Un hombre sufría de llagas en las piernas. Orunmila llevaba siete meses tratándolo y el paciente seguía igual, sin mejorar ni empeorar; a ojos de Orunmila, aquel enfermo era una fuente de ingresos segura, la gallina que ponía huevos de oro, pues con sus pagos Orunmila sostenía la casa.
Un día Orunmila salió para iniciar a varios ahijados. El enfermo llegó justo entonces y lo recibió Yemayá, esposa del adivino. Ella le avisó que Orunmila no estaba y se ofreció a atenderlo en su lugar si él lo aceptaba. El hombre le contó que su mal estaba en la pierna y que, tras mucho tiempo, aún no sanaba. Yemayá lo examinó y le indicó cataplasmas hechas con bejuco de costa. Él las aplicó, quedó curado y, en señal de gratitud, le llevó muchos obsequios.
Al regresar, Orunmila escuchó de boca de su esposa que había curado al hombre y que este le había traído regalos. Le contestó: «Has acabado con la gallina que ponía los huevos de oro». Ella no entendió y preguntó de qué gallina hablaba. Orunmila le explicó que durante meses había tratado a ese hombre, y que era este quien había cubierto los gastos del hogar todo ese tiempo.
Tras pensarlo, Orunmila le dijo: «Está bien. Recibe estos caracoles: desde hoy también podrás mirar. Eso sí, únicamente hasta Eyila. Después tendrás que dejar mi casa, porque yo no puedo vivir con una mujer que tenga más saber que yo. Lo que pase de Eyila, envíamelo».
Esa es la razón de que en el Dilogún se hable solo hasta Eyila.
Aprovecharse de la necesidad ajena sin buscar de verdad su remedio es un sustento frágil: basta con que alguien más sepa curar. El saber guardado por interés o por orgullo termina costando caro, hasta dentro de la propia casa.
Este camino tiene su propio ebbó; la lista completa está en el tratado completo.
To Iban Eshu.
IFA NI KAFEREFUN ORUNMILA LODAFUN YEMAYA ADIFAFUN OKUNI.