Cuando Olofin concibió la tierra, dio poderes y ashé a los Orishas. Con el tiempo, los humanos poseídos por la fuerza astral de un Orisha empezaron a creerse superiores unos a otros, y comenzaron las guerras, armadas y de conocimientos, que estuvieron a punto de diezmar a la humanidad, pues cada uno creía en un dios distinto.
Olofin mandó a Elegba a inspeccionar. Este preguntó a uno que se decía sabio la causa de tanta guerra, y el hombre —que se decía hijo predilecto de Ozain— respondió con soberbia que era rey y no dejaría que lo destronaran. Elegba oyó lo mismo de todos y volvió molesto. Olofin envió entonces a los Orishas, uno por uno, empezando por Obatalá, a hablar con sus hijos, pero todos fracasaron.
Por último mandó a Orunmila, explicándole su deseo de paz. Orunmila le prometió: «arreglaré a todos los humanos, pero no bajaré a la cabeza de nadie». Olofin dijo: «To Iban Eshu». Y esa es la causa de que Orunmila no baje a la lerí de ningún Omofá ni Awó.
Oyekun Di oloni bogbo Orisha pina ni Olofin isieni latí ni Orisha lerí bogbo ki kiwa lerioloni ni omo Orunmila osi oloni ni omo nimo Olodumare madun kuesu le olode Ini