Odi Sa es el Odù número 70 de 256 en el orden señorial de Ifá, de la familia de Odi: nace de Odi sobre Osa. En los tratados aparece también como Odi Osa, Òdí Ọ̀sá u Oddi Osa. Esta ficha reúne su rezo en yoruba, 17 patakíes (3 enteros a la vista, con su enseñanza, su ebbó y sus cantos), sus refranes, 12 ebbós y obras y las señales con las que se manifiesta en la consulta — con el eewó completo a la vista; los demás ires y osogbos, el resto de consejos y las recetas completas se abren con La Libreta.
La lectura del signo
lo que Ifá quiere decir, en palabras llanas
LIBREOdi Sa, que también se conoce como Odi Osa, es el signo donde Orunmila resucitó a los difuntos usando el irukere, donde el fuelle quedó atado para siempre a la fragua y donde la mujer empezó a casarse sin amar al hombre. Aquí nació también la costumbre de consagrarse con Orunmila cuando se saca la letra del año. Es un signo de engaños y de ataduras, y su decreto le advierte: mida sus favores y no se ponga en manos de quien no suelta, porque puede quedar esclavo de por vida.
Usted atiende mucho, pero dura poco en cada cosa, y sus asuntos quedan a medias. Alguien más poderoso le envidia su puesto y no descansará hasta verlo caer, y los amigos en quienes confía le darán la espalda cuando más apurado esté. Cuide dónde hace sus necesidades, y también las de sus hijos pequeños, porque con eso se hace brujería para enfermar. Tiene tres Egun que lo acompañan y un Egun protector; atiéndalos y deles de comer a sus mayores difuntos. Osain habla fuerte en este signo y lo defiende, y Yemayá le resuelve los grandes problemas y le trae una suerte por el mar.
«El fuelle quedó esclavo de la fragua por hacer un favor — Odi Sa ayuda, pero no se regala.»El pulso de Odi Sa
Este es también el signo del ahorcado, y eso se dice claro. Cuando la pena lo apriete, cuando pierda a alguien o sienta que ya no puede más, no piense en quitarse la vida: háblelo con alguien de confianza, busque ayuda de un médico o de un profesional y no se quede solo, y vaya a Orunmila. La calma y la serenidad son su medicina; si las pierde, le cuesta recuperarlas.
En el amor, pelea mucho con su pareja y la unión puede romperse; si ella se va, no la haga volver, que tendrá otra pareja y más hijos. No amarre a nadie para que viva con usted contra su voluntad, y no se una a nadie solo por su dinero. Cuide su matrimonio de quien visita la casa siempre a la misma hora, a media tarde: puede ser un adodi o una alakuata que vive con usted, o una alakuata vecina que se enamora de la esposa, la toma a la fuerza y, con chantaje, separa a la pareja: hay peligro de abuso. No deje sola a su mujer con esa visita, y no salga de noche por cruces de caminos si Ifá se lo prohíbe.
En la salud, cuide el estómago, el hígado y la sangre, y atienda los trastornos de la mente que traen los espíritus; también puede sufrir de impotencia. No suba escaleras con prisa, que puede resbalar y romperse una pierna. En el trabajo, su suerte no está donde trabaja, y el dinero se le va por su propia culpa. No diga más de lo que sabe, porque ahí pierde, y tenga a Elegba para no pasar vergüenza.
El signo en una fraseNo se deje amarrar, controle a sus tres muertos y déjese levantar por Yemayá — que la suerte de Odi Sa viene por el mar, y viene grande.
El diagnóstico
habla · prohíbe · recomienda
LIBRE LA LIBRETAHabla LIBRE
Es un Odù de inquietud y de ganas de esquivar los compromisos: la persona pone mucho cuidado en todo, pero no se establece en ningún lado, y deja sus asuntos sin terminar.
Es un Ifá de mentiras, trampas y esclavitud; la persona ha sufrido hechicerías o la codicia excesiva de otros.
Es el Odù del ahorcado y señala impotencia; las mujeres pueden llevar al hombre a la sepultura.
Es un Ifá de espiritismo: la persona es espiritista y tiene tres Eggun que hay que controlar.
Se debe vigilar que alguien lo someta a esclavitud y que luego no logre liberarse de ella.
De impotencia y caída del miembro (el Odù del ahorcado), y de enfermedades de las vías digestivas, del hígado y de la sangre.
De situaciones mentales producto de espiritualidades no atendidas.
De que el marido lleva más de 15 días sin tocar a la mujer.
De un hombre adodi o una mujer alakuata que convive con la persona por causa de la sodomía y que va a visitar el hogar pasadas las dos de la tarde.
De la maldición de una madre, causada por una falta cometida o por mala conducta.
De que le trabajan el excremento para enfermarlo.
Eewó · prohibiciones LIBRE
El eewó completo va libre: es información de cuidado, y quien salió con este signo la necesita hoy.
No coma quimbombó, malanga ni frijoles colorados.
No haga favores.Puede quedar amarrado, como el fuelle a la fragua.
No defeque donde quiera.Le hacen trabajos de hechicería con excremento y así lo enferman.
No suba escaleras de prisa.Puede caerse de un resbalón y romperse una pierna; si es necesario, súbala despacio y del pasamano.
No mande a nadie a acostarse en su cama, ni diga más que sabe.Ahí está su pérdida.
Iré y osogbo LIBRE
Tres iré —lo bueno que el signo trae— y tres osogbo —lo adverso que avisa— de muestra.
Le llega una suerte por el mar, con la ayuda de Yemayá.
Dándole a Yemayá un carnero capado, se resuelven los grandes problemas.
Quien se deja levantar por Yemayá pasa de la vergüenza a ser una persona respetada, como Oshún Guere, que llegó a ser reina de las aguas dulces.
Le cuesta quedarse quieto en un lugar, y todos sus asuntos quedan a medias.
Las presiones de cada día le causan trastornos emocionales y desasosiego.
Es víctima de engaños y falsedades, y de la codicia excesiva de otras personas.
46 ires y osogbos más esperan tras el muro — todo lo bueno que este Odù trae y todo lo adverso que avisa.
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Haga el Atefe con Orunmila cuando salga la letra del año, y alimente todas las posiciones.
Haga el despojo de la casa con aguardiente, humo de tabaco, verdolaga y espanta muerto, y tome el baño de Efun si hay una enfermedad grave.
7 consejos y avisos más esperan tras el muro — lo que este Ifá manda hacer, cuidar y evitar.
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los caminos del Odù — la historia detrás de cada sentencia
LIBRE LA LIBRETA1Los Shishiriku y el consejo del padre
Un hombre vivía con su único hijo, ya adulto. Un día le dijo: «Hijo, soy anciano y la muerte puede venir cuando menos lo espere. Antes de que llegue, desearía verte casado, para que no te quedes solo y yo me vaya en paz». El joven contestó que, para complacerlo, debía emprender un viaje largo hasta hallar a la que sería su esposa. Entonces el padre le dio un consejo: «De acuerdo, pero si en el camino te da hambre, no comas en un sitio donde se encuentren dos caminos. Busca un rincón apartado, donde nadie pueda verte».
El joven partió feliz, pues iba a buscar esposa. Tras una larga jornada de marcha, llegó a un paraje de piedras que, por estar tan oculto, era justo lo que el padre había recomendado. Sin embargo, no lo convenció y prefirió detenerse en otro lugar cercano, cuya sombra lo invitaba a reposar. «Aquí comeré», pensó, sin advertir que estaba justo en el cruce de dos caminos.
Enseguida llegó un Shishiriku, que al verlo comer le preguntó adónde iba. El joven respondió que iba a casarse con una bella muchacha del pueblo cercano. «Yo también voy a casarme», replicó el Shishiriku, y siguieron el viaje juntos. Cuando entraron al pueblo de la novia, el Shishiriku se esfumó sin que nadie lo viera.
Al joven lo recibieron con grandes honores y, el día convenido, se celebró la boda. Al regresar con su esposa, cometió el descuido de detenerse a comer en el mismo sitio donde se había topado con el Shishiriku. Apenas empezaron, este reapareció, ahora con un enorme grupo de otros Shishiriku, todos decididos a llevarse a la mujer. El joven, aterrado y sin nadie a quien pedir socorro, no hallaba cómo defenderla.
Justo entonces pasó Osain. Al notar la situación, preguntó al joven qué ocurría. Este le relató su aventura y confesó que había desobedecido el consejo de su padre. Su antiguo compañero Shishiriku lo interrumpió: «¿Ya olvidaste que yo también quería casarme con ella?». Osain respondió que él se encargaría del asunto, pero antes pidió a los Shishiriku: «Que uno de ustedes me traiga agua del río en esta calabaza; tengo mucha sed».
Uno de ellos fue al río con la calabaza, pero ella estaba rota y, por mucho que lo intentó, no logró llenarla. Los enviaron uno tras otro, y cada uno, al comprobar que era imposible, escapó aterrorizado. Al final solo permanecieron Osain, la mujer y el hombre.
Osain se volvió hacia el joven: «No tengas miedo y vuelve a tu casa. Toma estos polvos: si te cruzas con otros Shishiriku, sopla un poco y no podrán dañarte. Pero grábate esto: quien desea vivir muchos años no menosprecia la palabra de su padre ni el consejo de los ancianos». El joven se esforzó por cumplirlo el resto de su larga vida.
2Cuando Yemayá recogió a Oshún Guere
Oshún era madre de Oshún Guere, una joven alegre que trataba con todos sin distinción. Debido a su comportamiento, Oshún un día la expulsó de casa. La joven se alejó llorando por lo perdido y por su vergüenza, y entonaba un canto que contaba su pena.
Yemayá escuchó ese canto y salió a su encuentro. Al ver sus lágrimas quiso saber qué ocurría, y Oshún Guere se lo contó todo. Yemayá la invitó a su casa y ella aceptó.
La casa de Yemayá era pequeña, de piedra, y quedaba a orillas de una laguna; la gente del pueblo llegaba hasta allí para recoger agua que ella había bendecido. Ya dentro, Yemayá le explicó que en el pueblo hablaban de ella de pies a cabeza, que eso le causaba pena y vergüenza, y que por eso debía quedarse a su lado y darse cinco baños con hierbas: siempre viva, granada, romerillo, abre camino, imo de Oshún, botón de oro y orozus, además de aguardiente y miel de abejas. Oshún Guere hizo lo que se le pedía.
Poco después, Yemayá le pidió que cuidara la casa durante unos días mientras ella viajaba a Ife Awado. Le indicó que si alguien llamaba «Iyá», contestara «Modupue», porque serían personas que iban a buscar agua a la laguna.
Yemayá se marchó y no volvió en unos días, sino al cabo de cinco años. Cuando regresó, una multitud la recibió con fiesta y la acompañó hasta su puerta, donde Shangó aguardaba con su batá. Él comenzó a tocar, y por primera vez Yemayá bailó su zapateo. Oshún Guere permanecía de rodillas. Al terminar el baile, las dos se abrazaron.
Yemayá encontró a una Oshún Guere muy distinta de la que había dejado: llevaba el cabello largo y suelto, lucía más bella y atractiva que nunca, y era una señora respetable que se había ganado el aprecio de la gente. Viendo ese cambio y la calma con que vivía, Yemayá le entregó su casa para siempre y anunció que ella misma pasaría a vivir en el pueblo. Declaró que, mientras existiera el mundo, Oshún Guere sería la soberana de todas las aguas dulces.
Después, Yemayá se presentó ante Oshún con dos gallinas carmelitas. Ante la pregunta por el regalo, explicó que era por la falta de su hija, para que Oshún la perdonara y la bendijera, y le recordó que los hijos no resultan iguales a los padres.
3La mujer difunta y el tesoro
Un hombre adoraba a su mujer, que era todo para él. No notaba, sin embargo, que ella no lo quería y que seguía con él únicamente por la comodidad económica que le ofrecía.
Cuando ella murió, la enterró de inmediato dentro de su casa, en una costosa tumba en forma de caballete. Lamentaba su suerte y, incapaz de vivir sin ella, resolvió dejarse morir comiendo apenas raíz de yuca. Todo el día la nombraba y suplicaba a Ikú que viniera por él para reunirlo con la difunta.
Tanto la llamó que Ikú se le presentó un día y le dijo que la mujer por quien lloraba jamás lo había querido y que la dejara en paz. El hombre insistió en verla y hablar con ella, sin dejar de llorar. Ikú le indicó entonces cómo invocarla a medianoche.
Así lo hizo, y la mujer apareció de inmediato. Le confesó que nunca lo había querido, le pidió que la dejara descansar y que formara una nueva vida con alguien que de verdad lo amara, y le rogó perdón por tantos años de engaño. Como compensación, dijo, le dejaría una fortuna. Después le señaló un rincón de la casa, le sugirió buscar con cuidado allí y se esfumó. A la mañana siguiente el hombre buscó donde ella indicó y halló un enorme tesoro.
La palabra no se pierde — se abre
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