Obara Meyi es el Odù número 7 de Ifá, uno de los 16 Meyi y cabeza de la familia de Obara. En los tratados aparece también como Ọ̀bàrà Méjì. Esta ficha reúne su rezo en yoruba, 34 patakíes (3 en texto íntegro), sus refranes, 15 ebbós y obras y las señales con las que se manifiesta en la consulta — con el eewó completo a la vista; los ires y osogbos al detalle, el resto de consejos y las recetas completas se abren con La Libreta.
La lectura del signo
lo que Ifá quiere decir, en palabras llanas
LIBREObara Meyi es el signo de la lengua y de la calabaza: la palabra que corona o que entierra, y la riqueza escondida en lo que otros desprecian. Su sentencia de cabecera la dictó Olófin: no hay pobreza que no llegue a su fin — pero el final lo trae la paciencia, no la fanfarronería.
La lección central la cocinó Orunmila: cuando Olófin pidió la mejor comida del mundo, sirvió lengua; cuando pidió la peor, sirvió lengua otra vez. Con una lengua buena se salva un pueblo; con una mala se pierde el mundo. A Obara le dicen mentiroso — por eso su primera prohibición es no mentir, no prometer en tragos y no fanfarronear. Su palabra es su trono y su horca.
«Con una lengua buena se salva un pueblo; con una mala se pierde el mundo.»El pulso de Obara Meyi
Su riqueza llega disfrazada: Olófin regaló calabazas a los babalawos y todos las despreciaron, dejándoselas al pobre Obara — estaban llenas de oro. Los Awó que le regalaron la kolá y el melón que no quisieron le regalaron, sin saberlo, los tesoros de adentro. Lo que otros desechan, recójalo: en este signo la suerte grande llega en envase humilde, y a usted lo van a mandar a buscar.
Dos devociones sostienen esta letra: la madre y el que toca a su puerta. Fue su madre quien lo libró de las frías manos de la muerte y le ganó las apuestas imposibles — por eso aquí maltratarla o acusarla es perderlo todo. Y al que llegue a su casa con hambre, désela: el ángel de la guarda de ese que come lo favorecerá a usted.
Los avisos: no se duerma en el camino de las cosas — al hombre del ebbó se le derramó la miel por recostarse a dormir, y las hormigas se lo comieron. Cuide la garganta, deje el alcohol y no comparta el legado de un difunto. Con la lengua quieta y el ebbó hecho, la sentencia de Olófin se cumple entera: sobresaldrá por encima de sus colegas y compartirá tronos — el hombre paciente se hace rey del mundo.
El signo en una fraseCuide la lengua, honre a su madre y recoja lo que otros desprecian — que la pobreza de Obara siempre termina, y termina en trono.
El diagnóstico
habla · prohíbe · recomienda
LIBRE LA LIBRETAEewó · prohibiciones LIBRE
El eewó completo va libre: es información de cuidado, y quien salió con este signo la necesita hoy.
No decir mentiras.Es el Odù de la mentira: nadie le cree ni lo que es verdad, y «el hombre nace sincero y muere mentiroso».
No ingerir vino ni bebidas alcohólicas.La bebida pone en riesgo el secreto: borracho, Obara apostó su vida en el palacio del rey.
No comer coco, carnero, rana, melón, conejo, chivo, paloma ni harina de maíz.Son los tabúes de comida del signo; por comer carnera Obara enfermó gravemente.
No maltratar a la madre ni acusarla de coqueta.La madre de Obara murió avergonzada por esa acusación, después de haberlo salvado todo.
No matar buitres.Es ave de suma importancia en el sacrificio; cuando se posa en la puerta anuncia y hay que darle chivo a Eshú.
No saltar huecos: pise firme, con vara o bastón.Marca del signo para no caer en lo que otros cavaron.
No ser presuntuoso ni fanfarrón, ni creerse superior a nadie.El Awó de este signo mira sobre la estera, en el suelo: la humildad es su corona.
No salir a la calle el día que se le sacrifica a una deidad; vestirse de blanco.Así lo manda el signo: el día del sacrificio se guarda.
No dormirse en el camino de las cosas.Al hombre que se durmió con la miel, las hormigas se lo comieron: lo que se deja para después puede costar la vida.
No compartir el legado de un fallecido.Los compromisos contraídos se vuelven contra la persona.
El ashé de este signo: La casa de Obara es pobre, pero con una calabaza y una pluma de loro se hace rica. · Sentencia de Olófin: siempre sobresaldrá por encima de sus colegas y compartirá tronos y prosperidad. · Su madre es su gran salvación: fue ella quien lo libró de las frías manos de la muerte. · Al que llegue a su casa pidiendo comida, désela: el ángel de la guarda de esa persona lo favorecerá. · Le viene una suerte grande y lo van a mandar a buscar del campo. · Si comienza un negocio y hace ebbó, se hará rico.
Los patakíes
la historia primero — los caminos del Odù
LIBRE LA LIBRETA1El nacimiento de Obara Meyi
Obara Meyi nació de un padre que solo tenía la mano izquierda y de una madre ciega de un ojo; desde el útero les revelaba peligros en sueños. Creció convertido en un muchacho brillante y parlanchín que robaba la atención en las reuniones de los mayores. Cada diecisiete días se reunían los sacerdotes en el palacio del rey de Ifé y, tras el juego de Ayó, solía morir un hijo del rey. En una reunión, Obara bebió de más y se vanaglorió de que revelaría los nombres de los responsables — o sería ejecutado.
Los conspiradores tramaron matarlo con un hoyo de garfios bajo el asiento que le reservarían. Pero su madre, aconsejada por Ifá, llevó ñame machacado y sopa a la orilla del río y se puso a bañarse. Uno a uno pasaron tres caminantes — Okpolo la rana, Obuko el chivo y Agbo el carnero —, comieron de su comida y, sin saber quién era ella, le confesaron el complot completo: la trampa, el impostor que ocuparía el trono y la forma de salvarse.
Obara llegó a la reunión con su perro, tiró los panes bajo el asiento marcado y el perro cayó en el hoyo, descubriendo la trampa. Ordenó bajar del trono al impostor y sentar a su padre legítimo, y mandó sacrificar al chivo a Eshú, al carnero a los ancestros y a la rana a la tierra: eran los culpables de las muertes. El pueblo lo cargó en hombros. Por eso se dice que fue su madre quien lo salvó de las frías manos de la muerte.
2Obara vence al rey de la Muerte
El rey de la Muerte, furioso porque un Awó había llevado la prosperidad a la tierra, se fingió gravemente enfermo — su esposa es Arun, la enfermedad — y retó a los sacerdotes del cielo a curarlo en siete días, encadenando a los que fallaban. Les servía «bebida de kolá» que en realidad eran huevos, y vino adulterado, para probar su clarividencia.
Obara Meyi sacrificó un chivo a Eshú y otro a su ángel de la guarda, y puso una escalera a ambos. Llegado ante la Muerte, adivinó cuántos había en la habitación, conjuró la kolá y el vino para que mostraran su verdadera identidad, y compartió toda su comida con un niño cubierto de llagas que apareció en la puerta — Eshú transfigurado. De noche, el niño subió por la escalera del sacrificio a la habitación de la Muerte, que dormía sin su vestido de enfermo, y juntos se llevaron la vasija con aquel vestido y la arrojaron al río.
Al amanecer del día señalado, la Muerte no encontró su ropa de enfermo y tuvo que salir radiante y saludable: el tratamiento de Obara «había funcionado». Gritó Obara, amplificado por Eshú, hasta estremecer los cimientos del cielo, y la Muerte pagó: entre una caja de bronce con desperdicios y un barril de nueces de kolá, el niño le aconsejó elegir la kolá — que estaba llena de la mitad de todas las pertenencias de la Muerte. Por eso, cuando la muerte toca a la puerta, se hace el sacrificio que hizo Obara.
3Obara pone lo negro blanco
En una fiesta del palacio, Obara Meyi bebió y proclamó que podía rogar la cabeza de Olófin — cosa que ningún sacerdote lograba — y que podía lavar ropa negra hasta ponerla blanca. El rey le dio siete días o sería ejecutado. Su madre, disgustada, fue a buscar a los dos únicos que sabían hacerlo: Okete, el que servía la cabeza de Olófin, y Aro, el que convertía lo negro en blanco.
Al séptimo día el rey le entregó diez yardas de tela negra. En el río, mientras los testigos miraban, la madre cantó invocando a Aro: el pez se acercó, tragó la tela y la vomitó blanca como la nieve. Todos en el palacio se asombraron del milagro.
Faltaba la rogación de la cabeza de Olófin. El año anterior, Okete no había hecho su sacrificio a Eshú y la ceremonia había fracasado: la tela no blanqueó, no llovió, murieron cosechas y niños. La madre de Obara dio un chivo a Eshú e hizo que Okete le enseñara a su hijo el encantamiento. Cuando llegó el momento, Obara rogó la cabeza del rey con la tela blanca del río y, con la ayuda invisible de Eshú, al tocarla se volvió negra de nuevo: señal de que el infortunio había terminado. El año siguiente fue próspero para el rey y el país, y Obara fue muy bien recompensado.
4La ingratitud con la madre — Obara acusó de coqueta a la madre que lo había salvado de todo. Lo que ella proclamó entonces todavía pesa. 6Las calabazas de Olófin — Los babalawos despreciaron el regalo de Olófin y se lo dejaron al «mentiroso» del pueblo. Nadie miró dentro a tiempo. 9Shangó y la capa de Obbatalá — Obbatalá vistió a Shangó en su miseria. Lo que pasó cuando tocó devolver el favor dejó sentencia para sus hijos. 10El hombre que se durmió — Volvía con la miel de su ebbó y se recostó a un árbol. Aquí se aprende lo que cuesta dormirse. 24Se adivinó para Ondero — A Ondero le anunciaron quién vendría a lavarle la cabeza y qué sacrificar para merecer buena mano. Aquí nace una costumbre. 29La perdición por su lengua — El lagarto pidió una lengua tres veces más larga que su cuerpo, pese al aviso de Orunmila. ¿Adónde lo llevó? 30El ashé de la calabaza — No quedaba nada que comer, salvo una calabaza para salcochar. Al partirla, la casa entera cambió. ¿Qué había dentro? 32El llamado de la sangre — Shangó, rey, olvidó hasta a su madre. Ella hizo ebbó, caminó tierras y durmió a la puerta del palacio. ¿La reconoció? 33La venganza de los falsos amigos — Wesin y Wetun parecían hermanos y no hicieron el sacrificio marcado para no enemistarse. Los pichones de loro abrieron la herida. 34Las brujas del sitio — Un pastor solitario fue prevenido contra las brujas y no sacrificó. Una fiesta en medio del monte lo estaba esperando. La palabra no se pierde — se abre
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