Bagba Oba Ounko Nile era un rey que vivía en la miseria. No había tenido hijos, pero guardaba un gran poder: era el encargado de la puerta de la luz. Con ella traía la claridad del día y, con la luna, alumbraba las noches.
Acudió a dos adivinos, Aiyefilegbe y Orun Yeliwo, para que consultaran su suerte. Ellos descubrieron este Ifá y le indicaron un ebbó. El rey hizo exactamente lo indicado. Los adivinos, en cambio, llevaban el mismo signo y no cumplieron con lo suyo. A Orun Yeliwo le tocaba ofrecer un chivo y una gallina a Osain, además de un recipiente con agua y otro con aguardiente. A Aiyefilegbe le tocaba ofrecer un chivo a Osain, una escoba y dieciséis bibijaguas.
En esa época un sendero unía el cielo con la tierra, y sin luz era imposible recorrerlo. Los adivinos habían atendido al rey sin hacer su propia ofrenda. Elegba, que lo miraba todo, sentenció que eso no podía ser y anuló lo que el ebbó del rey había logrado. El rey quedó igual que antes. Sin saber el motivo, y herido porque los adivinos no habían cumplido su palabra, se encerró en su casa y retiró su luz del mundo.
La vida se acortó. En apenas dieciséis horas los hombres perdían el rumbo, y la tierra quedó en tinieblas totales. Olofin se asustó, llamó a Elegba y este le contó lo ocurrido, ya que el cielo y la tierra no pueden hablar. Ambos cumplieron con su parte, pero Olorun no salía y nadie entendía la razón. Tres meses después la tierra estaba helada, y los crímenes, los accidentes, los robos y las traiciones aumentaban cada día.
La madre de Olofin propuso una salida: ir a hablar con el rey y tratar de convencerlo. Llegó a su casa, que seguía con luz, y lo llamó. Él contestó que la luz de Olorun debía pedírsela a Elegba, pues él ya había cumplido con su ebbó y no había recibido hijos. Pero ella insistió tanto con sus ruegos que el rey por fin permitió que la luz de Olorun volviera a la tierra. Llovió y todo se refrescó.
Después el rey visitó a Olofin y le contó todo. Olofin le dijo que Elegba lo resolvería, que la culpa era de los adivinos y que le convenía quedarse en el cielo, donde tendría esposa e hijos. Elegba recibió el ebbó del rey, y este ascendió con Olofin y formó su familia. Así la luz quedó repartida por todo el mundo.
Para ocupar su lugar en la tierra nació el chivo, parecido a él pero de menor tamaño, para que gobernara aquí. Se le puso una condición para que el rey no se perdiera: al elegir pareja, mirar el suelo y decir «modupue aiye», y enseguida alzar la cabeza hacia Olorun y decir «modupue Olorun». De ahí viene que el macho, al estar con la hembra, la huela, toque la tierra con el hocico y luego suba la cabeza mostrando los dientes al cielo.
Cuando alguien no cumple lo que le toca, el daño llega a todos, y más si afecta a quien cuida algo esencial. Una ofensa así puede dejar al mundo sin luz. Se repara con respeto, buen consejo y el cumplimiento de lo prometido.
Orun Yeliwo: un chivo y una osaidié para Osain, un recipiente con agua y otro con aguardiente. Aiyefilegbe: un chivo para Osain, una escoba y dieciséis bibijaguas.
Primero: rositas de maíz, un sombrero de fieltro y ewe Ifá (ponasí). Segundo: agua y aguardiente en sendos recipientes, y una osaidié. Tercero: un chivo, una escoba y dieciséis bibijaguas.
Orunmila adifafun ounko bagba nuku lai omo alakisu ayelefilegbe orun yelibo awo ewenifa lebo olesa ozainyin oti omí keninshesi lebo bagba niku.
Elegba orun dundu lokua leri opolopo oñi eku otun olorun eju osi oshupa omo ni orun trawo lodafun aiya lodafun aiye lodafun orun lodafun elegba kaferefun orunmila iya.
modupue aiye ... modupue olorun