Íntimos amigos eran Eya Areni (el salmón) y Agbon Oko (el zángano de la colmena), y los dos tenían fama de donjuanes: el primero suspiraba por Oroyori Oshún, la que habitaba una madreperla cerrada allí donde el río desemboca; el segundo, por Agbon Ayaba, reina de la colmena. Para entregar su amor, Oroyori Oshún exigía que a su reino — que era el río — le acercaran bancos de arena para solazarse en ellos a su gusto; Agbon Ayaba, por su parte, reclamaba su corona de cera. Desesperados los dos, acudieron a Orunmila, que al verlos les sacó este Ifá y sentenció: «Okana She — el hombre se esclaviza por el amor. Tienen que hacer ebbó, porque si no, se van a ver esclavos por el amor, y este los sacrificará en aras de la supervivencia». Acordaron cumplir con el ebbó para ganarse a sus respectivas mujeres, pero solo Eya Areni lo hizo entero: Agbon Oko, díscolo y holgazán como era, lo dejó incompleto.
Llegó cada cual ante su amada con sus presentes. Cuando Oroyori vio que Eya Areni le traía justo lo que deseaba tener, se enamoró de él: se dejó llevar hasta lo alto del río, y sobre los bancos de arena que él había cargado se entregó a los placeres del amor y allí se quedó a vivir — de modo que cada año Eya Areni debe ir a las profundidades del río, donde nacen los suyos, a hacerle el amor. Ese es el sacrificio del amor: Eya Areni, triunfador en lo que se propuso, quedó esclavizado de Oroyori Oshún; y Agbon Oko murió sacrificado por el amor — fecundó a la reina y pereció, porque en el acto sexual se le desprende el aparato reproductor, que sale con los intestinos. De aquí nacieron la arena del río y el espasmo vaginal — el sacrificio supremo del amor —, y de aquí viene que el salmón viva en el mar y suba a desovar al río. Nota: aquí se prepara el Osanyin de la madreperla, el que da al Awó el poder de la persuasión de la mujer, y el secreto de Oshún Miwa Ilé Bombó.