Yobolo nació y Yemayá se encargó de criarlo hasta que fue un hombre. Ella le transmitió todo su conocimiento de la religión y él creció rodeado de ese ambiente.
De adulto, Yobolo dejó de ocuparse de Yemayá. Ella le llamaba la atención una y otra vez, pero él vivía sin preocupaciones y no obedecía, hasta que terminó por separarse de ella.
Con el tiempo, una enfermedad de las piernas y del estómago lo atacó, y se fue quedando atrás en todos los aspectos. Como se había alejado de Yemayá, ya nadie lo ayudaba. Un día, en medio de aquella miseria, recordó a Orunmila y fue a verlo. Orunmila lo vio tan mal que lo consultó, y salió este odu. Le ordenó hacer el ebbó, llevar una paloma y un gallo y rogarle a Yemayá permiso para bañarse en el mar y así acabar con la enfermedad y el rezago.
Yobolo obedeció y se presentó ante Yemayá. Ella lo regañó con justicia por haber desobedecido tanto, y aun así le permitió bañarse en el mar. Le indicó que, como pago, debía ofrecer dos gallos a Shangó para que terminara de solucionar sus problemas.
De ahí viene la enseñanza de respetar a quien nos crió.
Descuidar a quien nos crió y formó puede traer enfermedad y atraso en todo. Admitir la falta y acudir a Orunmila con humildad reabre la ayuda. El perdón de quien crió llega junto con una obligación que hay que cumplir.
Hacer el ebbó, llevar una paloma y un gallo y pedirle a Yemayá permiso para bañarse en el mar y librarse de la enfermedad y del atraso.
Dos gallos para Shangó, que terminen de arreglar sus problemas.
ODI OTRUPON YOBOLO AYU OTO ASHIKATE KILE FELENI OWO KILE FELENI OTO.