2Onidiro, la esposa de Orunmila
El Awó Okonron tu ka tuyele hizo esta adivinación para Onidiro, que vivía como esposa de Orunmila. Ella coqueteaba con otros hombres y su marido lo sabía. Cuando él se lo reclamó, lo negó todo y aseguró que nunca se había comportado así.
Orunmila le fue diciendo, uno por uno, los nombres de los hombres con quienes se había acostado, impuso su autoridad sobre ella y la maldijo: desde ese día, de tanto en tanto, tendría que servir su cabeza. El nombre Onidiro es el que se da a la gallina en el cielo, pues antes de convertirse en gallina fue esposa de Orunmila.
En una consulta ordinaria, el consejo para la mujer es no engañar a su esposo, para no cargar con esa maldición. Para el hombre, resistirse a la tentación de traicionar a su pareja, pues acabará convertido en una sombra de sí mismo.
3La representación de Olokun
Orunmila, que también se llamaba Okonron Tutu, era comerciante y pensaba bajar al mundo con ese oficio. Antes de partir consultó y le indicaron cinco obras. Primera: un chivo, para Eshu. Segunda: un águila, un aura y una rata, pensadas para la cabeza del viajero y su protector, el Ángel de la Guarda. Tercera: la unión de los tres caminos, con cuatro palomas y tela blanca; en ella el sacerdote también debe darse un baño. Cuarta: la bendición de Dios, para la cual se necesitaban una paloma y una tela, ambas blancas, además de cascarilla y plumas de loro. Quinta: Olokun, a quien se serviría con una de las palomas anteriores. Le advirtieron que el orden era importante: primero Eshu, pues de su ayuda dependía obtener las dos aves, y luego Ogún, con un perro.
Eshu habló con el águila y la persuadió de que bajara el vuelo hacia donde conseguir alimento era más fácil; después movió a Ogún para que le apuntara. El águila estaba comiendo plátanos en una finca cuando el cazador la derribó y la llevó ante Okonron Tutu. Eshu también convenció a ese cazador de matar un aura junto al mar, y esta igualmente llegó a manos de Okonron Tutu. Para Ogún fue una labor dura: no estaba habituado a la costa y cayó con gripe. Orunmila le encendió un fuego y le dio una tortuga, y así mejoró.
Con el águila y el aura ya reunidas, Okonron Tutu agregó la rata y con ello honró a su cabeza y también a su Ángel de la Guarda. Luego cumplió las otras obras y pidió a Olokun que lo acompañara en su viaje al mundo. Olokun rehusó, aunque prometió mandar a alguien con él, pero con el encargo de no abandonarla una vez en la tierra. De este modo Okonron Tutu partió junto a la representante de Olokun.
Una vez en la tierra, cada cual siguió su camino y ninguno reconoció al otro. Él se dedicó al comercio sin gran fortuna y no lograba casarse. Ella, fuera del rumbo que su destino le había fijado, se entregó a la pereza. Él acudió a una consulta, donde le mandaron cumplir con Eshu, con Ifá y con su cabeza; los Awoses le prepararon una medicina que guardaron en una calabaza, y él se bañó en el río. Luego volvió a su oficio: vendía en el mercado cuentas de coral.
Ella, por su parte, también fue a consultarse, para saber cómo conseguir esposo. Le indicaron que sirviera con cuentas, una paloma y un chivo, y que su futuro marido debía ser Awó. Antes de ir al mercado sirvió a Eshu con el chivo; allí buscaba las cuentas y la paloma para atender su cabeza, y las cuentas eran precisamente las que vendía Okonron Tutu.
Apenas la vio, él quedó prendado, y ella sintió atracción por él. Orunmila le dijo cuánto costaban las cuentas, y ella respondió que no tenía con qué pagarlas. Aun así, logró que fuera con él a su casa, donde haría el ebbó. Allí colocó las cuentas y la paloma para atender su cabeza. Como la costumbre prohíbe salir a quien está sirviendo su cabeza, ella debió quedarse a pasar la noche. Durmieron juntos y tuvieron relaciones.
Esa noche Orunmila tuvo un sueño: Olokun lo regañaba porque no se había acercado antes a la mujer que él mandó para acompañarlo en la tierra. El dueño de las aguas le aclaró que la que dormía a su lado era esa enviada y la esposa que le correspondía, y le pidió un ebbó para él mismo, que incluyera cascarilla, caurís y plumas de loro, una paloma y todo lo que se ofrece al mar.
Cuando despertó fue a consultar con Ifá, quien confirmó que el sueño era cierto y que debía cumplir lo pedido. No esperó más: tomó a la mujer por esposa y pronto ella quedó embarazada. Más tarde su negocio prosperó, y los dos vivieron felices y con buena salud para siempre.
Cuando este camino sale en el Igbodu, la persona debe recibir a Olokun. Si es soltero, la siguiente mujer que se le acerque será su esposa destinada; si ya está casado, conocerá a una hija de Olokun una vez iniciado en Ifá. En una consulta ordinaria se aconseja dar un chivo a Eshu y mandar al mar o al río los obsequios acostumbrados con una paloma, pues Olokun quiere darle un regalo.