Un hijo apegado a su padre herrero aprendió el oficio, especializándose en pelar caballos. Ya hombre, dejó su pueblo, conoció a una mujer que se volvió muy egoísta, la abandonó y se casó con otra. La primera mujer no se opuso abiertamente, pero juró que aquel matrimonio sería un desastre y duraría poco, pues se sentía burlada. Empezaron los problemas, pero la pareja se aferró a su matrimonio; tuvieron un primer hijo sin contratiempos, pero al nacer una segunda niña, esta tuvo serios problemas de salud, llegando a estar en artículo mortis.
Fueron a Orunmila, que les vio este Ifá y les marcó ebbó con las herramientas del oficio, una tijera, un cepillo, un peine y pelo de caballo. La niña se puso buena enseguida y prosperaron. Todo les había pasado porque el hombre no era creyente. La persona de este Ifá es poco creyente; para su firmeza y felicidad tiene que recibir los Guerreros y a Orunmila, darle de comer al Eggun del padre y de la madre, y estar siempre encima de la religión, porque tiene un arayé que le hace brujería.