Azojuano y Yalorde Oshún Okere gobernaban una región llamada Iyebu Teyun Lashe Lenu y vivían en ella con muchos hijos, siempre pendientes de lo que los padres necesitaran para que reinara la alegría. Antes de unirse a Oshún, Azojuano había mandado en otro lugar, y allí lo ayudaba Eshu Alawana. Este se alimentaba de cosas en descomposición, y por el hedor Oshún no lo quiso en la casa. Alawana se fue al cementerio y desde allí traía el alimento de Yewa y del lugar.
Alawana adoraba a Azojuano, su antiguo maestro, y pasaba a menudo por su casa a buscarlo, pero Oshún no toleraba su olor y le impedía entrar. Lleno de rencor, la espiaba, y en cuanto ella se distraía se colaba y manchaba todo. Cuando lo buscaban se metía en el basurero y se hacía pasar por basura; así llegaba hasta adentro sin ser visto y provocaba problemas, enfermedades y desgracias.
Un día Oshún le comentó a Azojuano que llevaban un tiempo con muchas dificultades y lo persuadió de consultar a Orunmila. Este hizo Osode y encontró el odu Odi Iroso. Explicó que Azojuano tenía un compañero de siempre al que últimamente había relegado por dedicarse a su esposa; ese compañero lo buscaba sin cesar por la casa y lo perjudicaba, porque no recibía la atención que necesitaba. Orunmila indicó un ebbó: ambos debían barrer la vivienda mientras entonaban un súyere.
Terminado el barrido, llevaron la basura a Orunmila, pero antes apartaron una parte y le agregaron aguardiente, miel de abejas, jutía, maíz tostado y pescado ahumado. Esa porción quedó en la puerta, junto con obi omi tutu, un gallo y una paloma que se ofrecieron. Con la basura restante prepararon akuayerú y lo colocaron en el basurero, donde Azojuano cantó llamando a Alawana.
Alawana se levantó de entre la basura, y así Azojuano y Oshún comprendieron quién ensuciaba su hogar y lo trastornaba todo. Al incorporarse, Alawana también entonó un canto. Azojuano le habló: reconoció que debían caminar juntos por voluntad de Olofin y que viviría en el hogar de ambos; sin embargo, su presencia resultaba repulsiva y ya estaba habituado al cementerio, así que ocuparía un hoyo tras la puerta. Le dieron su secreto y lo consagraron mientras le cantaban este canto. De ese modo Alawana quedó para siempre vigilando la entrada de Odi Iroso frente a las hechicerías y los envíos que los enemigos dirigían contra Azojuano y Oshún.
Aquello que se echa de casa sin atenderlo regresa de otra forma y trae desorden y enfermedad. Al reconocerlo y darle un sitio y una tarea, deja de ser un problema y pasa a cuidar la casa.
Barrer la casa cantando un súyere. Apartar un poco de la basura y mezclarle aguardiente, miel de abejas, jutía, maíz tostado y pescado ahumado; dejarla en la puerta con obi omi tutu, un gallo y una paloma. La basura se lleva a Orunmila y con ella se prepara akuayerú, que se pone en el basurero.
Alawana tiene su propio secreto, que se jura y se pone tras la puerta; su contenido está en el tratado completo.
Hace falta armar el secreto de Alawana Ashegun Otá: da éxito y capacidad de aniquilar a los enemigos que siempre acechan a Odi Iroso. Alawana es el primero en recibir la carga de Azojuano, y también es el portero del cementerio. Quien sale en este odu, sea hijo de cualquier santo, alcanza la felicidad conviviendo con una hija de Yalorde. La fuerza principal del odu está en cuidar a Oshún y a Azojuano.
Ala ilereo ala ilereo labera obede gbogbo arayé unlo kampani Kampani unlo arayé ashegun otá.
Awara ebora kada alawana dide dideo ara gogoto dibe dibeo Bebele Eshu alawana dide o umbo ile mi
Ago ti ina alawana ti ina ti na.
Alawana ashegun otá ile kun belele Eggun mowiani mowiani lofun Eshu belele ile ikun Obbá ni Eggun
adifafun oyigan lo Oggún ayanaku teni teni karonte awa bani iyu awaya ake igi ni odan enini foko karoni omo erin bere igba omo nigbeti akoke biru kekereke kuaramle Oshún okoro oroyude gangan tiagan Awó dona bi Eggun oferi olowo Oggún alawana ofiti eyigbona Eggun ya shugudu okua iyebu lashe lenu inle ile alawana, alawana inle shakuana lodafun azojuano adifafun alawana ashegun otá.