Patakíes · Los caminos del Odù
1Las hormigas soldado, la lombriz y la mosca
Se les advirtió de la guerra inminente: la hormiga soldado sacrificó chivo y cuchillo — Eshu armó sus bocas con cuchillos, y atacaban a quien las detuviera. La lombriz no sacrificó, y corrió a esconderse entre las hormigas: la cortaron en pedazos. La mosca sacrificó tarde: acusada de guardar el botín robado del rey, ya condenada, Eshu — como una muchacha — hizo su sacrificio, y el juez conmutó la pena: nunca más viviría en la manigua, sino donde haya dos o más personas. Por eso las moscas viven en los pueblos.
Él hizo adivinación para la hormiga soldado (Ijalo), la lombriz (Ekolo) y la mosca (Eshinshin), advirtiéndoles que la guerra era inminente: Ijalo debía servir a Eshu con un chivo y un cuchillo, y Ekolo y Eshinshin con un chivo. Ijalo hizo el sacrificio; Ekolo no. Eshinshin, después de sacrificar, corrió a la manigua a construir y esconder una casa sin puertas ni ventanas — mientras la guerra comenzaba. Eshu dirigió a las tropas invasoras hacia las hormigas soldado, pero había usado el cuchillo del sacrificio para equipar sus bocas como armas: las hormigas corrieron a cubrirse atravesando a las fuerzas invasoras, y con los cuchillos en sus bocas atacaban a todo el que intentara detenerlas. La lombriz, corriendo a esconderse entre las líneas de las hormigas, fue cortada en pedazos por sus cuchillos.
Mientras la guerra se aplacaba, algunas personas saquearon el palacio del rey y escondieron lo robado en la casa de Eshinshin: fue acusada de robar las propiedades del rey, y en el juicio, sin defensa, fue hallada culpable y condenada a morir. En esos momentos, Eshu se convirtió en una muchacha y le preguntó si no le habían hecho adivinación; la mosca confirmó que consultó a Orunmila pero no sacrificó, y le pidió que hiciera el sacrificio por ella — lo que cumplió de inmediato. El día de la ejecución, Eshu influyó en la mano derecha del rey y en el jefe del tribunal para pedir clemencia: la mosca no era tan culpable como para ser ejecutada. El juez propuso que fuera advertida de no vivir nunca más en la manigua, y que desde ese momento viviría en los alrededores de donde hubiera dos o más personas asentadas. Esa es la razón por la que las moscas viven en los pueblos hasta nuestros días. En Igbodu: un problema se aproxima — chivo a Eshu con un cuchillo, para sobrevivir en cualquier lucha.
2La cabeza y los colmillos del elefante
Se adivinó para la cabeza y los colmillos del elefante: debían sacrificar para no ser abandonados en el bosque después de que el resto del cuerpo fuera llevado a casa. Solo los colmillos sacrificaron. Por eso, después de matar un elefante en el bosque, solo se toman los colmillos — y el resto de la cabeza se abandona.
Ebara Turukpon adivinó para la cabeza del elefante y para sus colmillos. Les avisaron que debían hacer sacrificio para evitar ser abandonados en el bosque después de que el resto del cuerpo del elefante fuera llevado a la casa.
Solo los colmillos hicieron sacrificio. Es por eso que, después de matar a un elefante en el bosque, solo se toman los colmillos de la cabeza: el resto de la cabeza es abandonada. Cuando este Ifá aparece: sacrifique con un pedazo de tela blanca y un chivo, para no perderse en el bosque o en un lugar lejos de su casa, y morir allí.
3El duende y la escobilla
El niño ave de paso sacrificó en el cielo — chivo y escobilla — pero su padre no sacrificó para retenerlo: el hijo no murió niño, pero ya adulto, siendo el sostén de sus padres, murió de repente. Desde el cielo, viendo sufrir a sus padres, volvía de noche con su equipo de duendes a trabajar la granja, montados en escobillas. El padre lo emboscó y le escondió la escobilla: sin ella no podía volver, y regresó a casa. Años después, el padre borracho descuidó la llave — el hijo halló la escobilla y volvió al cielo. Desde entonces, los del cielo no pueden ayudar físicamente a nadie en la tierra.
Obara Turukpon adivinó para el duende (Imere) cuando venía para la tierra: hizo sacrificio con un chivo y una escobilla, pero el padre que lo traería al mundo no sacrificó para evitar la pérdida de un hijo pequeño. El niño nació y, por el sacrificio hecho en el cielo, no murió en su infancia; pero cuando creció y era adulto, murió de repente. Antes de su muerte se había convertido en el soporte económico de sus padres, que quedaron muy pobres. Su padre era granjero; y cuando el muchacho, desde el cielo, vio sufrir a sus padres, fue donde sus amigos para que lo ayudaran a trabajar la granja: cuando el padre limpiaba un pedacito y se iba a casa, por la noche el hijo llegaba con un equipo de duendes y limpiaba toda la maleza; y así con los árboles, los tocones y el arado. El padre fue por adivinación para saber quién era la mano invisible: se le dijo que se escondiera en la manigua hacia la medianoche, con un plato de calabaza en la mano.
Poco antes de la medianoche vio a su hijo muerto dirigiendo el equipo, cada uno montado en una escobilla; mientras cavaban los surcos de los ñames, el padre recogió la escobilla de su hijo. Al terminar cerca de la mañana, cada duende recogió su escobilla — y la del hijo no aparecía: buscó en vano, sus amigos lo dejaron y volvieron al cielo, y al verse solo comenzó a cantar «oni mu urumi mumi, ebara tiele, oloye». Sin la escobilla no podía retornar al cielo. Al amanecer su padre salió y lo abrazó; se reprocharon mutuamente — «¿no veías cómo sufría desde tu partida?» «por eso venía a tenderte una mano» — y convencido por la pasión de su padre, no tuvo otra opción que volver a casa con él, aunque perdiera el poder de retornar al cielo. Siguió buscando su escobilla calladamente, mientras el padre guardaba bajo llave la habitación donde la escondía. Con el tiempo el padre se relajó, pensando que su hijo había decidido quedarse: un día bebió en exceso, se emborrachó, colgó en la sala el pantalón con la llave y cayó dormido. El hijo registró los bolsillos, encontró la llave, abrió la habitación, halló la escobilla — y casi inmediatamente salió para el cielo, donde se reunió con sus colegas. Después de esta experiencia, nunca más fue posible a los habitantes del cielo ayudar físicamente a otra persona en la tierra. Cuando este Odù aparece: sacrifique con tela blanca, chiva y calabaza, para que el hijo que es ave de paso no lo deje y retorne al cielo.
4Obá Koso: el rey no se colgó🔒 Babalawo
5Olobara y el tronco de Eshu🔒 Babalawo
6La calabaza y sus tres hermanos🔒 Babalawo
7Los problemas del matrimonio🔒 Babalawo
8La jicotea y el chivo inocente🔒 Babalawo
9La traición del perro🔒 Babalawo
10Cuando Oninibó venció la guerra🔒 Babalawo
11Obanire y la imitación de los hermanos🔒 Babalawo
12Cuando la jicotea perdió a la hija🔒 Babalawo
9 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →