Cuando Orunmila venía bajando del cielo, los Awoses Okonron Kosun Lere y Okonron Kosin lo registraron. Le anunciaron pleitos con la gente del mundo y le marcaron ofrendas: para Eshu, un chivo con un trozo de tela blanca; para Shangó, tela roja y un gallo colorado; para Ogún, un gallo con tela negra; y una chiva, destinada al Ángel de la Guarda de Orunmila. Todo lo cumplió Orunmila antes de partir. Además se le avisó de que, en la tierra, la mujer que fuese su esposa tenía que ser sacerdotisa de Shangó, pues con ella vendría su prosperidad.
Ya en el mundo, trabajó como sacerdote de Ifá. Durante mucho tiempo ninguna mujer se interesó por él, y él mismo evitaba cualquier trato amoroso. Con los años, la gente del pueblo terminó por querer verlo con una pareja, pues era un hombre en plenitud.
Por trabajo viajó a Oyó. Allí conoció a una sacerdotisa de Shangó que quedó cautivada por su masculinidad. Orunmila le propuso matrimonio sin demora y ella aceptó con gusto. Pasó tres días en la villa y no se fue sin saber bien de dónde venía ella.
Nadie en su pueblo esperaba que se casara, y verlo llegar con esposa los dejó asombrados. Muchos salieron a recibirla, pero ella los observó con recelo, pues buena parte de ellos le eran hostiles a Orunmila. Al poco de instalarse, le pidió a su esposo que se hiciera un registro, porque presentía que se le acercaban problemas graves. Orunmila hizo venir al Awó Akun Osun, que se marca el cuerpo con osun, y ese adivino le indicó lo que debía ofrendar: primero una chiva para Ifá, luego un chivo que correspondía a Eshu, y por último dos gallos, uno para Shangó y el otro para Ogún. Orunmila lo hizo sin tardar.
No pasó mucho tiempo y la esposa esperaba un hijo; nació un varón, y Orunmila pudo construir su propia casa. Ella llegó a ser una sacerdotisa de Shangó muy buscada: cada nueve días consultaba para la gente, en estado de posesión. Toda la familia salió adelante, y a Orunmila le dieron un título de jefe. Cuando este camino sale en el Igbodu, se aconseja unirse en matrimonio con una sacerdotisa, pues con ella llegan el reconocimiento y la riqueza.
Las ofrendas hechas antes de nacer y los avisos atendidos a tiempo preparan el encuentro con la pareja que trae prosperidad. Cuando ambos cumplen lo que se les marca, la casa se levanta y la familia crece.
Para Eshu: un chivo y un trozo de tela blanca. Para Shangó: tela roja y un gallo colorado. Para Ogún: tela negra y un gallo. La chiva se destina al Ángel de la Guarda.
Para Ifá, una chiva. Para Eshu, un chivo. Para Shangó y para Ogún, un gallo a cada uno.
En el Igbodu se aconseja unirse en matrimonio con una sacerdotisa de Shangó, pues con ella llegan el reconocimiento y la riqueza.