Irete Meyi es el Odù número 14 de Ifá, uno de los 16 Meyi y cabeza de la familia de Irete. En los tratados aparece también como Ìrẹtẹ̀ Méjì o Irete Meji. Esta ficha reúne su rezo en yoruba, 40 patakíes (3 enteros a la vista, con su enseñanza, su ebbó y sus cantos), sus refranes, 15 ebbós y obras y las señales con las que se manifiesta en la consulta — con el eewó completo a la vista; los demás ires y osogbos, el resto de consejos y las recetas completas se abren con La Libreta.
La lectura del signo
lo que Ifá quiere decir, en palabras llanas
LIBREIrete Meyi, que también se conoce como Irete Meji, pertenece a la tierra: recibe lo que la vida desecha y manda sobre todo lo que muere. Aquí se selló el acuerdo entre Ikú y Orunmila, y aquí se acabaron para siempre los sacrificios humanos, cuando un padre supo que el muchacho destinado al cuchillo era su propio hijo. Este signo desciende al mundo de los difuntos y regresa con los vivos. Su decreto es de vida larga: la muerte lo ronda, pero no puede con usted si atiende a Orunmila y hace su ebbó a tiempo.
Es un Ifá rico, aunque lleno de contrariedades y trampas. La suerte está colgada, a la vista pero fuera de su alcance, y solo el ebbó y la astucia la bajan hasta sus manos, como hizo Orunmila con el árbol de la riqueza, atendiendo a cada uno de sus guardianes. Usted es artista de nacimiento, y con el tiempo tendrá casa, auto y dinero. Oshún ya lo sacó de muchos apuros, Yemayá le da asiento y los viajes le salen bien.
«Únicamente la viruela es capaz de ofender a Ikú sin peligro, y también el hijo de Irete, que pactó con ella.»El pulso de Irete Meyi
Pero cuídese de los huecos, los del suelo y los de la vida: no los salte y tape los de su hogar. Le van a poner tres pruebas y un jefe querrá medir su sabiduría, así que estudie a fondo su oficio, porque cree saber más de lo que sabe. Hay envidia y brujería en su camino, y alguien que le sirve planea traicionarlo. Hablar de más puede costarle caro, y la bebida lo adormece y le hace perder la ocasión.
En el amor, este es el signo del amor hecho persona, pero también de la vanidad. Usted se cree superior y no se sacrifica por los demás, y cuando hieren su orgullo sus palabras lastiman hondo y puede volverse peligroso, capaz de matar sin arrepentirse; llega a odiar a quien más quiere si no hace su voluntad. Una mujer le va a traer la suerte, pero no descuide a su esposa ni a su hija, que se le pueden ir lejos. Nunca maltrate a una mujer ni desprecie a su ángel guardián, que puede perder la razón.
En la salud, vigile la piel, con granos, forúnculos, varicela y fiebres, y las enfermedades graves que el signo nombra: la lepra, la sífilis (que en los adodi puede dar úlceras alrededor del recto), la peste y la leucemia. Cuide además los pulmones, los oídos y la digestión; baja de peso con facilidad y se debilita de la cintura hacia abajo. Cuide mucho las piernas, que puede caerse y golpearse. Cuando sale para una mujer hay que actuar pronto, porque la muerte pesa en este signo. Sea humilde, sacrifíquese también por otros y vivirá muchos años.
El signo en una fraseRía con la vida y respete el pacto: tape los huecos, guarde la humildad en la cima y pague con lealtad — que al que burló la muerte, el amor y la riqueza le llegan solos.
El diagnóstico
habla · prohíbe · recomienda
LIBRE LA LIBRETAEewó · prohibiciones LIBRE
El eewó completo va libre: es información de cuidado, y quien salió con este signo la necesita hoy.
No comer guinea.Las guineas le avisaron a Orunmila que iba por mal camino agarrado al venado; no se matan.
No comer ekrú, adalú, ekó, guiso de maíz, plátano Johnson, gallina, ajonjolí, maní ni millo, ni usar añil.Son los tabúes del signo.
No abrir huecos ni cruzarlos; tapar los de su casa y del tejado.Orunmila cayó dos veces en el hoyo de sus enemigos; el hoyo de este signo siempre está tendido.
No usar mantas encima del cuerpo.Haga ebbó con manta y corojo para borrar las cosas del pasado — pero no la vista.
No colgar sus ropas.Se atrasa: la ropa colgada cuelga también su suerte.
No jugar de manos.Prohibición expresa del signo: el juego de manos despierta la fuerza que hiere.
No tomar bebidas alcohólicas.Se puede quedar dormido y perder lo que vino a buscar.
No rajar semillas de la mata de ikín.El sacerdote de Ifá solo puede hacerlo para construir su okpele; Olomo fue puesto a rajarlas como esclavo.
No realizar el acto sexual de pie.Su vida se acortará.
No vestir ropa rota ni negra, ni tratar con desdén a su ángel de la guarda.Proteja a su esposa y a su hija, y ofrezca sacrificios a su ángel con regularidad; de lo contrario caerá en la demencia.
Iré y osogbo LIBRE
Tres iré —lo bueno que el signo trae— y tres osogbo —lo adverso que avisa— de muestra.
Tiene larga vida: la muerte no puede con la persona, que se recupera de lo que parecía ser el final.
Nace con arte y con talento para crear.
Hay amor y alegría en su vida, y recibe cariño de quienes la rodean.
La muerte pesa mucho en este signo: si sale para una mujer, ella corre peligro de morir pronto.
Al hijo de Ogún este signo no le deja progresar.
Amenazan las fiebres graves, los granos, los forúnculos, la varicela y otras enfermedades de la piel, y también la lepra, la sífilis, la peste y la leucemia.
46 ires y osogbos más esperan tras el muro — todo lo bueno que este Odù trae y todo lo adverso que avisa.
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los caminos del Odù — la historia detrás de cada sentencia
LIBRE LA LIBRETA1El nacimiento de Irete Meyi (Olomo, el hijo esclavo)
Eyi Elemere precisaba un venado completo para un sacrificio que le traería un hijo varón. Llegó al pueblo de Ujo, donde adivinó a Kporoye, que no tenía hijos, y le preparó su ebbó. Luego se adentró en el bosque y, con ayuda de su espejo, conjuró a un enorme venado. Al luchar con él, ambos rodaron a un foso hondo.
Por allí pasaron niños, hombres y mujeres, y todos se rieron de él: según ellos, un médico que cura a los demás debería poder curarse a sí mismo. Nadie lo ayudó. Únicamente Kporoye, que se acercaba al foso para dejar su ofrenda, le extendió su turbante. Eyi Elemere lo conjuró para que creciera y ella pudo izarlo a él y al venado.
Al tirar, Kporoye se fue de espaldas y quedó desnuda. En aquel encuentro, sobre un lecho de hojas de ikín, Eyi Elemere le dijo que tendría un hijo varón. También le contó cómo era su casa, en Oke Mesi, y los dos tomaron rumbos distintos.
Kporoye dio a luz a Olomo, quien creció entonando los cantos de un padre al que no conocía. Cuando ella lo llevó por fin en su busca, tres bandidos los apresaron y vendieron a cada uno como esclavo, por separado. La esposa de Eyi Elemere quería un esclavo para el sacrificio humano de la fiesta anual de Ifá de su marido, y sin saberlo compró a Olomo.
El niño partía semillas de palma y mientras tanto cantó toda su historia: el foso, el turbante, el venado y la casa junto a un árbol de corales. Eyi Elemere lo oyó desde un escondite y lo sometió a pruebas. El fuego no lo quemó y el agua hirviendo se enfrió. Entonces lo abrazó como a su hijo de verdad. Llegado el día de la fiesta, Eshu le quitó el filo al cuchillo del encargado de matarlo, y este no pudo herir la garganta del joven. Los sacerdotes lo identificaron como hijo suyo. Eyi Elemere declaró allí que, de ese día en adelante, Orunmila jamás aceptaría una vida humana como sacrificio. Más tarde fue a rescatar a Kporoye: se puso una máscara de hojas de palma y se la llevó danzando del palacio de su padre. Con ella y con sus hijos vivió en prosperidad para siempre.
2El árbol de la riqueza
Al concluir su obra de creación, Olodumare plantó el árbol de la prosperidad, una planta de ikín que contenía todas las riquezas, y dejó como vigilantes a una boa, un carnero padre y un gallo. Doscientas divinidades trataron de obtener la riqueza del árbol y todas fracasaron, pues ninguna se interesó en averiguar cómo se recogían sus frutos.
Orunmila, antes de intentarlo, visitó a tres adivinos de Ifá, quienes le dijeron: «Quien vacía el río de agua arruina el hogar de los peces; solo el hombre paciente triunfa». Le ordenaron, para empezar, que derribara su casa en el Cielo, porque sin eso no podría traer la prosperidad a la tierra. Debía levantar una casa de hojas especiales encima del santuario de Eshu, y los sacerdotes la derribarían usando un macho cabrío. Por esa razón, cuando este signo aparece en una consulta, se pregunta si la persona está construyendo una vivienda y, de ser así, se le recomienda detener la obra durante un tiempo.
Terminado ese primer sacrificio, Orunmila acudió con otro sacerdote de Ifá, quien le mandó preparar un sacrificio con mucho maíz, bastantes trozos de ñame y numerosas jutías. A Eshu le correspondía un macho cabrío y una escalera. Parte del material debía ir en una bolsa hasta la base del árbol.
Al llegar, la boa fue la primera en lanzarse contra él. Orunmila obró como le habían indicado: le arrojó una jutía a toda prisa y la boa la devoró en un instante. Después el gallo agitó las alas, listo para cantar, y Orunmila le echó una buena cantidad de maíz; el ave se puso a picotear. Con eso se calmaron las amenazas de la boa y del gallo.
El carnero padre se plantó firme, listo para embestir. Orunmila le tiró los trozos de ñame y el carnero se puso a comerlos. Colgada la bolsa a su lado, Orunmila subió usando la escalera que Eshu había colocado y recogió todos los frutos de la copa.
Cuando el gallo ya había comido todo el maíz que quería, buscó a Orunmila con la mirada y lo descubrió arriba, en la copa del árbol. Aleteó y cantó «Orunmila gegoo», que desde entonces es el cacareo del gallo y quiere decir que Orunmila fue el primero en subir al árbol de la riqueza. Orunmila respondió con un canto.
Ese es el secreto con el que Orunmila puede volver ricos y prósperos a sus hijos.
3La ingratitud del Olofen
Eyi Elemere se había enriquecido y se había hecho famoso, y más tarde lo nombraron uno de los cuatro adivinos del rey de Oyó. Era el único que residía en la tierra, pues los demás habitaban el cielo: Okpotere, Ataarata y Agbara. Cada cinco días iban al palacio del Olofen a hacer adivinaciones.
Al Olofen le fastidiaban de tal manera el talento y la riqueza de Eyi Elemere que resolvió acabar con él. Ordenó abrir en el piso del palacio un agujero que daba a un abismo sin fondo, y tapó la boca con una estera. Después invitó a Eyi Elemere al palacio. Apenas llegó, le indicaron con gestos que se sentara en la estera. En cuanto lo hizo, se hundió por el agujero y apareció en el cielo.
Vagaba sin destino cuando se cruzó con uno de sus colegas celestiales, con quien solía adivinar en casa del Olofen. El colega quiso saber qué hacía allí, y Eyi Elemere respondió que venía de visita. Pronto se juntaron los tres adivinos del cielo, descuartizaron una cabra y celebraron con él. Cuando acabó la comida, lo alistaron para volver a la tierra, pero insistieron en que se quedara a dormir, y aceptó. Al amanecer le obsequiaron otra cabra y le enseñaron el camino más corto hacia la tierra. En un instante estaba de nuevo en su casa, donde hizo una fiesta con la cabra del cielo para sus amigos y seguidores.
Tres días más tarde correspondía ir al palacio, pero esta vez Eyi Elemere no quiso ir. Los tres adivinos del cielo llegaron y no lo encontraron. Preguntaron al Olofen por qué faltaba Orunmila, y este respondió que Eyi Elemere se había escapado de la tierra. Ellos exigieron mandar un mensajero a su casa. Fueron necesarios dos mensajeros para que él respondiera. Por fin llegó y tomó su sitio acostumbrado. Antes de empezar la jornada, relató el trato que el Olofen le había dado cuatro días atrás.
El Olofen no tuvo defensa y se le impuso en el acto una multa de cuatro cabras y cuatro barriles de vino. El Rey la pagó y entonces se realizó la adivinación del día. Al levantarse los adivinos para volver a sus destinos, entonaron un canto cuyo sentido era este: su adivinación para el Olofen había recibido ingratitud como pago; quien recibe un favor debe devolver otro, pues una mala acción rompe la relación entre las personas.
5La madre de seis hijos — Habiendo perdido tres hijos, la mujer llevó su sacrificio hasta la casa de la madre de la Muerte. ¿Qué hizo allí? 6Agbani engañó a Orunmila — Agbani se escapaba a diario a ver a su querido. Orunmila no la siguió: le cortó la pisada con un ensalmo. 8Oyá cautivada por Ogún — Oggún tenía a Oyá amarrada y vestida de piel de tigre, porque conocía su fuerza. Elegbá tomó cartas en el asunto. 9El dinero en el palo largo — Oloddumare puso el dinero en lo alto de un palo, custodiado por cuatro guardianes. Orunmila pasó entre ellos. ¿Cómo? 10Ayé, la suerte fea — Orunmila quería lo más bonito de la suerte; Elegbá le ordenó cargar con lo más feo: una mujer llena de granos. 17El hijo maligno de Oshún — El primer hijo de Oshún la maltrataba, y ella fue a verse con Orunmila. Esa limpieza cambió más de un destino. 24De cuando Oshún era partera — Oshún pasaba trabajos, y el ebbó llevó su propia ropa. Al botarlo encontró un palacio con una princesa desahuciada. 35El ascenso al cielo — El muchacho sospechó que su padrino se veía en secreto con Olofin cada víspera de sábado, y decidió seguirlo. Lo que vio… 36La decepción de la ingratitud — A Eji-Ede lo sacaron de un hoyo tras siete días, y prosperó. Cuando su salvador necesitó ayuda, llegó la prueba. 38La mona de la calabaza — La mona tomó forma de mujer y se casó. Solo el hijo lactante la veía como era, y aprendió a hablar. La palabra no se pierde — se abre
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