Patakíes · Los caminos del Odù
1Los Shishiriku y el consejo del padre
Un joven que iba a casarse desobedeció a su padre y comió en un cruce de caminos, donde un Shishiriku se le unió. De regreso con su esposa, los Shishiriku quisieron robársela; Osanyin los venció mandándolos a llenar una calabaza rota de agua, y le advirtió no despreciar la palabra del padre.
Un padre viejo quería que su hijo se casara antes de morir, y le aconsejó que, en el viaje a buscar esposa, cuando tuviera hambre no comiera donde se cruzaran los caminos, sino en lugar retirado. El joven, al llegar cansado a un lugar pedregoso ideal, no le convenció y comió justo en un cruce de dos caminos. Allí un Shishiriku, al verlo, le dijo que también él iba a casarse, y lo acompañó hasta que, en el pueblo de la novia, desapareció. El joven se casó y, de regreso, volvió a comer en el mismo cruce.
Entonces se le presentó el Shishiriku rodeado de muchos otros, que intentaban robarle la mujer. Pasó Osanyin, oyó la odisea y su desobediencia, y dijo: «Yo arreglaré esto». Mandó a uno de los Shishiriku a traerle agua del río en una calabaza, pero esta estaba rota y no se llenaba; uno por uno, ante la imposibilidad, huyeron muertos de miedo, hasta quedar solos Osanyin, la mujer y el hombre. Osanyin le dio unos polvos para soplar y le grabó en la memoria: «Si quieres vida larga, no desprecies la palabra de tu padre ni el consejo del viejo». Y así lo hizo toda su vida.
2Cuando Yemayá recogió a Oshun Guere
Oshún botó a su hija Oshun Guere por su conducta alegre. Llorando, la recogió Yemayá, la hizo bañarse y le encomendó cuidar su casa cinco años. Al volver, Oshun Guere era una señora de respeto, y Yemayá le dejó su casa y la hizo reina de las aguas dulces.
Oshún tenía una hija, Oshun Guere, de carácter muy alegre que se trataba con todo el mundo; por su conducta, un día Oshún la echó. Oshun Guere se marchó llorando su pérdida y su bochorno, cantando; Yemayá la oyó, le salió al camino y, al saber lo que pasaba, la llevó a su casita de piedra junto a la laguna. Le dijo: «De ti se habla de la cabeza a los pies; quédate conmigo y date cinco baños de estas hierbas». Después le pidió que le cuidara la casa mientras iba a la tierra de Ife Awado, y que dijera «Modupue» cuando alguien llamara «Iyá», porque venían a buscar agua.
Yemayá tardó cinco años en volver. Al regreso le hicieron un recibimiento apoteósico; Shangó tocó su Baatá y Yemayá bailó por primera vez su zapateo, mientras Oshun Guere permanecía de rodillas. Yemayá vio a una Oshun Guere distinta: de pelo largo y suelto, más hermosa, convertida en señora de respeto que había ganado la estimación del pueblo. Le dijo: «Hija, toma posesión de mi casa para toda la vida; yo viviré en el pueblo. Mientras el mundo sea mundo, tú serás la reina de todas las aguas dulces». Luego le llevó dos gallinas carmelitas a Oshún para que perdonara a su hija, recordándole que los hijos no salen iguales a los padres.
3La mujer difunta y el tesoro
Un hombre amaba a su mujer, que solo estaba con él por interés. Al morir ella, él quiso morir también y llamó tanto a Ikú que esta le enseñó a invocarla con dos colas de caballo. La difunta le confesó que nunca lo quiso, le pidió rehacer su vida y le dejó un tesoro.
Un hombre vivía enamorado de su mujer, sin darse cuenta de que ella solo estaba a su lado por su desenvolvimiento económico. Cuando la mujer murió, la sepultó en su propia casa con una valiosa tumba, y, no pudiendo vivir sin ella, decidió morirse alimentándose solo de raíz de yuca, llamando a todas horas a Ikú para unirse a la difunta.
Tanto la llamó que la muerte se le presentó y le dijo: «Esa mujer por la que sufres nunca te quiso, déjala tranquila». Pero él insistió en verla, y la muerte le dijo: «Coge un rabo de caballo blanco y otro negro, y hierbas, y llámala a las doce de la noche». El hombre lo hizo, y la mujer se presentó: «Yo nunca te quise; déjame descansar y rehaz tu vida con una mujer que te quiera. Te pido perdón por engañarte tantos años, y en recompensa te dejaré una fortuna». Le señaló un lugar de la mansión y desapareció; al día siguiente, el hombre buscó allí y encontró un gran tesoro.
4El mono y el tigre🔒 Babalawo
5El gavilán en la trampa🔒 Babalawo
6El ladrón y el mayombero de los ojos de buey🔒 Babalawo
7El herrero y el fuelle🔒 Babalawo
8La bendición del Eggun del padre🔒 Babalawo
9La maldición de Oya a la madre🔒 Babalawo
10Cuando buscaban a Odi Sa🔒 Babalawo
11La mujer invertida🔒 Babalawo
8 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →