Patakíes · Los caminos del Odù
1Okuburo, el hijo de Obatalá, y los tres hijos de Oshún
Los tres Awoses hijos de Oshún no hicieron los ebboses: Teteregun murió, llamó a Ishu Omalabo, que también murió, y sus sombras afectaban a Ifá Eledá; en la tierra Buruku Yale los Egun caminaban con los vivos, hasta que Obatalá, Oyá y Orunmila limpiaron al pueblo y untefaron a Okuburo — desde entonces, frutas y agua debajo de la cama alejan a los Egun.
Oshún tenía tres hijos y los tres eran Awoses, hijos de Oluó Ikoñí. Se llamaban Teteregun, Ishu Omalabo e Ifá Eledá. Ellos vivían muy bien, tenían mucho dinero y por eso tenían mucha envidia encima.
Orunmila y su Oluó les habían mandado a hacer varios ebboses, para que el arayé no les alcanzara la cabeza y no se quedaran ofo lerí. El mayor solo se ocupaba de su maíz, el segundo de su ñame, y el tercero era el único que seguía los consejos de su Oluó.
El mayor, Teteregun, que no hizo nada, murió y andaba en sombra, llamando a sus hermanos. Y tanto llamó que el segundo, Ishu Omalabo, al poco tiempo se enfermó de la cabeza y también murió, y se reunió con su hermano, empezando sus sombras a afectar la cabeza del más chico, Ifá Eledá. Este empezó a sentirse como si su cabeza no fuera la suya. Entonces su madre Oshún, que lo vio así, llamó a su Oluó Ikoñí, el cual le vio Irete Kután y le dijo que Ikú lo estaba persiguiendo, le hizo Oparaldo y le dijo: «El ñame se mete debajo de la tierra y nace; el maíz, de igual forma. Pero si tú bajas a la tierra, no sales más».
Y las sombras de todos los Egun, de Ikú y de Arun se levantaban en las tumbas y se metían en las casas de toda aquella gente, y nadie podía vivir tranquilo, pues no se podía dormir porque los Egun no dejaban.
Obatalá hacía tiempo que no veía a su hijo y se puso en camino a la tierra Buruku Yale. Cuando llegó, vio a muchas gentes a las que les daban ataques y andaban mal de los nervios por los Egun. Llegó de noche y se quedó a dormir en una casa, a esperar el día para ir a ver a su hijo. Pero a él tampoco los Egun lo dejaron dormir, y empezó a preguntar qué pasaba. Las gentes le dijeron que eso era que Okuburo siempre estaba en la tierra de Yewá, llamando a todos los Egun, y que por él nadie podía estar tranquilo.
Obatalá fue a la tierra de Yewá y así se encontró a su hijo Okuburo, el cual, cuando vio a Obatalá, se puso muy contento, le dio foribale y le empezó a dar quejas de las gentes de esa tierra, ya que los únicos que lo entendían eran los Egun e Ikú. Cogió y empezó a darles de comer a los Egun con los jio jio, y las sombras empezaron a salir. Obatalá se dijo: «Esto le viene a mi hijo por la parte de Oyá, su madre, y es la única que lo puede salvar, porque Okuburo se está volviendo loco». Se puso en camino a buscar a Oyá, llevando agogó y tres palomas, cantando: OYA JERIJERI JEKUA IYANI BEBEWA OKUBURO IYA SOKU ONILE...
Entonces Oyá, que lo oyó, le salió al encuentro y Obatalá le contó todo lo que pasaba con Okuburo en la tierra Buruku Yale. Oyá le dijo: «Vamos a casa de Orunmila». Y cuando llegaron, este se había visto Irete Kután y les dijo a Oyá y a Obatalá: «Ustedes vienen por una preocupación muy grande que tienen con Elegbá, que es su hijo, pues siempre está entre todos los fenómenos. Hay que ir a esa tierra para salvarlo, y untefarlo, para que esa tierra esté más tranquila».
Oyá, Obatalá y Orunmila se pusieron en camino y, cuando llegaron a la tierra Buruku Yale, empezaron a ver cómo estaban las gentes: parecían bobas y adormiladas, y los Egun caminaban junto con los vivos. Entonces Obatalá cogió una paloma y los comenzó a limpiar a todos, cantando: SARAYEYE IWORIWO IWORE EGGUN EGBAROKO MA BAYE. Y todas las gentes se despertaban. Entonces llegaron donde estaba Okuburo y Oyá lo llamó a la puerta de la tierra de Yewá: OKUBURO IÑA COSI COSI ELESE EYO OMO SOKUN OMO LAYINI IYANSAN.
Okuburo salió, y Obatalá, Oyá y Orunmila lo llevaron, junto con la piedra que tenía en la tierra de Yewá, hasta una mata de aroma, y allí Orunmila lo limpió con los mismos jio jio que él tenía, cantándole: SARAYEYE LABERO UNLO IKU BEBEWA ELEGBA LONA...
Entonces Orunmila lo llevó a su casa y le hizo Untefá, y le salió Irete Kután, y le dijeron que nunca más podía ir a la tierra de Yewá. Y dijeron: «Para que todas las gentes de esta tierra se alejen de la sombra de los Egun, deben tener una canasta de frutas debajo de sus camas, cambiándolas a cada rato, y un plato grande con agua con aro, para que las sombras de los Egun no conozcan esta tierra y se retiren a la suya».
Desde entonces, aquella tierra comenzó a prosperar y las gentes a considerar a Okuburo, que desde entonces se llamó Awó Kogda.
2Los tres agboranes con collares de Elegbá, Obatalá y Oyá
Camino y ebbó de los tres muñecos de cedro cargados, con los collares de Elegbá, Obatalá y Oyá: se lavan con omiero de guamá, viven y comen con Elegbá, y con ellos se vence a la sombra de los Egun de la tierra de Yewá.
De este camino viene el ebbó de los tres agboranes: gallo, 3 jio jio, 3 palomas blancas, 3 muñecos de cedro cargados, tierra de tres árboles distintos de la tierra de Yewá, tres pedazos de carne de res, tres garabatos de aroma, tierra de tres sepulturas distintas, toda clase de granos, tres collares (de Obatalá, Elegbá y Oyá), una palangana de agua con añil, una canasta con frutas, tres cabezas de pescado fresco, tres huevos de gallina, flecha, trampa, ropa del cuerpo y todos los demás ingredientes.
Los jio jio se le dan a Elegbá al pie de una mata de aroma; los tres garabatos, a Elegbá; la carne de res, para la rogación de cabeza con aguardiente y pimienta. La palangana con agua de añil va a la cabecera y después el agua para la calle; la canasta con frutas, siete días debajo de la cama y después al mar; a las tres cabezas de pescado se les unta corojo, se le ponen a Elegbá y después van a la esquina.
Carga de los agboranes: tierra de bibijagüero, de tres tumbas y de todos los lugares que se consiga, afoshé de los tres árboles de la tierra de Yewá, ilekán, cabezas de zunzún, de gallo y de guinea, corazones y cabezas de las tres palomas (que se les dan a los agboranes vacíos en la tierra de Yewá, después del ebbó, una en cada tumba), corazón de tiñosa, cabeza de jicotea, cáscara de huevo sacado, raíces de álamo, atiponlá y coco, pelusa de ikín, vergonzosa, semillas de algodón machacadas, y los palos amansa guapo, cambia voz, paramí, yamao, ceiba, batalla, guamá, caja y ramón, con 16 pimientas, jutía, obí, kolá, orogbo, airá, osun, obí motiwao y el iyefá del ebbó.
Cada muñeco lleva un collar: uno de Elegbá, otro de Obatalá y otro de Oyá. Los agboranes se lavan con omiero de guamá y viven y comen con Elegbá. Del omiero se toma un poco y con el resto se baña la persona.
3Para ser Santo, tiene que morir (Ikú lobí Osha)
Olofin ordenó a los espíritus de fuego (Agba Odun) adorar a los seres de barro (Eda Murin); Alosin Buruku se negó e incitó el mal, y Olofin soltó a Ikú Alashona — los Eda Murin que morían eran convertidos en piedra por el Rey de los muertos, para volver a la Tierra a ser adorados: así surgieron Obatalá, Shangó y los Orishas.
Al principio del mundo, Dios creó todas las formas de los 4 elementos primarios: aire, tierra, fuego y agua. Estas formas se fueron perfeccionando hasta ser los Eda Murin, que tenían percepción extracorpórea.
Los espíritus superiores, que eran los Agba Odun, estaban forjados al fuego. Olofin ordenó a todos los espíritus Agba Odun que tenían que adorar a los Eda Murin (de barro). Un Agba Odun, que se llamaba Alosin Buruku, no los quiso adorar y dijo: «¿Cómo voy a adorar a esos seres de barro, cuando yo soy de fuego?».
Olofin le ordenó vivir separado de él. Entonces Alosin Buruku comenzó a incitar el mal en los Eda Murin, hasta que estos casi no adoraban a Olofin.
Olofin llamó a Ikú Alashona, que era el Ángel de la muerte, y le indicó su labor en la Tierra, cantando: OPOLOPO ELERI IKU BOGBO EDA MURIN IKU LOBI OSHA ORISHA EGGUN.
Todos iban muriendo. Entonces Olofin puso al frente del planeta a Omalye Egun, que era el Rey de los muertos, e iba convirtiendo en piedra (otá) a los Eda Murin que morían. Todos conservaban su nombre pero, para expiar su falta, tenían que venir de nuevo a la Tierra para ser adorados en piedra. Así surgieron Obatalá, Shangó, etc.
Por eso es que IKU LOBI OSHA INTORI EGUN, que quiere decir que, para ser Santo, tiene que morir, porque de no ser así, no puede convertirse en Santo.
4El primer hombre que cultivó la tierra🔒 Babalawo
5El pacto de Orishaoko🔒 Babalawo
6El trato entre el hombre y la tierra🔒 Babalawo
7El porqué la tierra adquiere el poder🔒 Babalawo
8El padrino salva (Igbín y el caldero)🔒 Babalawo
9A la tierra le quitan el habla🔒 Babalawo
10Los tres amigos: Lembe, Kukale y Teteregun🔒 Babalawo
11Los tres hermanos y la limpieza🔒 Babalawo
12Inle Ogueré y sus tres hijos🔒 Babalawo
13Los hijos de la Tierra y el viejito🔒 Babalawo
14Los cinco días o los siete🔒 Babalawo
15Okuburo y la ingratitud🔒 Babalawo
16Kafún Arabá: los Ibeyi y el tambor de la muerte🔒 Babalawo
17El gran poder de Orún y Oroíña🔒 Babalawo
18El perro y el ganso de Obatalá🔒 Babalawo
19Babá cambia perro por ganso🔒 Babalawo
20La prodigiosa🔒 Babalawo
21Los zombis: el bayado de Magba🔒 Babalawo
22Los hijos del Dilogún: nace la consagración del Oriaté🔒 Babalawo
23Peregún se inicia en Ifá🔒 Babalawo
24El año de la fortuna🔒 Babalawo
21 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →