Un padre viejo quería que su hijo se casara antes de morir, y le aconsejó que, en el viaje a buscar esposa, cuando tuviera hambre no comiera donde se cruzaran los caminos, sino en lugar retirado. El joven, al llegar cansado a un lugar pedregoso ideal, no le convenció y comió justo en un cruce de dos caminos. Allí un Shishiriku, al verlo, le dijo que también él iba a casarse, y lo acompañó hasta que, en el pueblo de la novia, desapareció. El joven se casó y, de regreso, volvió a comer en el mismo cruce.
Entonces se le presentó el Shishiriku rodeado de muchos otros, que intentaban robarle la mujer. Pasó Osanyin, oyó la odisea y su desobediencia, y dijo: «Yo arreglaré esto». Mandó a uno de los Shishiriku a traerle agua del río en una calabaza, pero esta estaba rota y no se llenaba; uno por uno, ante la imposibilidad, huyeron muertos de miedo, hasta quedar solos Osanyin, la mujer y el hombre. Osanyin le dio unos polvos para soplar y le grabó en la memoria: «Si quieres vida larga, no desprecies la palabra de tu padre ni el consejo del viejo». Y así lo hizo toda su vida.