Patakíes · Los caminos del Odù
1La guerra de las cazuelas
En la tierra Salanane, los congos vivían en guerra y hechicerías. Ozain, emisario de Iyebu, hizo ebbó al pie de la loma; Obatalá dispuso que Shangó gobernara, y una noche el susto del chinito pisado los hizo terminar la lucha.
En la tierra Salanane, los congos vivían en revoluciones con otros pueblos y entre sí por la codicia del poder, valiéndose de toda hechicería; el atraso y las muertes sin sepultura trajeron una epidemia que se extendió a la tierra Yebu. Los de Yebu se quejaron, pero los prenderos, guapetones, les declararon la guerra. El jefe de Iyebu mandó a su emisario Ozain, que fue a casa de Awe; este le mandó hacer ebbó para sacar tanta hechicería y ponerlo al pie de una loma.
El mandadero, al bajar de la loma, vio el ebbó y llamó a Shangó, pero bajó Obatalá y dispuso que Shangó gobernaría aquella tierra y que todos limpiaran sus cosas. Oggún avisó a los congos que dejaran la hechicería, pero no le hicieron caso. Una noche, Ozain pasó por allí, sintió olor a carbón y azufre quemado, y al meter el pie en un hueco de la puerta pisó a un chinito escondido, que dio un grito; los de adentro, creyendo que era un Eggun, cerraron la puerta y acordaron terminar la lucha y vivir en paz, acabando con las epidemias.
2La guerra de Orí y Oló
Orí presumía de ser el rey del cuerpo y despreciaba a Oló (el ano). Para demostrar su importancia, Oló se cerró: el cuerpo se enfermó de fiebre y parálisis hasta que todos le pidieron que se abriera.
Oló (el ano) era despreciado por todos, mientras Orí decía ser el Obá del cuerpo humano y que nadie más mandaría. Oló, para demostrar que él era el verdadero rey, se cerró. Pasaron los días: al cuarto, Orí y el estómago se sintieron pesados; el vientre se inflamó, el hígado se puso duro como un palo, apareció la fiebre y, al séptimo día, ni los brazos ni los pies se podían mover. Entonces todos se pusieron de acuerdo y le pidieron al orificio que se abriera, y así demostró lo importante que era, aunque nadie lo consideraba. De aquí el padecimiento del vientre y la parálisis intestinal.
3El hombre que lo perdió todo por robar comida
Un pobre hambriento recibió el mando de Olofin con la advertencia de no pararse en ningún lugar. De camino con el ebbó, entró a robar comida en una casa, fue descubierto, abandonó la canasta y lo perdió todo.
Olofin iba a hacer un reparto entre los necesitados y publicó un bando para que se presentaran limpios de culpas y penas. Entre los pobres había uno en peores condiciones, que pasaba mucha hambre. Pidió lo que necesitaba y fue a Orunmila, que le hizo el ebbó y le mandó poner la canasta a omo Oke, diciéndole que Olofin lo salvaría, pero que, cuando le dieran el mando, no se parara en ningún lugar ni entrara en ninguna casa, o lo perdería todo. De camino, con mucha hambre, dejó la canasta en el suelo y entró a robar comida; fue descubierto, tuvo que salir corriendo, abandonó la canasta y lo perdió todo.
4Libre de culpas y penas🔒 Babalawo
5Los tres deseos del herrero🔒 Babalawo
6Cuando botaron a Orunmila del pueblo🔒 Babalawo
3 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →