Ebbó: osiadié, bogbo jujú y bogbo eré, bogbo teunyen, bogbo ashó y bogbo ewé, bogbo iguí, bogbo inle y bogbo erán, bogbo eshishí, agujas, flecha, obi, ekú, epó, awadó, oñí, otí, bogbo inso, bogbo aboreo y owó tete boru. Este ebbó se bota muy lejos de donde uno vive.
En la tierra Boro Boshe vivía la Miseria. Por más que se esforzaba, apenas lograba sostenerse, y su padecer no tenía medida. Un día se puso a pensar en cómo salir de aquella situación, y en medio de sus cavilaciones oyó una voz lejana que la llamaba: «Boro Boshe Yebi Olona, Agba Boro Boro Agba Ikú». Ikú se le apareció a la distancia. La Miseria sintió miedo, pero Ikú le dijo: «¡Sígueme!». Y detrás fue, hasta la tierra Moloni Molorun, donde vivía la Necesidad.
Juntas, la Miseria y la Necesidad se contaron los padecimientos que cargaban, imposibles de soportar. Se les iba la vida llamando a Obatalá: lloraban, peleaban, volvían a llamarlo, y el tiempo corría.
Cuando ya las dos estaban rendidas, Obatalá resolvió recorrer el mundo para ver qué ocurría. La última tierra a la que llegó fue Moloni Molorun, y allí encontró, casi sin fuerzas, a la Miseria y a la Necesidad de Oshé Yeku. A las dos les pasó la mano. Traía un apó con ñame, eyelé y ewefá: con eso les hizo ebomisí y oborí. Luego les habló: «Yo les voy a dar de todo un poco, pero todo se los daré poco a poco, porque ustedes siempre tienen que existir en el mundo». A la Miseria le entregó otí; a la Necesidad la puso a comer ñame, que le dio fuerzas para pelear. Y añadió: «Vayan a la tierra Obaye Be Ifa, donde vive Orunmila; llévenle todo esto para que les haga ebbó. Díganle que yo las mandé».
Obedecieron. Al llegar a casa de Orunmila encontraron a Shangó cocinando toda clase de unyén. Orunmila le pidió que les diera de comer, pues venían con hambre y con muchas ansias, y que él mismo les hiciera después el ebbó. Terminado el trabajo, Shangó les entregó el ashé con estas palabras: «Oshé Yekú Boro Boshe Benireo, Oshé Baba, Oshé Nile Agba Yore Ifa Odara». Y les advirtió: «Este ebbó tienen que pasarlo por todas las tierras, y con esta campana irán tocando y cantando». El canto decía: Agogo Nile Wawao Agogo…
Por cada tierra que atravesaban salían Egun, Oshas y Orishas a caminar detrás de la Miseria y la Necesidad, cantando y pidiéndole a Obatalá y a Olofin por ellas. Así anduvieron hasta que Elegbá las oyó: les dio su ropa y cuanto dinero tenía, y las dos prosperaron. Entonces la Miseria, la Necesidad y Elegbá fueron a dar las gracias a Shangó y a Orunmila, y a rendirle moforibale a Obatalá, que tenía listo para ellas un agborán obiní para que lo adoraran.