos que lo rodean y preparan un golpe inesperado contra su casa o contra su vida.

50 ires y osogbos más esperan tras el muro — todo lo bueno que este Odù trae y todo lo adverso que avisa.

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Refranes de Obara Meyi · Òwe

la sentencia y lo que te está diciendo

LIBRE LA LIBRETA

Rey muerto, príncipe coronado.

Nada queda vacío: lo que uno deja, otro lo ocupa. Habla de sucesiones, herencias y relevos — la caída de un mayor y el ascenso del que sigue. Prepárese para heredar responsabilidades, y recuerde que también su lugar puede ser ocupado.

No hables y no te morderás la lengua: tu lengua es tu león; si la dejas, te devora.

La palabra imprudente de este signo es su mayor enemigo: por hablar de más, borracho, Obara apostó su propia vida. La discreción no es silencio cobarde, es dominar al león antes de que lo devore a uno.

El hombre paciente se hace rey del mundo.

La riqueza de Obara llega a edad madura, no de golpe. Quien soporta la pobreza y la burla sin abandonar el ebbó — como Obara con sus calabazas — termina sentado en el trono junto al rey.

No hay pobreza que no llegue a su fin.

Sin una madre veladora, sería imposible la vida de un niño.

El hombre nace sincero y muere mentiroso.

El que sabe no muere como el que no sabe.

Quien juzga a otros termina juzgado por Olorun.

El tiempo es lento para los que esperan, veloz para los que temen, largo para los que sufren, corto para los que se regocijan y eterno para los que aman.

Los impíos son tan detestables que la muerte no los quiere de vuelta en el cielo.

El puerco espín corteja a la mujer del leopardo, pero este no puede evitarlo.

La mujer que come a dos manos, su trabajo la condena.

Tanto que sabe la codorniz y duerme en el suelo.

Quien mucho habla, poco escucha.

Al que no quiere caldo, le dan tres tazas.

El mercader que no cobra no tiene ganancias.

13 interpretaciones selladas — el texto que traduce cada sentencia a tu vida, en español y en inglés.

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Los patakíes

los caminos del Odù — la historia detrás de cada sentencia

LIBRE LA LIBRETA
1Obara y los asesinos de los hijos del rey

Obara Meji era el único hijo de sus padres. El padre contaba solo con la mano izquierda y la madre veía con un solo ojo; ya desde el vientre materno, él les anunciaba por sueños lo que los amenazaba. Se hizo mayor muy pronto y fue un joven agudo y hablador. Le encantaba leer la suerte de la gente, y a los sacerdotes ancianos de Ifé eso les caía mal. Siendo todavía muy joven, empezó a asistir a las asambleas de los veteranos y casi siempre terminaba atrayendo todas las miradas.

El rey de Ifé recibía en su palacio a los sacerdotes de Ifá, quienes se juntaban una vez cada diecisiete días. Al acabar jugaban ayó, un juego de tablero que equivale al ajedrez, y con frecuencia en esos días moría un hijo del rey.

Obara Meji fue por primera vez a una de esas juntas. Bebió en exceso y, en plena borrachera, se jactó de que en la siguiente nombraría a los culpables de esas muertes. Cuando calló, los presentes se separaron con un pacto callado: si no cumplía, lo matarían.

Los culpables, seguros de que el muchacho sería incapaz de nombrarlos, y planearon eliminarlo. Se juntaron a conspirar junto a un sendero rodeado de arbustos. Justo entonces pasaba la madre de Obara Meji, de regreso de la finca; ellos no sabían quién era. Oyó todo el plan contra su hijo y corrió a casa para preguntar a sus sacerdotes de Ifá cómo salvar a su único hijo.

Aquellos le respondieron que preparase tres ñames grandes ya machacados, junto con tres platos de sopa, y fuera con todo al río. Allí debía bañarse con un collar de cuentas sobre el pecho. Mientras estuviera en el agua, sabría qué hacer.

La mujer cumplió. Puso la comida junto al agua y se metió a bañarse. Llegó un hombre llamado Okpolo y la saludó; se bañó deprisa y salió con apuro. Ella le preguntó la razón, y él contestó que debía ir a la junta de ese día en el palacio. Ella le ofreció, antes de que se marchara, servirse de lo que ella había puesto junto al agua. En esas juntas tan largas el rey no daba de comer, así que Okpolo aceptó contento. Mientras comía, anunció que ese día habría un suceso grave en el palacio: iban a matar al insolente y hablador Obara Meji, porque no sabría decir cuál de los bandos de jugadores de ayó mataba a los hijos del rey, como había presumido. Acabó reconociendo que él mismo participaba en el complot y que el rey, por su avaricia, jamás servía alimento en esas juntas.

Luego pasó Obuko y actuó casi igual. Comió ñame y entonces le explicó a la mujer su encargo de ese día. Admitió que, por culpa de la avaricia del rey, era de los que mataban a sus hijos, y que también estaba entre los que acabarían con el charlatán Obara Meji aquella tarde, pues este jamás conocería sus nombres. Dijo llamarse Obuko, el chivo, y nombró a los otros: Agbo, el carnero, y Okpolo, la rana. Los tres eran los que, tras jugar ayó, mataban a los hijos del rey. Contó además que Obara Meji se había jactado de que señalaría a Oshin, un jefe, como único conspirador; pero Oshin no ocuparía su asiento ese día, pues enviaría a su hijo mayor, Aremo. También dijo que a Obara Meji le tendrían un asiento especial, con un hoyo tapado con una estera bajo él. Su única salvación sería llevar un perro y un paquete de panes fríos de maíz con salsa de frijol, y echarlo sobre la estera, bajo la silla que le asignaran, para que el perro corriera a buscarlo. La mujer dijo que sería un alivio que Obara Meji muriera, pues el pueblo viviría con más calma sin él. Entonces Obuko se marchó hacia el palacio.

Agbo fue quien llegó de último al río. También comió el ñame, corroboró lo dicho por los otros dos y detalló por qué y de qué manera querían matar a Obara Meji. Terminó de comer y partió hacia la junta.

No mucho después, la madre regresó a su casa y contó a su esposo y a su hijo todo lo ocurrido en el río. Ella le fue indicando a Obara Meji lo que debía hacer: ir acompañado de su perro; lanzar los panes fríos de maíz con salsa de frijol bajo la silla que le prepararon, y llamar al perro para que fuera por ellos. Si el perro caía al hoyo, él debía levantarse y preguntar por el llamado Obuko. Cuando este se diera a conocer, tenía que mandar que lo sacrificaran a Eshu. Después debía llamar a Agbo y, apenas respondiera, ordenar que lo sacrificaran en el sitio sagrado donde todo el pueblo honra a sus antepasados. Al final debía llamar a Okpolo; cuando se presentara, mandaría atravesarle la boca y el ano con una flecha y entregarlo a la divinidad del suelo. Si le preguntaban el motivo de esas muertes, respondería que los tres eran los que, tras jugar ayó con los hijos del rey, los habían matado. Hecho esto, debía ordenar al hombre del trono que se bajara, pues era un impostor, para dejar el lugar al jefe Oshin, que en ese instante estaría en un rincón del salón, fumando una pipa larga.

Obara Meji partió a la junta vestido con la ropa de su padre y un gorro, y con su perro a su lado. Al acercarse a la entrada del salón comunal, la gente empezó a gritar su nombre en alabanza. Ya dentro, lo guiaron hasta la silla que tenían dispuesta para él. Permaneció tranquilo, sacó los panes fríos de maíz con salsa de frijol, los arrojó bajo la silla señalada y envió al perro tras ellos. El perro corrió, atravesó la estera y cayó a un foso hondo, cuyo fondo estaba lleno de garfios y puntas.

Entonces Obara Meji siguió los pasos en otro orden. Lo primero que mandó fue que el hombre del trono se retirara al instante, y así Oshin pudo sentarse. El hombre se levantó de prisa. Luego llamó a Obuko, el chivo, y le pidió ponerse de pie y decir su nombre; igual hizo con Okpolo, la rana, y con Agbo, el carnero, y los tres cumplieron. Dispuso que Obuko fuera ofrecido a Eshu, Okpolo a la tierra madre y Agbo en el sitio sagrado donde se honra a los antepasados.

Oshin le preguntó de qué eran culpables esos hombres. Obara Meji le recordó lo que había prometido en la junta anterior: delatar a quienes, tras jugar ayó con él, mataban a los hijos del rey. Afirmó que los tres eran los autores, y los tres fueron sacrificados. Así quedó claro que los verdaderos culpables eran la rana, el chivo y el carnero.

Los asistentes se levantaron y aclamaron con un estruendo. Alzaron a Obara Meji sobre sus hombros y lo sacaron en un desfile abierto. Antes de que él saliera, sus padres habían prometido morir si el hijo único moría en la junta. El padre escuchó los gritos, pensó que el hijo había muerto y se mató. La madre, al ver a su hijo cargado en un desfile de victoria, retiró la cabeza del lazo que había colgado para sí. Esa cuerda la usó para agradecer a su propia madre. Hoy, en tierras yoruba y de Benín, se amarra esa soga en el lugar sagrado donde se honra a las madres que ya murieron.

Por eso se cuenta que fue la madre de Obara Meji quien lo rescató cuando la muerte ya lo alcanzaba.

Lo que enseña

Hablar de más y prometer bajo los efectos del alcohol pone la vida en riesgo. Quien oye a su madre y acata lo que dice Ifá saca a la luz a sus enemigos ocultos y se salva. Este camino reconoce el valor de una madre que protege a su hijo.

Si sale en el Igbodu: preguntas, prohibiciones y altar

Antes de nada se pregunta si el padre sigue con vida, pues si ya murió, su propio final está cerca. Se le prohíbe beber vino de cualquier clase y repartir lo que dejó un difunto. A los tres días de salirle en el Igbodu, debe levantar para su Ifá un altar de Eshu.

Si sale en el Igbodu: guinea para la madre

Si su madre vive, compra una guinea para honrar la cabeza de ella en su nombre. Si ya murió, la guinea se usa sobre su tumba o sobre el dedo grande del pie izquierdo.

Si sale en el Igbodu: cabeza y deidades

Con dos guineas ruega su cabeza, y prepara lo necesario para recibir a Ogún y a Eziza.

Si sale al consultar con los ikines

Debe atender su cabeza sin demora, con una gallina o una paloma. Si quien consulta es una embarazada, puede asegurársele que tendrá gemelos.

Si sale al consultar con el ókpele

A Ogún y a Eziza se les da un gallo a cada uno. Se recomienda a la persona no cerrar ningún trato, mantenerse atenta y no frecuentar de continuo clubes ni reuniones, donde incluso podría encontrar la muerte.

Los nombres de los sacerdotes de Ifá que adivinaron a Obara Meji antes de dejar el Cielo

WOSEMI KPELEMBE KPELEMBE CROMI MIMI MIMI LAKE ORI UDI KOKO NI KPA ERON LEMBE LEMBE AABE BE OUNI MO JU OLOJA TITU RIN RIN RIN.

El nombre del sacerdote de Ifá que adivinó el día del nacimiento de Obara Meji

AFENJU OMO OMO ARE KII KON FENE FENE KPOBI GBITE GBITE YA ALUMEN ITE ONAYE MAGBA NIO NI GBITE ORUN.

Lo que gritaron los presentes en alabanza a Obara Meji al llegar al salón

Obara Meji afenju-Omo

2Obara vence al rey de la Muerte

Un sacerdote de Ifá había bajado a la tierra llevando consigo la riqueza y la prosperidad. Al enterarse, el rey de la Muerte quiso impedirlo. Como ignoraba cuál de ellos era, resolvió condenar a morir a cuantos sacerdotes de Ifá habitaban el cielo. Catorce consejeros lo asistían.

Para pasar inadvertido, el rey de la Muerte aparentó una enfermedad grave. Arun, la enfermedad, es su esposa, y él llegó a oler muy mal. Convocó a los sacerdotes celestiales de uno en uno. A cada uno le tenía lista una bebida que parecía de kola pero era de huevos, además de pequeños barriles de vino. El plazo para sanarlo era de siete días; si fallaban, no los dejaría volver a su casa.

En cuanto entraba un sacerdote, la Muerte le ofrecía la supuesta bebida de kola. Debía decir qué contenía, para demostrar su visión. Muchos no lo adivinaron y quedaron presos con cadenas. Los pocos que acertaron, es decir, que dijeron «huevos», igual fracasaron: cuanto más medicina le daban, peor se sentía. Cuando ya había varios sacerdotes del cielo encerrados, llegó el turno de Obara Meyi.

Obara Meyi recibió el llamado del rey y consultó su Ifá. La respuesta fue sacrificar dos chivos, destinados respectivamente a Eshu y a su ángel guardián, y ponerle una escalera a cada uno. Lo cumplió sin demora. Al partir hacia la casa de la Muerte se colgó su collar mágico, el udé, el principal símbolo de su autoridad.

Tocó a la puerta y, antes de pasar, le exigieron decir cuántas personas había adentro y qué estaban haciendo. Observó la bola de cristal que tenía su collar y contestó: catorce, y todas sostenían una copa para beber. Con esa respuesta le permitieron el paso. Abrió la puerta y entró dando la espalda.

La Muerte lo recibió con aspecto de enfermo grave y mandó traer kola y vino. Al llegar la kola, Obara Meyi pidió a los presentes que adivinaran qué era en realidad. Después pronunció un conjuro especial, llamando a ambas bebidas por sus nombres verdaderos del cielo. Les ordenó que, si eran tal como las creó Olodumare, siguieran igual, y si no, que recuperaran ante la vista de todos su identidad real. Al instante, el veneno del vino subió a la superficie, la orina de oveja se hundió en el fondo y las semillas de kola se volvieron huevos. Obara reclamó al rey por tratar así a un invitado.

El rey se disculpó, y para calmarlo le sirvió semillas de kola y vino auténticos. Aun así, le recordó que nadie había conseguido aliviarlo. Obara contestó que primero necesitaba comer y beber, pues venía con hambre después de tanto camino.

Mientras le traían la comida, Eshu tomó la apariencia de un niño con la piel cubierta de erupciones y se quedó parado en la puerta. Obara, antes de probar bocado, sacó su ókpele; el Ifá que salió lo hizo preguntarse si esa comida estaría sana. Por eso convidó al niño. El niño devoró todo, hasta el recipiente. Como pago, le pidió a Obara que alistara la vasija en la que él curaba de verdad las llagas de su cuerpo. Mientras Obara se ocupaba de eso, el niño lo animó a aceptar el encargo de sanar al rey. De vuelta en el cuarto del rey, Obara se ofreció libremente para hacer cuanto pudiera.

El rey acostumbraba quitarse el vestido de la enfermedad para dormir y ponérselo de nuevo al amanecer. Esa noche, apenas se acostó, Eshu trepó a su cuarto usando la escalera del ebbó de Obara y lo sumió en un sueño hondo con un conjuro. Luego, todavía como niño llagado, llamó a Obara para que viera qué sano y ágil lucía el anciano sin su traje de enfermo.

A la mañana siguiente el rey le pidió a Obara que comenzara la cura. Obara juntó todas las hojas a su alcance, mostró su polvo de adivinación y con eso dispuso un baño para siete días. Pero el rey no se bañó. Obara continuó repartiendo con el niño llagado cada comida que recibía.

Al sexto día, el rey se quejó de que no mejoraba y de que no lograba dormir. Esa noche, Eshu volvió a dormirlo con un conjuro y le hizo tomar mucha miel para que quedara adormecido. También hizo subir a Obara y al niño hasta el cuarto del rey por la escalera invisible. Allí el niño indicó a Obara que cargara la vasija en que estaba el vestido de la enfermedad. Ya fuera, Eshu hizo que el camino hacia el río quedara sin ningún ser vivo, para que nadie los viera con la vasija. La echaron al río y, al regresar, se acostaron.

Llegó por fin el día fijado y los invitados empezaron a presentarse, curiosos por saber qué sería de Obara. El rey se bañó y fue a buscar la vasija con su ropa de enfermo, pero no estaba. Entonces se encerró en su cuarto. Tras esperar inútilmente, Obara mandó llamarlo, impaciente por conocer su destino. Después de mucho golpear la puerta, el anciano salió vestido, se sentó en el trono y su cuerpo resplandecía, transparente y sano. Obara le pidió que dijera cómo había resultado el trabajo, y el rey admitió que el tratamiento funcionó.

La Muerte volvió a entrar para partir su tesoro en dos mitades y entregárselo a Obara. El niño llagado le dijo a Obara que reclamara, porque el rey estaba faltando a su palabra. Obara dio un grito, y Eshu lo repitió y lo hizo más fuerte, hasta que los cimientos del cielo temblaron. Asustado, el rey fue a su cuarto y puso la mitad de sus bienes en un saco de nueces de kola, que dejó fuera. Antes, el niño había advertido a Obara que de todo aceptara solo el saco de nueces de kola.

El rey volvió cargando un par de recipientes: una caja de bronce llena de basura y un barril lleno de nueces de kola. Dijo a Obara que eligiera. Obara siguió el consejo del niño, escogió las nueces y emprendió el regreso. Eshu, entretanto, se había convertido en un anciano y lo aguardaba en el camino. Obara buscó al niño, no logró encontrarlo, dejó una parte de los regalos al cuidado de su ángel guardián y continuó.

Casi llegando a casa, Obara se topó con el anciano de la choza, a quien había visto al ir a cumplir su misión. El anciano quiso ver el premio que traía. Obara empezó a sospechar que otra vez era Eshu quien bromeaba. Para salir de la duda, tomó su vara de autoridad y ordenó al anciano revelar su verdadera forma. En un instante se convirtió en el niño llagado y luego en Eshu con todo su esplendor. Obara le agradeció la ayuda en una misión que parecía imposible, abrió el saco de kola y lo invitó a servirse. Eshu le pidió que lo llevara consigo adonde fuera y que compartiera con él su comida, como en el viaje.

Ya en su hogar, Obara sacrificó dos chivos: uno en honor de Eshu y el otro para su ángel guardián. Después reunió a sus amigos en una comida para dar gracias, pues ningún otro sacerdote de Ifá había logrado deshacer los planes malvados de la Muerte.

Si Obara Meyi aparece en la consulta de una persona a quien la muerte ya llama a la puerta, se le debe aconsejar el ebbó que Obara hizo antes de la prueba. Fue entonces cuando Obara decidió que ya era tiempo de marchar a la tierra.

Lo que enseña

Una amenaza que no se puede vencer de frente se supera con un ebbó hecho a tiempo y con la ayuda de Eshu. Obara no se dejó engañar por lo que le ofrecían ni por el aspecto del rey. Atendió a Eshu y a su ángel guardián tanto al salir como al regresar, y así salvó la vida.

Ebbó antes de la prueba

Dos chivos, destinados a Eshu y al ángel guardián de Obara Meyi, y una escalera colocada para cada uno.

Gratitud al volver a casa

Al regresar, dos chivos, uno por Eshu y otro por el ángel guardián, más una comida de gracias con los amigos. Eshu pidió que Obara lo llevara consigo a todas partes y compartiera su comida.

Cuando sale este odu

Si la muerte ronda a la persona consultada, se aconseja repetir lo que hizo Obara Meyi antes de la prueba: dos chivos, destinados a Eshu y a su ángel guardián, y una escalera para cada uno.

3Obara Meyi, la tela negra y la cabeza de Olofin

Antes de nacer, Obara Meyi pasó por una prueba grande: sus compañeros sacerdotes de Ifá lo criticaron por haberse embriagado en una fiesta del palacio real. Por eso a sus hijos no les está permitido tomar ninguna bebida con alcohol.

Borracho, empezó a hablar de lo que no convenía. Aseguró poder realizar la ceremonia de la cabeza de Olofin, algo que ningún sacerdote lograba, y apostó además que lavaría ropa negra hasta dejarla blanca. El rey se enteró de sus palabras y le dio una semana para cumplirlas; si no, lo mandaría ejecutar.

En su casa, Obara Meyi le contó todo a su madre. Ella se disgustó mucho por esas fanfarronadas sin fundamento sobre algo que jamás nadie había hecho. Él explicó que había hablado ebrio. Solo un hombre llamado Okete solía servir la cabeza de Olofin, y existía además Aro, el único capaz de cambiar lo negro en blanco. La madre salió a buscar a ambos.

Cuando se cumplieron los siete días, Olofin sacó una tela negra de diez yardas y se la dio a Obara Meyi con el encargo de lavarla en el río y dejarla blanca. Cuando él llegó, su madre ya estaba esperándolo allí. El rey había enviado mensajeros para presenciar la prueba. La madre cantaba llamando a Aro. El pez Aro oyó la canción y se acercó a donde Obara frotaba la tela negra; se la arrebató, la tragó y la devolvió blanca como la nieve.

Obara sacó la tela ya blanca y se la enseñó a los dos testigos del rey. Estos regresaron corriendo al palacio, y todos, el rey incluido, quedaron maravillados.

Seguía la ceremonia de servir la cabeza de Olofin. Quien lo hacía cada año era un hombre de nombre Ewu Okete. Siempre acostumbraba consultar y hacer su propio sacrificio antes de la ceremonia. Ese año la consulta señaló que debía dar a Eshu un chivo, pero no hizo caso.

Llegado el momento de servir la cabeza de Olofin, la ceremonia no dio resultado. La parte central de la fiesta consistía en que la tela se volviera blanca, pero, como Okete se había negado a sacrificar para Eshu, la tela negra no cambió de color. Todos entendieron que la fiesta estaba perdida y que el sacrificio de la cabeza no había surtido efecto.

Lo normal era que tras esa fiesta vinieran paz, prosperidad y avance para el rey y sus tierras. Pero después de la ceremonia fallida el rey y el país empezaron a sufrir. Los hijos del rey morían al jugar Ayo con sus invitados, no caía lluvia, faltaba comida y las cosechas ardieron. Nacieron niños muertos y hubo mujeres que perdieron sus embarazos. En esa situación estaba Ifé cuando se acercó la fecha de otra fiesta. Mientras buscaban a otra persona para servir la cabeza de Olofin, Obara Meyi alardeó de que él podía.

La madre consultó primero, y la respuesta fue dar un chivo a Eshu; ella cumplió. Luego invitó a Okete a enseñarle a su hijo el encantamiento correcto para rogar la cabeza de Olofin.

Llegada la hora, Obara tomó la tela blanca del río y la usó para la ceremonia de la cabeza del rey. Con el apoyo invisible de Eshu, al tocarla la tela se volvió otra vez negra, señal de que la desgracia había terminado. Al año siguiente el rey y el país prosperaron, y Obara recibió una buena recompensa.

Lo que enseña

Obara habló de más estando ebrio y lo salvó su madre, que buscó a quienes sabían hacer lo que él había prometido. El sacrificio que Okete se negó a hacer dejó un año de ruina, y el chivo que la madre dio a Eshu devolvió la paz. Los ebbós omitidos pesan sobre muchos, y los cumplidos los alivian.

Chivo para Eshu

A Okete le tocaba la ceremonia de Olofin, pero no entregó el chivo que le marcaron, y la ceremonia falló. La madre de Obara Meyi, en cambio, se consultó y entregó un chivo a Eshu; gracias a eso su hijo pudo rogar la cabeza del rey.

Prohibición para los hijos de Obara Meyi

No deben tomar ninguna bebida alcohólica. Viene de aquella fiesta del palacio en la que Obara Meyi se emborrachó antes de nacer.

El encantamiento para rogar la cabeza de Olofin

WONI KI OBA BORI Olofen KORI OLOFEN FIN KI OBARA BO AYA OLOFEN KAYA OLOFEN GBA KO FOWO KAN ALA KODI DUDU OBARA BORI OLOFEN ORI OLOFEN FIN OBARA BOAYA Olofen AYA OLOFEN GBA OBARA FOWOKAN ALA ALA DIDUN DUN.

4La ingratitud con la madre — Obara acusó de coqueta a la madre que lo había salvado de todo. Lo que ella proclamó entonces todavía pesa.
5La lengua: la mejor y la peor comida del mundo — Olófin pidió la mejor comida del mundo, y después la peor. Orunmila cocinó dos veces lo mismo. ¿Por qué?
6Las calabazas de Olofin — Los babalawos despreciaron el regalo de Olófin y se lo dejaron al «mentiroso» del pueblo. Nadie miró dentro a tiempo.
7El trono junto al rey (la nuez de kola y el melón) — Obara faltó al concurso del rey por terminar su ebbó; le regalaron lo que otros despreciaron. Ocho días después, todo cambió.
8Las señales de humo (Obara se hace rey) — En la miseria, Obara quemó su única ropa en el monte como ebbó. Alguien vio ese humo desde muy lejos.
9Shangó y la capa de Obatalá — Obbatalá vistió a Shangó en su miseria. Lo que pasó cuando tocó devolver el favor dejó sentencia para sus hijos.
10El hombre que se durmió — Volvía con la miel de su ebbó y se recostó a un árbol. Aquí se aprende lo que cuesta dormirse.
11Surgió la rogación de rodillas ante la deidad — ¿Por qué se ruega de rodillas antes de ofrecer sacrificio? La disposición viene de Obara Meyi, y este patakí la explica.
12Obara Meyi adivina para dos palmas y la rana antes de bajar al mundo — El cocotero, la palma real y la rana recibieron el mismo consejo. Sus destinos, tan distintos, se explican en este patakí.
13El encuentro de Obara Meyi con los enemigos — Los viejos sacerdotes planearon su caída y el cielo mandó un mensajero a buscarlo. Obara Meyi respondió con un encantamiento.
14Cómo Obara Meyi sentó las bases de su prosperidad — Lo había logrado todo, y aun así un visitante le aconsejó sacrificar para que durara. El patakí cuenta ese final.
15El último milagro de Obara Meyi (los tres malvados del cielo) — Tres duendes bajaron a arrasar la tierra y a llevárselo. Advertido en sueños, Obara Meyi preparó algo en el cruce de caminos.
16Oshosi encuentra su venado donde nadie lo buscó — El venado predilecto de Oshosi desapareció y los criados no dieron con él. Dónde apareció explica el título del patakí.
17Nació el Paoyé (la tormenta de arena de Oduduwa) — La Meca pagó por atacar a los yoruba, y Orunmila le recordó a Odduduwa un cetro olvidado. ¿Qué poder tenía?
18El pacto de Shangó, Osain y Eshu (el colmillo de elefante) — El ebbó pedía colmillo de elefante, y Shangó prometió traerlo. El pacto que hizo, y no cumplió, cambió su suerte.
19Shangó recibe Osha e Ifá con la ayuda de Elegba — Los mayores le hicieron trampa a Shangó para no consagrarlo. Pero él llegó a la puerta del cuarto sin anunciarse.
20Aguaniré, el Awó y el hijo que Osain creyó suyo — Aguaniré guardó por mandato de un Eggun lo que su marido botó. Ese guardado terminó decidiendo un secreto de Ifá.
21Donde Shangó era panadero (las calabazas de oro) — Todos llamaron basura a las calabazas de Olofin, hasta Shangó. Fue su mujer la que hizo lo que nadie: abrirlas.
22Cuando el gobernador enamoró a la mujer de Obara Meyi — El gobernador ofreció tres fortunas por la mujer de Obara Meyi, y una de las tres escondía un verdugo. Ella habló.
23Se adivinó para el árbol Awun — El árbol Awun iba a lavar la cabeza de Ondero, y los adivinos le marcaron un camino de prosperidad. ¿Cuál?
24Se adivinó para Ondero — A Ondero le anunciaron quién vendría a lavarle la cabeza y qué sacrificar para merecer buena mano. Aquí nace una costumbre.
25El sacrificio que Obara Meyi rehusó (la carne de carnera) — Camino de Ifé, Obara Meyi rehusó un sacrificio. Lo que le sirvieron al llegar era exactamente lo que debía evitar.
26Se adivinó para que la hija de Olofin tuviera hijos — La hija de Olofin deseaba descendencia, y la medicina de Ifá era una sopa. Este patakí guarda la receta completa.
27Las dieciséis codornices de Olofin — Un rey perdido llegó de noche a casa de Orunmila, que le adivinó tres pensamientos. El huésped no era un rey cualquiera.
28Los enemigos de Shangó (los ojos del gato en la loma) — Shangó debía volver a una tierra sembrada de enemigos apostados por todas partes. Su entrada, de noche, se cuenta todavía.
29La perdición por su lengua — El lagarto pidió una lengua tres veces más larga que su cuerpo, pese al aviso de Orunmila. ¿Adónde lo llevó?
30El ashé de la calabaza — No quedaba nada que comer, salvo una calabaza para salcochar. Al partirla, la casa entera cambió. ¿Qué había dentro?
31La Muerte y la Enfermedad (el ebbó de Obatalá) — La Muerte y la Enfermedad bajaron a buscar un cargador para el otro mundo. El ebbó de Obbatalá respondió por todos.
32El llamado de la sangre — Shangó, rey, olvidó hasta a su madre. Ella hizo ebbó, caminó tierras y durmió a la puerta del palacio. ¿La reconoció?
33La venganza de los falsos amigos — Wesin y Wetun parecían hermanos y no hicieron el sacrificio marcado para no enemistarse. Los pichones de loro abrieron la herida.
34Las brujas del sitio — Un pastor solitario fue prevenido contra las brujas y no sacrificó. Una fiesta en medio del monte lo estaba esperando.

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Preguntas frecuentes

sobre Obara Meyi

LIBRE

¿Qué significa el Odù Obara Meyi en Ifá?

Dos reyes, dos coronas: la lengua que salva y la lengua que pierde, y la calabaza humilde que esconde la riqueza.

¿Qué número es Obara Meyi entre los 256 Odù de Ifá?

Obara Meyi es el Odù número 7 de los 256 de Ifá, uno de los 16 Meyi y cabeza de la familia de Obara.

¿Qué orishas hablan en Obara Meyi?

En el Odù Obara Meyi hablan Shangó, Obbatalá, Olófin, Oshún, Orunmila, Eshú, Eggún, Ikú (la Muerte), Los Ibeyis y Oggún y Eziza.

¿Cuál es un refrán del Odù Obara Meyi?

Uno de los refranes de Obara Meyi dice: «Rey muerto, príncipe coronado».

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La familia de Obara

los 16 caminos

Este es 1 de 256

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