Tres Awoses traían el propósito de perjudicar a Irete Kanlú. Como con él no lograban nada, decidieron ir contra su mujer. Se presentaron ante Olofin con el cuento de que el desorden del pueblo lo provocaban las vendedoras de hilo de la plaza, y que una de ellas era, precisamente, la esposa de Irete Kanlú. Para acabar con aquel desorden, agregaron, hacía falta un ebbó con un gallo y con esas mujeres.
De regreso en sus casas, cada uno le advirtió a la suya que no volviera a vender hilo en la plaza. Pero la orden de Olofin era anterior: ya había mandado proceder contra toda mujer que vendiera hilo. Ese mismo día Irete Kanlú se registró y le salió traición. El Ifá le mandó rogarse la cabeza, llevar una venda por espacio de siete días y, si venían por su mujer, que ella no saliera, pues estaba enferma. Obediente como era, ella cumplió. Las otras desoyeron a sus maridos, se fueron a la plaza (ilé loyá) con sus hilos y allí las prendieron; la única que quedó libre fue la mujer de Irete Kanlú.
Con sus esposas en prisión, los Awoses no tuvieron más remedio que confesarle a Irete Kanlú la traición que le habían montado, y le rogaron que las salvara.
Los mismos traidores se presentaron ante Olofin para decirle que sin Irete Kanlú no se podía hacer la rogación, y lo mandaron a buscar. Ya en casa de Olofin, Irete Kanlú explicó que para aquella rogación bastaban los hilos de las mujeres y pedazos de sus ropas: ellas no hacían falta. De ese modo quedó resuelto el asunto.
Nota: durante 7 días el Awó duerme con un gorro blanco y amarillo.