En la tierra Salanane, los congos vivían en revoluciones con otros pueblos y entre sí por la codicia del poder, valiéndose de toda hechicería; el atraso y las muertes sin sepultura trajeron una epidemia que se extendió a la tierra Yebu. Los de Yebu se quejaron, pero los prenderos, guapetones, les declararon la guerra. El jefe de Iyebu mandó a su emisario Ozain, que fue a casa de Awe; este le mandó hacer ebbó para sacar tanta hechicería y ponerlo al pie de una loma.
El mandadero, al bajar de la loma, vio el ebbó y llamó a Shangó, pero bajó Obatalá y dispuso que Shangó gobernaría aquella tierra y que todos limpiaran sus cosas. Oggún avisó a los congos que dejaran la hechicería, pero no le hicieron caso. Una noche, Ozain pasó por allí, sintió olor a carbón y azufre quemado, y al meter el pie en un hueco de la puerta pisó a un chinito escondido, que dio un grito; los de adentro, creyendo que era un Eggun, cerraron la puerta y acordaron terminar la lucha y vivir en paz, acabando con las epidemias.
Adifafun Shangó oba salanane inlé Oggún opa eni belebele beke ilé ikú mawani awo asarepawo filani Ozain odara dara awo ilekun awo filani keké unsoro nititoni soroegun Lodafun Obatalá.