Patakíes · Los caminos del Odù
1La gallina de los huevos de oro
Orunmila trataba sin curar a un hombre de llagas porque era su sustento. Estando fuera, Yemayá lo curó con una cataplasma y recibió regalos. Orunmila le dijo: «Mataste la gallina de los huevos de oro», y le dio el Dilogún hasta Eyila, mandándola de la casa.
Un hombre padecía de llagas en las piernas, y Orunmila lo trataba desde hacía siete meses sin curarlo, porque era «la gallina de los huevos de oro»: con lo que le cobraba sufragaba los gastos de la casa. Un día Orunmila tuvo que ir a iniciar ahijados, y el hombre llegó buscándolo; Yemayá, su mujer, lo atendió, le mandó cataplasmas de bejuco de costa y el hombre se curó, congratulándola con muchos regalos.
Cuando Orunmila regresó y ella se lo contó, él le respondió: «Mataste la gallina de los huevos de oro; ese hombre sufragaba los gastos de esta casa». Y añadió: «Toma estos caracoles, para que tú también mires, pero nada más hasta Eyila, y te irás de la casa, porque mujer que sepa más que yo no puede vivir conmigo; todo lo que pase de Eyila me lo mandas a mí». Por eso en el Dilogún solo se habla hasta Eyila.
2La aparición de Shangó y el poder de Orishaoko
Shangó, nacido de los senos de Obatalá, se marchó de casa de Dada, y Olofin, desesperado, prometió una gracia a quien lo hallara. Orishaoko, arando, encontró una piedra que se hacía hombre: era Shangó vuelto Odu-Ara. Olofin lo hizo Rey de la tierra para siempre.
Shangó nació por obra de Olofin y Olodumare, y Olofin lo entregó a Dada Bañeñe para que lo criara, visitándolo cada seis meses y comunicándole sus secretos. Cuando Shangó fue hombre, se marchó de casa de Dada; Olofin, al no hallarlo, se desesperó y fue a Orunmila, que vio este Odù y le anunció que habría una gracia para quien encontrara a su hijo.
Orishaoko araba la tierra cantando «Yenibo miserere», y desde las entrañas una voz le respondía. Presionó el arado y, entre las piedras que salieron, una se convirtió en hombre y volvió a ser piedra; la tomó con interés y se la llevó a Olofin. Este, lleno de alegría, dijo: «Dame esa piedra, porque es una Odu-Ara, mi propio hijo Shangó, a quien buscaba», y bendijo a Orishaoko: «Desde hoy serás Rey de la tierra para siempre y amigo íntimo de Shangó; pinta una teja de blanco y rojo para adornar tu casa». Por eso hay que recibir a Orishaoko.
3Cuando Shangó coronó a Yemayá
Shangó, rey rico, había abandonado y olvidado a su madre Yemayá. Ella lo buscó y, agotada, se durmió frente al palacio. Al llevarlo de recorrido, Shangó reparó en aquella mujer, la reconoció y le hizo una corona de quimbombó para coronarla.
Shangó era rey de un pueblo y, por sus muchas riquezas, se había olvidado de todos, incluso de su madre Yemayá, a quien había abandonado. Ella, queriendo hallar a su hijo, caminó hasta el palacio donde vivía, pero los soldados no la dejaron entrar. Cansada del viaje, se sentó frente al palacio y se durmió.
Al otro día, delante del palacio había mucha gente que quería ver a Shangó, que no recibía a nadie y a quien los criados llevaban a todas partes. Cuando lo llevaban de recorrido, le llamó la atención aquella mujer sentada frente a la puerta y ordenó que lo llevaran hasta ella; al verla de cerca, la reconoció. En ese momento mandó a hacer una corona de quimbombó y coronó a su madre, reparando su olvido.
4El nacimiento del matrimonio🔒 Babalawo
5La conciencia que persigue al asesino🔒 Babalawo
6La guerra entre las gallinas y los patos🔒 Babalawo
7El pacto entre Ikú y Obatalá🔒 Babalawo
8La guerra de la semilla de la peonía🔒 Babalawo
9El campesino y el venado🔒 Babalawo
10Cuando estaban destruyendo a los hijos de Igi Oguro🔒 Babalawo
11Se adivinó para Odi y Obara🔒 Babalawo
8 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →