En un tiempo, Ikú, la muerte, era solo huesos. Residía en la tierra de Abanikú, donde tuvo un hijo idéntico a ella. Avergonzada, lo tenía escondido. Quería que los huesos del niño se pegaran entre sí y que pudiera tragar y sudar, así que le daba a beber ewé de mastuerzo, mazorquilla, malva blanca, platanillo de Cuba y pelusa de maíz, y usaba lo mismo para taparlo.
Un día, desesperada, Ikú se echó a caminar y anunció que iba rumbo al territorio de Oduduwa, llamado Ñañarikú, donde también vivían Osain y Egun. Llevaba un gallo negro y dos codornices. Durante el viaje cantaba y lloraba.
Cuando llegó, anduvo de un lado a otro sin que Oduduwa se fijara en ella. Furiosa, tomó la tela negra con la que él se envolvía, volvió a su tierra y con la tela tapó a su hijo.
Oduduwa volvió con Osain, y Egun le avisó que Ikú le había robado la tela. Ikú, en cambio, olvidó allí sus aves: el gallo y las dos codornices. Una gran rabia invadió a Osain, pero Oduduwa, al ver las aves, comentó que ella las había olvidado y que ellos tenían hambre, así que podían comérselas. Osain, Egun y Oduduwa se comieron el gallo y la codorniz.
Luego Oduduwa llamó a Osain junto con Egun, y emprendieron el camino. Al acercarse a la tierra de Abanikú, entonaron un canto. Egun echó a correr y se convirtió en Afefé, el viento. Oduduwa hacía sonar un cencerro, y Osain sostenía una codorniz. Cuando Egun llegó junto a Ikú, ella se espantó al reconocer lo que era y rompió a llorar. Huía de Afefé, que no era otro que Egun rodeándola, cuando Oduduwa y Osain salieron a recibirla.
Entre lágrimas, Ikú le explicó a Oduduwa lo que ocurría. Él le señaló que se había llevado su sábana de abrigo. Ella respondió que la quería para esconder a su hijo de la vista de todos. Oduduwa decidió entonces concederle el poder de Egun, mientras Osain daría al muchacho el poder de la carne, para el día en que se convirtiera en Egun.
Ikú se alegró mucho. Oduduwa agregó que aquella sábana, a partir de ese momento, serviría solamente para dibujar los signos de Egun cuando alguien muriera y se le diera de comer para que tuviera poder.
Los tres partieron hacia la tierra de Ikú, haciendo sonar la campana (agogó) y cantando. Una vez allí, Osain excavó un hoyo; llevaban una tortuga. Oduduwa dibujó el signo Irete Trupon; luego los Egun acostaron al hijo de Ikú en el hoyo y lo envolvieron en la sábana. Después Osain y Oduduwa se pusieron a cantar.
La tarea duró siete días. Al final, Oduduwa informó a Ikú que los huesos del niño ya estaban cubiertos de carne bien adherida. Osain añadió que además tenía cabello, ojos y su naturaleza, y que debían alimentarlo para que pudiera andar.
Ikú quiso saber qué debía traer, y Oduduwa la mandó a preguntárselo a Osain. Este pidió 9 palomas negras para entregárselas a Egun junto con el niño; así le darían el iwín ni odara, que es el espíritu vital, es decir, el yo que toma cuerpo. Para sí mismo, Osain pidió un pollo grifo, una codorniz y una tortuga.
Ikú se fue feliz a buscar todo eso. Mientras recorría el camino, Oduduwa y Osain retiraron la capa de tierra superior y comprobaron que el hijo de Ikú ya tenía carne, ojos y pelo. Volvieron a taparlo con la tela negra, escribieron de nuevo Irete Trupon y, antes del regreso de Ikú, llamaron a Egun para que se metiera dentro del cuerpo del muchacho.
Al volver, Ikú vio que algo se movía, se asustó y lloró; Oduduwa le pidió calma. Osain se puso a comer lo traído por ella. Oduduwa le indicó que debía entrar en un hoyo para hacer la ceremonia. Osain agarró la paloma y, junto a Oduduwa, inició el rito, acompañado de un canto. En ese mismo instante, el hijo de Ikú salió a caminar por el mundo.
Desde entonces, la humanidad nace como espíritu y es Ikú quien se lleva a cada persona cuando la necesita. Quien lleve este signo debe alimentar de vez en cuando a Orún con 3 palomas, junto con Egun. Fue con Orún con quien la muerte convivió primero tras ver a su hijo así, y a él le regaló 3 palomas negras.
La vergüenza por un hijo no se resuelve escondiéndolo. Quien acude a los poderes mayores descubre que lo que era solo hueso puede recibir cuerpo y vida. El espíritu acompaña a la persona desde que nace y vuelve cuando la muerte lo reclama.
Tela negra, 2 huevos de gallina, raíz de caña brava, pelusa de maíz, platanillo de Cuba, un gallo negro, ayakuá, manteca de corojo, toda clase de carne, ewé toborquikan, gungun erán malú, jobo, toda clase de palos, muchos bichos de la tierra y mucho dinero.
El gallo se entrega a Ikú; sus huevos van dentro del ebbó.
Cada cierto tiempo debe alimentarse a Orún con 3 palomas, junto con Egun.
Abanibiku Seku Eran Omo Yenio Obagua Yekun Osain Omo Ni Joro Joro Obayebi Oduduwa Omo Eran Shishe Awa Ni Orunmila Iku Ñañariku Iku Baba Yere Omo Iku Obaribo Osain Omo Iku Joro Joro Obana Ishe Shishe Eran Gungun Omo Iku Ibashe Osain Ibashe Oduduwa.
Ñañariku Iku Loñare Oduduwa Agua Loyare Omo Abanibikun Omo Iku Ñañariku Loro Omo Loyare.
Egun Niyore Niyore Guan Gua Egun Iku Maguao Lode Ni Olona Umbo Agua Llore Iku
Afefe Lokun Egun Kuilodo Afefe Lekun Egun Omo Yare Egun Kuilodo
Eran Nile Iku Eran Gbogbo Eran Nile Iku Egun Obani Lokun Gbogbo Eran Egun Iku
Egun Dide Egun Oni Gualode Lona Yeye Iku Lorun Agua Iku Bagua Lode Lona Egun Iku Lorun Nare Oni Lokun