Esta es la historia de cuando la tortuga (ayapá) quiso gobernar el mundo. Vivía en una tierra donde quería parecerse a la serpiente y recibir de todos el moforibale, el saludo de respeto. Pensó cómo conseguirlo y concluyó que, si reunía los cerebros de todos y los guardaba en su poder, ella sería la sabia y todos acudirían ante ella.
Tomó una calabaza seca (güiro) y una cuerda, y se la colgó del cuello. Recorrió el lugar y a cada persona que encontraba le sacaba el cerebro y lo guardaba en el güiro. Al llenarlo, quiso esconderlo donde nadie lo viera y eligió la copa de una palma. Empezó a trepar sin más, pero no lograba subir, porque el güiro que llevaba al cuello se lo impedía y ella no lo notaba. Seguía arañando el tronco, y solo conseguía sudar y fatigarse.
Un muchacho la miraba y le aconsejó que se pasara el güiro a la espalda, porque así sí podría subir. La tortuga entendió que el muchacho tenía razón y se enojó mucho: pensó que todavía había quien supiera más que ella, y encima un niño. Furiosa, arrojó el güiro y se marchó.
El muchacho lo recogió y descubrió que contenía cerebros de personas. Se preguntó qué hacer y concluyó que solo Orunmila podía arreglar aquello, así que fue corriendo con Orunmila, quien le hizo una consulta y vio este Ifá. Le ordenó que saliera a devolver el cerebro a cada persona que lo hubiera perdido, pero con mucho cuidado de no confundirse.
El muchacho fue a cumplir el encargo. A cada persona sin cerebro le sacaba uno del güiro y se lo colocaba, sin darse cuenta de que los ponía cambiados. Intercambió los de hombres y mujeres, y también los de las niñas y los adultos.
Por eso, según este camino, nacen las personas invertidas: personas con el cerebro cambiado, adultos que piensan como niños y niños que piensan como adultos.
Quien busca pasar por sabio a costa del juicio ajeno solo siembra desorden. El orgullo herido no repara el daño, y lo que se reparte con apuro y sin cuidado queda trocado.
Tortuga, gallo, un güiro, tierra de la palma, coco, vela, jutía, pescado, awadó, miel, malaguidí sarako y mucho dinero.
Hay que recibir Osain. Este Ifá se refiere a personas con el cerebro cambiado: adultos que piensan como niños y niños que piensan como adultos.