Bagba Oba Ounko Nile vivía en gran miseria y no tenía hijos, pero poseía un gran poder: custodiaba la puerta de la luz, aclaraba el día e iluminaba la noche con la luna (oshupa). Fue a mirarse con dos Awoses, Aiyefilegbe y Orun Yeliwo, que le vieron este Ifá y le mandaron ebbó. El Oba obedeció al pie de la letra, pero los dos Awoses —que tenían el mismo signo— no hicieron el suyo.
El cielo y la tierra estaban unidos por un camino intransitable sin luz. Como los Awoses no cumplieron pero sí habían atendido al Oba, Elegba, que todo lo vio, deshizo el efecto del ebbó y Oba Ounko quedó igual que antes. Descontento por la falta de palabra, el Oba decidió encerrarse y privó al mundo de su luz.
La vida se acortó, la tierra quedó helada y en tinieblas, y crecieron los crímenes, robos y traiciones. La madre de Olofin fue a la casa iluminada del Oba y le suplicó tanto que finalmente él dejó volver la luz; la lluvia cayó refrescándolo todo. Olofin oyó la historia, culpó a los Awoses y le concedió al Oba quedarse en el cielo con mujer e hijos (obini y omode). Para sustituirlo en la tierra fue creado el chivo (ounko), que se le parece; por eso, al elegir chiva, el chivo huele la vulva, toca el suelo con el hocico y luego eleva la cabeza al cielo mostrando los dientes, diciendo «modupue aiye, modupue Olorun».
Orunmila adifafun ounko bagba nuku lai omo alakisu ayelefilegbe orun yelibo awo ewenifa lebo olesa ozainyin oti omí keninshesi lebo bagba niku. Elegba orun dundu lokua leri opolopo oñi eku otun olorun eju osi oshupa omo ni orun trawo lodafun aiya lodafun aiye lodafun orun lodafun elegba kaferefun orunmila iya.