Oshún era madre de tres awoses, discípulos del Oluó Ikoñí: Teteregun, Ishu Omalabo e Ifá Eledá. La vida les iba bien y tenían dinero de sobra, lo que les atrajo una gran envidia.
Orunmila y el Oluó les habían marcado varios ebbós, para que el arayé no los alcanzara en la cabeza y no terminaran ofo lerí. Sin embargo, el mayor solo pensaba en su maíz y el segundo en su ñame; únicamente el menor atendía lo que decía el Oluó.
El mayor, Teteregun, no cumplió con nada y murió; su sombra siguió rondando y llamando a los hermanos. Tanto insistió que Ishu Omalabo, el del medio, enfermó de la cabeza poco después y murió también, y se juntó con él. Entre las dos sombras comenzaron a trabajar la cabeza de Ifá Eledá, el menor, hasta que este sentía esa cabeza como ajena.
Viendo a su hijo en ese estado, Oshún llamó al Oluó Ikoñí. Este se consultó, le salió Irete Kután y anunció que Ikú iba tras el muchacho. Le hizo un Oparaldo y le dio una advertencia: el ñame y el maíz se esconden en la tierra y brotan, pero quien desciende a la tierra ya no regresa.
Entre tanto, salían de los cementerios las sombras de los Egun, las de Ikú y las de Arun, y llenaban los hogares de ese pueblo. Nadie estaba en paz, y dormir era imposible por culpa de los Egun.
Pasado un tiempo sin ver a su hijo, Obatalá se encaminó a la tierra de Buruku Yale. Allí vio a numerosas personas con ataques y destrozadas de los nervios por los Egun. Como había llegado de noche, se alojó en una casa para visitar a su hijo por la mañana, pero los Egun tampoco lo dejaron dormir. Al preguntar la causa, le contaron que Okuburo pasaba los días en el territorio de Yewá reuniendo a los Egun, y por esa razón nadie descansaba.
Obatalá llegó al territorio de Yewá y encontró allí a su hijo Okuburo. Este se alegró al verlo, lo saludó con foribale y se quejó de la gente del lugar: solo lo entendían los Egun y Ikú. Acto seguido ofreció jio jio de comida a los Egun, y de allí fueron saliendo las sombras. Obatalá pensó que ese mal le llegaba al hijo por el lado de Oyá, su madre, y que solo ella podía salvarlo, pues Okuburo estaba perdiendo la razón. Partió en busca de Oyá, llevando un agogó y tres palomas, y cantó durante el viaje.
Oyá lo escuchó y salió a recibirlo. Obatalá le explicó lo que sucedía con Okuburo en Buruku Yale, y ella dijo que fueran con Orunmila. Él ya se había consultado y le había salido Irete Kután. Les dijo que los preocupaba mucho Elegba, su hijo, que siempre andaba entre toda clase de fenómenos. Debían ir a ese pueblo a rescatarlo y practicarle untefá, para que el lugar se calmara.
Los tres partieron. Al entrar en Buruku Yale vieron a la gente aturdida y adormilada, mientras los Egun caminaban entre los vivos. Con una paloma en la mano, Obatalá fue limpiando a cada uno mientras cantaba, y las personas iban despertando. Siguieron hasta donde estaba Okuburo, y Oyá lo llamó con un canto desde la entrada del territorio de Yewá.
Okuburo salió. Los tres lo llevaron, con la piedra que guardaba en la tierra de Yewá, a una planta aromática, y allí Orunmila lo limpió con sus propios jio jio y le cantó. Después lo condujo a su casa, le practicó untefá y volvió a salir Irete Kután. Se dispuso que Okuburo no volvería a pisar la tierra de Yewá.
Dejaron además una indicación para todos los habitantes: para apartarse de la sombra de los Egun debían guardar una canasta de frutas bajo la cama, renovándola a menudo, y un plato amplio con agua con aro, de modo que los Egun no reconocieran el lugar y regresaran al suyo.
Desde entonces aquel lugar prosperó y sus habitantes pasaron a considerar a Okuburo, quien desde ese día fue conocido como Awó Kogda.
Descuidar el ebbó no solo afecta a quien lo deja de hacer: la sombra de los muertos puede pasar a los hermanos y a todo un pueblo. Hacer lo que aconsejan los mayores y mantener en la casa cuidados sencillos ayuda a que los Egun se alejen y vuelva la calma.
Cada habitante debe guardar bajo su cama una canasta de frutas, que se renueva a menudo, y un plato amplio con agua con aro. Con esto las sombras de los Egun no reconocen el lugar y regresan al suyo.
Okuburo no puede volver a pisar la tierra de Yewá.
Oyá Jerijeri Jekua Iyani Bebewa Okuburo Iya Soku Onile...
Sarayeye Iworiwo Iwore Eggun Egbaroko Ma Baye
Okuburo Iña Cosi Cosi Elese Eyo Omo Sokun Omo Layini Iyansan
Sarayeye Labero Unló Ikú Bebewa Elegbá Lona...