Después de crear la tierra, Olofin dio poder y ashé a los Orishas que él mismo había hecho. Con el tiempo pensó que su obra estaba terminada, porque cada Orisha, por medio de su fuerza astral, alcanzaba a la vez a muchas personas que quedaban bajo su amparo. Quienes recibían esa fuerza dejaban de ser los de siempre y hablaban sin saber lo que decían: el Orisha los montaba. Al comienzo nadie entendió el fenómeno y todo transcurrió con calma.
Más tarde cada persona montada se creyó mejor que las otras, y estallaron guerras, unas con armas y otras por saberes, ocultos o abiertos. Como cada quien creía en un dios distinto, según lo que había aprendido, casi desaparecieron los habitantes de la tierra.
Olofin mandó a Elegba a recorrer el mundo y mirar. Lo que presenció lo enojó tanto que interrogó a un hombre que presumía de sabio: quería saber por qué había tantas guerras. Aquel respondió con orgullo que Osain era su padre y lo prefería entre todos, que bajaba a su cabeza y le entregaba el saber que hacía falta, pues nadie sabía más que él. A Elegba le molestó esa vanidad. Le advirtió que Olofin no iba a aprobar esa conducta, porque ni Olofin ni los Orishas toleraban tantas guerras. El hijo de Osain replicó que él era rey y que nadie lo sacaría del trono. Elegba oyó lo mismo en todas partes y se retiró enojado.
Al volver, informó a Olofin de lo ocurrido. Olofin pensó en cómo arreglarlo y resolvió que los Orishas mismos hablaran con sus hijos. Primero fue Obatalá, sin éxito. Después mandó a los demás, uno tras otro, y ninguno consiguió nada.
Al final citó a Orunmila y le confió que deseaba la paz, y que toda persona ocupada por la energía astral de un Orisha se creía superior al resto. Orunmila ofreció: «Voy a poner orden entre todos los seres humanos, pero nunca descenderé sobre la cabeza de una persona». Olofin dijo: «To Iban Eshu».
Por eso Orunmila no desciende sobre la cabeza de un Omofá ni de un Awó.
Ser poseído por la fuerza de un Orisha no hace superior a nadie, y creerse más que los demás lleva a la guerra. Para devolver la paz, Orunmila se compromete a ordenar a los humanos sin imponerse sobre ninguno. De ahí viene que no baje a la cabeza de los omofá ni de los awó.
Dos palomas (eyele meyi), tela blanca (asho funfun), asho timbelara, ada, malaguidí okuni y obini, akukó adié dundun, atitan ilé, eya, mucho dinero (opolopo owó), atitan bata y eku.
Oyekun Di oloni bogbo Orisha pina ni Olofin isieni latí ni Orisha lerí bogbo ki kiwa lerioloni ni omo Orunmila osi oloni ni omo nimo Olodumare madun kuesu le olode Ini
To Iban Eshu