Patakíes · Los caminos del Odù
1Cuando Ikú golpeó en el vacío
Ikú iba a matar a un hombre y fue a mirarse con Orunmila, que le vio este Ifá: «Tienes que hacer ebbó, o el golpe caerá en el vacío». Arrogante — «¿yo, hacer ebbó?» — no lo hizo. Cuando llegó a dar el golpe, lo dio en el vacío: el hombre tenía gran suerte y se salvó de la muerte.
Una vez Ikú iba a matar a un hombre, y decidió ir a mirarse con Orunmila. Este le hizo osode, le vio este Ifá y le dijo: «Tienes que hacer ebbó, pues si no, el golpe caerá en el vacío». Ikú, muy arrogante, se dijo: «¿Yo, hacer ebbó?» — y se fue sin hacerlo.
Cuando llegó adonde estaba el hombre para darle el golpe, lo dio en el vacío, porque el hombre tenía gran suerte, y se salvó de la muerte. Haga ebbó para que lo suyo no caiga en el vacío: de no hacerlo, nada de lo que emprenda le resultará — si hasta a la muerte le pasa, a usted también.
2El Awó que mandó el ebbó con su hijo
Un Awó de pésima situación hizo el ebbó del chivo con cuernos, que debía llevar él mismo fuera del pueblo — pero como era fiestero, lo mandó con su hijo. El muchacho lo dejó sobre la jaula de las fieras de un circo; una tiñosa lo tumbó y los cuernos se encajaron en el hijo del rey. Preso el muchacho y amenazado de muerte, el Awó volvió a Orunmila: rehecho el ebbó por su propia mano, el príncipe sanó — y curando al otro hijo del rey, ganó fortuna.
Era un Awó de pésima situación que se hizo osode con Orunmila: ebbó con un chivo con cuernos, un gallo y un cencerro, poniendo dentro la cabeza del chivo, y llevándolo él mismo fuera del pueblo. Hecho el ebbó, como era fiestero y había fiesta en el pueblo, mandó a su hijo a llevarlo. Era víspera de la llegada de un circo con muchas fieras, que se paseaban por la ciudad; el muchacho se entretuvo mirando los animales, pensó que lo mismo daba un lugar que otro, y depositó el ebbó en el techo de una de las jaulas — y hubo curiosos que lo vieron.
Al día siguiente las fieras estaban intranquilas por el olor. El hijo del rey paseaba por el lugar cuando una tiñosa, tratando de coger el ebbó, lo tumbó: le cayó encima, y los cuernos del chivo se le encajaron, poniéndolo grave. El rey investigó, los curiosos delataron al muchacho, y el rey lo apresó, advirtiendo al Awó: «Si mi hijo muere, lo mandaré a matar». El Awó volvió a consultar, y Orunmila le dijo que el accidente era culpa suya, por irresponsable: que volviera a hacer el ebbó y lo llevara él mismo al pie de un árbol. Así lo hizo, y el enfermo mejoró de manera sorprendente. «¿Cómo lo has conseguido?», preguntó el rey. «Con el ebbó». Y como el rey tenía otro hijo enfermo, ofreció una gran fortuna: Orunmila confirmó el ebbó, el otro hijo sanó, y a partir de ahí el Awó fue feliz.
3Ikú Makuao, la sombra más grande del mundo
Ikú Makuao, la madre de la muerte, recorría las tierras con todos los osobos bailando a su alrededor, y los hijos del mundo se perdían sin tiempo de esconderse. Obatalá y el Awó Abebe Orun, tapados de paño negro y la cara de blanco, llegaron hasta Orunmila, que hizo la gran obra de siete días. Abebe Orun salió antes de tiempo y la muerte lo metió en el kutún — y sobre él, Orunmila selló el pacto: los osobos comieron, besaron la tierra, y se comprometieron a apartarse donde se haga esta operación.
Ojuani Pokón Ikú Makuao era la sombra más grande del mundo y la madre de Ikú. Vivía en la tierra Lerei Yeye, visitada por todos los osobos — Arun, Ofo, Eyo, Iña, los males de los enemigos — que la acompañaban a las distintas tierras, cada vez con más ruido. Algunos hijos podían esconderse, pero la mayoría no tenía tiempo. Ella cantaba «Pokón lele Ikú, Ikú moyegua», y los osobos bailaban a su alrededor. Obatalá le dijo a Olofin que había que hacer algo antes de que cogiera más fuerza; pero cada vez que hablaban, algún osobo los escuchaba y le avisaba a Ikú Makuao, que cambiaba de táctica y mandaba a esa tierra un osobo distinto.
El Awó Abebe Orun, asustado porque en su tierra ya no quedaba casi nada, fue a ver a Obatalá, que le confesó: «Hemos hecho todo lo posible, y cada día Ikú Makuao está más fuerte: si sigue así, no dejará nada». Abebe Orun se echó a llorar, y Obatalá dijo: «Vamos donde Orunmila — el único que nos puede salvar —, pero para llegar sin problemas hay que taparse la cabeza y el cuerpo con paño negro y la cara con paño blanco». En el camino recogieron tres pashanes, y Obatalá iba dando golpes fuertes en la tierra mientras Abebe Orun cantaba: por donde pasaban, todo se iba aclarando. Orunmila, que también estaba asustado, cogió el ókpele y salió Ojuani Pokón: «Adifafún Ikú Makuao. Tengo que realizar una gran obra: ustedes deben estar aquí siete días sin salir, ni siquiera a la puerta». Comenzó la ceremonia con gallina negra y pollón negro y las telas de ambos; pero como no veían nada, se imaginaban que no estaba haciendo nada. Ikú Makuao venía por el camino bailando y tocando su campana, y a los siete días justos Abebe Orun salió corriendo a la calle — y lo cogió, y lo estaba metiendo en el kutún. Orunmila salió enseguida: echó sobre Abebe Orun la gallina con bastante corojo, el pollón con aguardiente, las telas negras y blancas, los tres pashanes, manteca de cacao y cascarilla, y les dijo a Ikú Makuao y a todos los osobos que pusieran las manos en la tierra y taparan el kutún: «Desde este momento vamos a hacer un pacto. Cómanse esto que yo les doy, que está muy sabroso; y cuando yo haga esta operación a los hijos de la tierra, ustedes se apartan, y dejan que la tierra progrese». Comieron contentos, besaron la tierra y taparon el kutún cantando «Iba koleye». Y así se acabó el terror que Ikú Makuao tenía implantado: las tierras se aclararon, y los hijos prosperaron y vivieron más.
4La hija de Oshún🔒 Babalawo
5Las caretas de Olokun🔒 Babalawo
6El espíritu de la brujería isleña🔒 Babalawo
7El día de la risa y el día del llanto🔒 Babalawo
8La hacienda de Elegba y el gallo tramposo🔒 Babalawo
5 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →