La jicotea (ayapá) quería ser como la serpiente y que todos le rindieran moforibale. Pensó: «si le quito el cerebro a todo el mundo, seré la sabia y todos vendrán a mis pies». Colgó un güiro de su pescuezo y a cada uno que veía le quitaba el cerebro. Lleno el güiro, quiso esconderlo en lo alto de una palma, pero no podía subir porque el güiro colgado al cuello se lo impedía; sudaba y se fatigaba sin darse cuenta. Un niño que la observaba le dijo: «póngase el güiro atrás, en la espalda, y podrá subir». La jicotea, humillada de que un niño supiera más, tiró el güiro rabiosa y se fue.
El niño recogió el güiro, lo vio lleno de cerebros humanos y fue a Orunmila, que le vio este Ifá y le mandó salir a ponerle el cerebro a todo el que viera sin él, con cuidado de no equivocarse. Pero el niño los puso trocados: el del hombre a la mujer, el de la mujer al hombre, el de los niños a los mayores y el de los mayores a los niños. Por eso nacen las personas invertidas, los adultos con mentalidad infantil y los niños con mentalidad de mayores. Hay que coger Ozain.