Patakíes · Los caminos del Odù
1El cosechero de maíz
Había un cosechero que vendía el maíz cocinado; nadie más tenía maíz, y tenía mucho dinero. Se enfermó gravemente, y le mandaron hacer ebbó con 4 sacos de dinero, gallo y gallina. No quiso hacerlo, porque prefería poner ocho sacos de dinero antes que cuatro de maíz; y se puso muy grave. Su familia, a sus espaldas, hizo la rogación, y después el maíz se repartió a todo el mundo: todos tuvieron salud, y el cosechero carecía de ella.
Había un cosechero de maíz que vendía el maíz cocinado, y nadie tenía maíz nada más que él; además tenía mucho dinero. Se enfermó gravemente, habiéndole mandado a que hiciera ebbó con: 4 sacos de dinero, gallo y gallina.
Él no quiso hacerlo, porque prefería poner ocho sacos de dinero antes que cuatro de maíz; y se puso muy grave. Su familia, a espaldas de él, hicieron la rogación, y después el maíz se repartió a todo el mundo. Todo el mundo tenía salud, y el cosechero carecía de ella.
2La palabra de Orunmila nunca cae al suelo
Un cazador fue a registrarse con Orunmila y le salió este Ifá: para seguir cazando tenía que hacer ebbó. Como tenía otra creencia y solo lo animaba menospreciar a Orunmila, no hizo caso y se fue a cazar, logrando coger un hermoso puerco espín. De vuelta al pueblo empezó a decir que Orunmila se había equivocado y era un charlatán; sus amigos prepararon un gran banquete. El jefe enemigo de Orunmila lo convidó por burla; Orunmila mandó a decir que aunque había cazado al puerco espín, ninguno lograría comérselo, pues la mesa se quedaría puesta por la desobediencia del cazador. No hicieron caso: el que presidía la mesa partió primero, y al masticar se le trabó en el cielo de la boca un pedacito de la lanza con que lo cazaron, partida y quedada en la carne. Por la herida brotó sangre sin contenerse, y murió al instante; del susto ya nadie pudo comer, y la mesa quedó puesta. Al enterarse, los hijos de Orunmila organizaron otra fiesta y salieron cantando: la palabra de Orunmila nunca cae al suelo. Fue Eshu-ni quien proporcionó el puerco espín para castigar la desobediencia.
Una vez, un cazador fue a ver a Orunmila para que este lo registrara, y le salió este Ifá, donde Orunmila le dijo que para poder seguir cazando tenía que hacer ebbó.
Como el cazador tenía otra creencia, no le hizo caso, y solo lo animaba el deseo de menospreciar a Orunmila. Se fue a cazar, logrando coger un hermoso puerco espín. Cuando regresó al pueblo, empezó a decir que Orunmila se había equivocado y que no solo era un charlatán. Entonces se reunieron todos sus amigos y prepararon un gran banquete.
Cuando estaban en la mesa, el jefe enemigo de Orunmila, para menospreciar a este, le mandó un recado con el comisario, convidándolo a la fiesta. Orunmila le mandó a decir que, aunque él había logrado cazar al puerco espín, ninguno de ellos lograría comérselo, pues la mesa se quedaría puesta por causa de la desobediencia del cazador.
Ellos no le hicieron caso; y el que presidía la mesa, según costumbre, era el que partía primero y se servía. Así lo hizo: partió un pedazo del animal y se lo sirvió en un plato; cuando se lo puso dentro de la boca, al tiempo de masticarlo, se le trabó en el cielo de la boca un pedacito de la lanza con que lo cazaron, la cual se había partido y se había quedado dentro de la carne del animal. Por la herida que se hizo, empezó a brotar abundante sangre, sin que la hemorragia se le contuviera, muriéndose al instante. Donde la gente, debido al susto que pasó, ya no pudo comer, y la mesa quedó puesta.
Al enterarse los hijos de Orunmila del acontecimiento, organizaron otra fiesta y salieron cantando, diciendo: la palabra de Orunmila nunca cae al suelo.
Nota: el que proporcionó el puerco espín para castigar la desobediencia del cazador fue Eshu-ni.
3Kintoshe y el Awó
Manduley tenía una hija, Kintoshe, que no salía embarazada, y fue a ver a un Awó, que la miró y le dijo que tendría una niña; pero pasó el tiempo y no salía en estado. Años después, el Awó que la había examinado la vio y le preguntó por su padre; ella no sabía de él. «Vamos a examinar a Orunmila a ver si Ifá afirma lo que dije la primera vez»: sacó el okpele, salió este Ifá, y Orunmila lo afirmó. Entonces el Awó se enamoró de Kintoshe, ella lo quiso, salió embarazada, y en osode vio que sería hembra. Fueron a casa del padre; Manduley, sorprendido, escuchó la explicación: «esta es su hija, que a su vez es mi mujer, está embarazada de hembra, y eso será la felicidad de ella, de su hija y la mía». «Si usted no prueba eso, perderá la cabeza». A los nueve meses nació la niña, probándose lo dicho, y Manduley puso a Orunmila al frente de su gobierno y a la nieta de princesa. Lodafun Orishaoko.
Manduley tenía una hija llamada Kintoshe que no salía embarazada, por lo que fue a ver a un Awó, quien la miró y le dijo que tendría una niña. Pero pasó el tiempo y Kintoshe no salía en estado.
Un día, el Awó que la había examinado años antes en casa de su padre la vio y le preguntó por su papá; ella le dijo: «Hace mucho tiempo que no sé de él». Entonces el Awó le dijo a Kintoshe: «Vamos a examinar a Orunmila a ver si Ifá afirma lo que dije la primera vez». Sacó el okpele y se lo puso a Kintoshe, y salió este Ifá, y Orunmila lo afirmó.
Entonces el Awó se enamoró de Kintoshe, y ella lo quiso, y salió embarazada. Volvió a osode y vio que el hijo por nacer era hembra, y salieron después para casa del padre de Kintoshe. Llegaron, y el padre, sorprendido, dijo: «¿Qué es esto?». Y el Awó le explicó: «Esta es su hija, que a su vez es mi mujer; ella está embarazada de hembra, y eso será su felicidad, la de su hija y la mía». Manduley dijo: «Si usted no prueba eso, perderá su cabeza».
A los nueve meses nació la niña, probándose lo que había dicho el Awó; por lo que Manduley puso a Orunmila al frente de su gobierno, y a la nieta de princesa. Lodafun Orishaoko.