Patakíes · Los caminos del Odù
1Los habitantes del cielo y de la tierra
Los del cielo y los de la tierra se hicieron amigos, y en tiempos de hambre se cuidaban los hijos al ir al mercado. Los terrestres mataron y se comieron a los hijos de sus amigos celestes «porque tenían hambre»; los celestes no reaccionaron — y a su turno tomaron la tardía venganza igual. La disputa fue tan feroz que intervino el Dios Supremo: viendo un ojo por ojo, dictaminó que la asociación entre cielo y tierra quedaría para siempre en discordia. No confíe el cuidado de sus hijos a nadie.
El hijo del Ewi de Ado y el hijo del Obá de Erin — que comían en hojas de palma y vestían ropas claras — fueron los Awoses que adivinaron para los dos habitantes del cielo y de la tierra cuando se convirtieron en amigos. Mientras los ciudadanos del cielo iban al mercado durante el período de hambre, dejaban a sus hijos al cuidado de sus amigos terrestres. Antes de que regresaran, los terrestres mataron a los niños dejados a su cuidado y se los comieron; al volver y preguntar, les explicaron que tuvieron que comérselos porque tenían mucha hambre. Los del cielo no reaccionaron de forma violenta.
Los terrestres olvidaron por completo lo que habían hecho, y llegó su turno de ir al mercado: también dejaron a sus hijos al cuidado de sus amigos del cielo. Estos, en tardía venganza, mataron y se comieron a los hijos de sus amigos terrestres antes de que llegaran del mercado, y les dijeron que el hambre se había vuelto insoportable. Se formó un pandemónium, con una lucha tan feroz que fue necesaria la intervención del Dios Supremo. Cuando pidió explicaciones, se dio cuenta de que era un caso de ojo por ojo y diente por diente; pero dictaminó que la asociación entre los habitantes del cielo y de la tierra quedaría siempre en discordia, y que nunca más habría interacción entre ellos. Cuando este Odù aparece en registro ordinario: no confíe el cuidado de sus hijos a ninguna persona, aunque sea amiga, para evitar su pérdida.
2Cuando las divinidades aislaron a Shangó
La espada real, la trompeta real y el tambor real se rebelaron contra el Obá; y las otras 199 divinidades decidieron aislar a Shangó y no contar con él en sus reuniones. Orunmila le mandó sacrificar carnero, rata, pescado, ekó y akará. Eshu preguntó entre las divinidades cuál era la ofensa: nadie supo decir más que «es muy hablador y dice lo que piensa». Eshu les recordó que Shangó era demasiado indispensable para marginarlo: fueron a su casa a hacer las paces.
La espada real, la trompeta real y el tambor real, los tres se rebelaron contra el Obá y decidieron retirarle sus servicios. Esos eran los nombres de los Awoses que hicieron adivinación para Shangó cuando las otras 199 divinidades decidieron aislarlo y no tenerlo en cuenta en sus reuniones. Shangó fue a ver a Orunmila, y se le dijo que hiciera sacrificio con un carnero, una rata, un pescado, ekó y akará. Hizo el sacrificio.
Después, Eshu, de pie entre las otras divinidades, les preguntó cuál era la ofensa cometida por Shangó que justificara un castigo tan fuerte. Ninguna fue capaz de dar una explicación clara, excepto que era muy hablador, que no tenía tacto al hablar, y que lo que pensaba lo decía. Eshu les recordó que Shangó era demasiado indispensable para ser marginado. Estuvieron de acuerdo en suavizar las cosas e invitaron dos veces a Shangó, pero él declinó; finalmente fueron a su casa a hacer las paces, y la disputa fue resuelta. En registro ordinario: haga sacrificio para que todas las amistades y relaciones que ha perdido vuelvan a usted.
3El hijo de Oloje y el Ori Ikin
Sokoti, el mayor adivinador del cielo, convocó a los talladores de la tierra: el de Ogún ganó el irofá, y la envidia lo obligó a emigrar. Muerto Oloje — el único que sabía tallar el Ori Ikin de cuatro ojos —, Sokoti ofreció su trono a quien lo tallara: compitieron su hijo, que nunca se interesó en el oficio, y su sirviente, que lo estudió. El hijo hizo ebbó y llevó ikin y marfil a la tumba del padre: en un sueño, el padre le enseñó los cuatro ojos. Ogún, el juez, lo declaró ganador — y así ascendió al trono de su padre.
Sokoti Aganbede era el mayor adivinador del cielo. Invitó a los talladores de madera de la tierra a tallarle un irofá: el tallador de Ogún resultó el mejor y ganó el concurso, pero su triunfo le trajo tantas enemistades que tuvo que abandonar su residencia y refugiarse en otra localidad. Poco después murió el Oloje, y Sokoti mandó de nuevo mensaje reclamando talladores para un Ori Ikin — el decimosexto ikin ornamental, con cuatro ojos tallados en marfil. Ogún ya no estaba, y nadie era capaz de tallarlo; por eso Sokoti proclamó que quien lo lograra recibiría el trono de Oloje. Se propusieron el hijo y el sirviente de Oloje, como descendientes: el Oloje era el único otro tallador que sabía hacerlo, y su hijo nunca se interesó en la profesión del padre en vida, mientras el sirviente fue el único que la estudió a conciencia.
El hijo decidió ir donde Orunmila, que le mandó hacer sacrificio y visitar la tumba de su padre a pedirle ayuda: fue con un ikin y marfil, e invocó su espíritu para que lo ayudara a tallar el Ori Ikin si realmente era su padre. El sirviente preparó su talla, pero olvidó ponerle los cuatro ojos. El hijo, tras volver de la tumba, soñó que su padre le enseñaba a tallar el Ori Ikin con los cuatro ojos — y quedó capacitado. Presentadas las tallas, el juez escogido fue Ogún, al que trajeron de vuelta con mensajeros: decidió que el hijo era el único que talló como Oloje, pues fue el único que insertó los cuatro ojos. Así fue declarado ganador y ascendió al trono de su padre. Cuando este Odù aparece en Igbodu: la persona competirá por un beneficio — un gallo a Ogún para ganarlo, y a Eshu chivo con las efigies de barro de un hombre y una mujer.
4El estadista y la mujer vanidosa🔒 Babalawo
5Las seis esposas del gigante🔒 Babalawo
6El rezo de la insubordinación🔒 Babalawo
7Cuando los clientes abandonaron a Orunmila🔒 Babalawo
8La maldición de la jicotea🔒 Babalawo
9Zapatero a tu zapato🔒 Babalawo
10El gallo, las gallinas y las gallinuelas🔒 Babalawo
11Con la ayuda de los hermanos ganó la guerra🔒 Babalawo
12Cuando Obatalá le dio el ashé al tigre🔒 Babalawo
13La violación de Aroni-Kuin🔒 Babalawo
14Obatalá y los monos🔒 Babalawo
15Olofin y el jardín de las plantas aromáticas🔒 Babalawo
12 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →