En la tierra Gogo Orun, muy misteriosa, vivía Orunmila con el nombre de Awó Ori Kalekun; allí no hacía sino el bien, y aun así le sobraban enemigos. Aquella tierra rendía culto a Ikú Lari, sombra grande de Ikú, con morada en Inle Yewá, que salía a recorrerla para llevarse a quien Olofin dispusiera. A Awó Ori Kalekun, en cambio, siempre lo respetó, y hasta se le aparecía de noche en sueños para avisarle lo que sus enemigos le tramaban. No faltaba quien la llamara para acabar con él, pero ella respondía que se lo llevaría el día que Olofin lo mandara, no cuando alguien lo pidiera.
Un día el Awó se vio Iroso Yekun, Ikú Otonowa, y salió rumbo a Ilé Yewá con dos gallinas negras y tres palomas negras. Nada más entrar le habló un cráneo y se asustó; entonces apareció Yewa y lo tranquilizó: «No te asustes, ese es Awó igual que tú: se llama Awó Ifá Orun Abi Orun y te va a ayudar». El cráneo le pidió que pusiera su Ifá junto al suyo y le diera de comer, y le entregó 21 ikines chiquitos sin pelar, el secreto de Osanyin con que se alimentaba a Ikú Lari; Yewa, por su parte, le dio los huesos del pie derecho e izquierdo para su fundamento. Al llegar Ikú Lari y ver aquel secreto, abrazó al Awó: «Solo te llevaré cuando te toque, y el que disponga de ti sin permiso de Olofin tendrá sobre él la maldición mía, de Yewa y de Olofin». Por eso el Ifá de este Awó vive en un cráneo de madera, y sus hijos no llevan más que dos nombres: Ifá Ori Malekun e Ifá Orun Abi Orun.