La tierra estaba sin gobierno y los Santos peleaban por la supremacía. Olofin mandó a Abita, que lo primero que hizo fue reunirlos y decirles que se unieran; logrado esto, el Diablo se hizo dueño de la situación y de la tierra. Un día, mientras impartía órdenes, se aparecieron los Ibeyis y le dijeron mentiroso y tramposo, que no hacían lo mandado por Olofin. Abita, que tenía figura de joven, empezó a transformarse: orejas puntiagudas, ojos al rojo vivo, uñas crecidas, cuernos y cola.
Todos los Oshas lo reconocieron y le gritaron que se fuera, pero no hizo caso. Fueron a casa de Orunmila, que vio este Odù y mandó que, cuando Abita llegara, se limpiaran con una eyele dundun y se hicieran Oparaldo con un akukó para que no pudiera acercarse. Al ver que no podía, Abita desapareció. Olofin les dijo que Abita es un espíritu de la creación con grandes poderes que emplea para el mal y puede estar en cualquier lugar; por eso, cada vez que se sienta su influencia maléfica, se hace la ceremonia de la eyele y el akukó y se le da de comer a la tierra, llamando a Orun en auxilio.
Oyekun Biroso owo oti tulo shawó adu morin oti owo iwobo ebeyo ala origogo intori aye kubo oti beyeye yele abo lebo intori ikú adifafun Abita adifafun Olofin lordafun los Ibeyis kaferefun Orunmila.