Olofin mandó por Orunmila para enviarlo a Ife, un lugar donde morían muchas personas, en busca de un remedio.
Apenas salió de su casa, un desconocido lo detuvo y le aconsejó quedarse: había escuchado comentarios muy desfavorables sobre él. Orunmila no se detuvo. Al llegar al centro del pueblo, otro hombre lo abordó con un aviso parecido: le tenían preparada una trampa. Orunmila tampoco se dejó convencer. Ya en las afueras, un tercero le aseguró que en Ife lo aguardaban para matarlo. Esta vez el miedo lo venció: se desvió hacia el monte y se ocultó en un tronco vacío, lejos de las miradas.
Pasaron los días. Orunmila sabía que lo andaban buscando. Una mujer embarazada subía al monte cada día a recoger leña para vender. Vio el tronco hueco y juzgó que sería fácil cortarlo y llevarse la leña. Al dar el primer golpe de hacha, oyó una canción; se paró en seco, y al repetirse, dudó de quién sería. Tras el segundo golpe escuchó de nuevo el canto y concluyó que era Orunmila. Se asomó al interior del árbol y lo encontró. «¿Qué hace usted aquí?», le preguntó. «Me oculto, porque me han dicho que me matarán», respondió él. «Al contrario, señor: en el pueblo todos lo extrañan y están tristes». Le entregó el alimento que traía, le rogó que aguardara, y corrió a avisar al rey de que había hallado a Orunmila.
El rey le prometió toda la riqueza que deseara, si lo que decía era cierto, pero le ordenó traerlo ya mismo, y le asignó acompañantes. Ella regresó, recogió a Orunmila y lo presentó al rey, quien quiso saber la razón de que no hubiera acudido al llamado de Olofin. Tras una breve pausa, Orunmila pidió que antes llamaran a tres animales, culpables de su ausencia: el chivo, el gallo y la paloma. Contó que el chivo le dijo que lo aguardaban para soltarle a Ogún encima; el gallo, que iban a matarlo; y la paloma, que existía una trampa. Con esos anuncios se aterrorizó y se ocultó.
Olofin se volvió hacia los tres embusteros y dictó su sentencia: desde ese día serían materia de ebbó y de comida. El chivo sería para Oshún; a la paloma se la quedaría él. Orunmila conservó a la mujer, la riqueza y los sirvientes.
Los falsos avisos asustan más que los peligros reales, y el miedo puede llevar a alguien a esconderse justo cuando más lo esperan. La verdad se descubre por quien menos se piensa, y quien engañó para hacer daño termina sirviendo de ofrenda.
Un aunko, dos osadie, abatí, un akukó, tres malaguidí y dos palomas (eyele meyi).
El aunko es para Oshún; el akukó, para Eshu; el osadie, para Paraldo; y las dos palomas, para Olofin u Obatalá. Queda por consultar si Oshún y Orunmila reciben juntos las adié meyi.
Ifá avisa de tres personas que dan malos consejos para perjudicar y provocar disputas. Debe tenerse precaución ante un suceso próximo que sorprenderá a mucha gente. Alguien será llamado desde el campo; conviene que acuda, pues se trata de algo bueno.
Akuata Bo Ami Amu Okete Mosu Soyo Oshe Lo Oti Lose Aun Ota Orunmila Olofin Dire Ife Lo Opa Orunmila.
Ifa ni Kaferefun Oshún, Lodafun Olofin, Adifafun Eshu.