Aún en el cielo, cuando iba a partir, escuchó una advertencia: durante su vida terrenal debía, según su Ángel de la Guarda, suavizar su carácter agrio y dejar de reprochar todo, pues de lo contrario podía sufrir un trastorno mental y paranoia. En la misma consulta se le indicaron varias ofrendas: a Olokun, divinidad del agua, muchos caurís, cascarilla y tela blanca, más una paloma; a Eshu, un chivo; a Ogún, un gallo y un perro; y un chivo castrado destinado a su Ifá y también a su cabeza. Él lo cumplió todo.
Después invitó a Ogún a bajar a su lado y Ogún dijo que sí. Hizo igual petición a Olokun, que la rechazó.
En la tierra abrió una casa de Ifá y le fue mal: sus predicciones no se cumplían, sus ebbós no mostraban resultado alguno, los clientes fueron desapareciendo y llegó la pobreza. Otra noche recibió en sueños la orden, otra vez, de consultarse. Acudió junto a otros awó, y la respuesta fue que debía repetir lo que ya había ofrecido arriba. Como no tenía con qué, pidió dinero prestado. Después llevó su trabajo al mercado del pueblo; allí ganó lo suficiente para pagar lo que debía, sus consultas empezaron a acertar y la gente volvió a creer en él.
Un día, en ese mercado, apareció ante sus ojos la hija de Olokun y él se prendó de ella; ella, en cambio, lo despreció por considerarlo muy tosco. Él se puso ropa blanca, volvió a su casa, entregó a Eshu un segundo chivo y llevó a cabo lo ordenado en el cielo. Al pedirla de nuevo, ella accedió a casarse. Partieron juntos desde el mercado hasta la casa, y allí vivieron como esposos.
Pasó mucho tiempo sin que ella concibiera. Él convocó a los awó otra vez, y estos le ordenaron atender a Olokun con plumas de cotorra, cascarilla, caurís, tela blanca y una paloma, y para Ogún, un perro. A partir de entonces la hija de Olokun se tranquilizó y dejó las burlas. Tiempo después quedó encinta y nació un niño al que llamaron Dinero. Ella continuó con su trabajo.
El nacimiento trajo la prosperidad completa. El hombre se casó con otras mujeres y tuvo muchos hijos, y el mayor llegó a tener más fama que sus padres. Al salir este odu en el Igbodu, se recomienda practicar un carácter paciente y sereno, pues la mujer que le traerá la prosperidad tiene que seguir a su lado aunque él pierda el control. Tendrá un hijo que le dará renombre y riqueza si continúa con los sacrificios.
El mal carácter aleja lo que se desea, y la paciencia lo acerca. Quien cae en la pobreza se levanta si repite lo que Ifá marcó y trabaja sin descanso; la casa y los hijos llegan después.
Olokun: paloma, tela blanca, cascarilla y muchos caurís. Eshu: chivo. Ogún: gallo y perro. Su Ifá y su cabeza: un chivo castrado.
Ropa blanca y un segundo chivo a Eshu, junto con lo ya indicado arriba.
A Olokun: caurís, cascarilla, plumas de cotorra, tela blanca y una paloma. A Ogún: un perro.
Mantener un carácter sereno para que la esposa próspera permanezca a su lado, y no dejar de cumplir los sacrificios.