Obara Lila estaba por dejar el cielo rumbo a la tierra cuando dos awoses le hicieron adivinación. Los nombres de ambos decían que un regalo dado con buena voluntad no anuncia peligro a quien lo recibe, y que él prosperaría con la fortuna de otros. Se le encargaron tres animales: una chiva (de Ifá), un chivo (de Eshu) y una gallina (de su madre), con todo lo necesario para cocinarla. Cumplió con cada sacrificio, logró claridad con la ayuda de su Ángel y bajó al mundo.
En ella fue mercader y también agricultor. Le fue bien muy pronto, y eso le trajo envidias y problemas con la gente cercana. Sus negocios empezaron a ir mal, así que consultó. La respuesta fue repetir lo anterior, esta vez con una gallina para la cabeza de su madre, además de la chiva de Ifá y el chivo de Eshu. Su sacerdote de Ifá realizó los sacrificios y le aseguró que la riqueza lo esperaba en sus negocios.
Cierto día unos bandidos dejaron escondido su botín junto a su finca. Al pasar por allí, Obara Lila lo vio: había tesoros de distinto tipo, bultos de tela, camas, colmillos de elefante, dinero y plumas de águila y de loro. Ni siquiera lo tocó. Ya en casa consultó con Ifá, que le informó de que esos bandidos habían sido capturados y ejecutados.
A la mañana siguiente trasladó todo a su casa y se hizo muy rico. Para agradecer, entregó a los sacerdotes de Ifá una bolsa con dinero, una chiva y varias piezas de tela. Ellos le anunciaron que todavía llegaría a sus manos otro botín.
Solía vender en el mercado de Oja Ajigbomekon Akira. Una mañana encontró en su puesto colmillos de elefante y otras piezas de gran valor. Supo luego que ese día habían atrapado a un ladrón. El mercado se fue vaciando y nadie reclamó nada. Obara Lila volvió a preguntar a Ifá si podía llevarse esos objetos. Con ellos su riqueza creció más y su prosperidad llegó a ser inmensa. Otra vez agradeció a los awoses que habían adivinado y sacrificado por él: cada awó recibió de él un colmillo de elefante, una tela blanca y una bolsa de dinero.
Así se realizó su destino, que era enriquecerse de manera indirecta con la fortuna de otros.
Obara Lila prosperó porque cumplió sus sacrificios antes de nacer y volvió a hacerlos cuando llegaron los problemas. Frente a un tesoro abandonado no tomó nada hasta consultar a Ifá, y por eso lo que recibió fue una riqueza legal. Su suerte estaba en lo que otros dejaban, pero solo la alcanzó con paciencia y obediencia.
Ifá recibiría una chiva, Eshu un chivo y su madre una gallina, con los condimentos necesarios para cocinarla. Antes de bajar, además, logró ver claro el camino con la ayuda de su Ángel.
Se pidió lo mismo, y la gallina fue esta vez para la cabeza de su madre. Lo hizo su sacerdote de Ifá, y le aseguraron que la fortuna lo esperaba.
Tras el primer botín, a los sacerdotes: una chiva, una bolsa con dinero y piezas de tela. Tras el segundo, a cada awó: un colmillo de elefante, una tela blanca y una bolsa de dinero.
Su fortuna está en sembrar, sobre todo ñame y maíz, y en comerciar. Se enriquecerá de modo legal con la fortuna ajena, y debe poner sobre su altar de Ifá un colmillo de elefante.
Un hombre debe hacerse Ifá; una mujer, unirse en matrimonio con un babalawo.
EBUN OFE KII JE RA LOWO EYAN ORE OLORE NI MO MA FILA AWON LONDIFA FUN ORUNMILA NI JO TI O KOLE ORUN SI BO WA KOLE AYE. (Una donación libre no pronostica peligro en las manos del recipiente. Yo prosperaré a través de la fortuna de otros.)