Cuando Ariku, la Longevidad, estaba a punto de dejar el cielo para venir al mundo, la vara de adivinación (Ureke) y el cepillo volador (Oroke), dos servidores de Orunmila, hicieron una consulta para él. El resultado fue que debía ofrecer un sacrificio de prosperidad: vino en una vasija, un gallo, un machete, un pescado, una rata y una bolsa con dinero, porque su camino en la tierra tendría baches. Cumplió. Una parte del vino se mezcló con medicina en una vasija pequeña, y esa fue la que bebió.
Su destino era nacer en la casa de Ogbe Tua. En ese hogar la esposa ya había tenido varios hijos y ninguno sobrevivía al parto. Ariku había ido hasta el palacio de Olodumare a rogar por esa casa, movido por la compasión hacia quienes no lograban conservar a sus hijos.
Cuando la esposa quedó embarazada, Ogbe Tua visitó a Orunmila para saber cómo proteger al niño que venía. Orunmila le pidió un sacrificio con una tela blanca, una cadena, dos caracoles, una paloma, un gallo, un pescado y una rata. Ogbe Tua lo ofreció. Con esos elementos se preparó una medicina, y con ella se fabricaron un cinto mágico (akpalode) y un talismán.
Orunmila ordenó que el niño se llamara Ariku, que el cinto le rodeara la cintura durante los siete días después de nacer y que el talismán colgara de su cuello hasta que fuera grande. Ogbe Tua cumplió sin mucha convicción, pues ya estaba acostumbrado a perder hijos. Pasados nueve meses nació un varón. En la ceremonia del séptimo día recibió el nombre de Ariku, el cinto y el talismán. Se anunció además que la madre volvería a concebir después de su primer ciclo, que sería una niña y que su nombre debía ser Omotade.
Para ese segundo embarazo había que repetir el sacrificio, ahora con otros elementos, con los cuales se prepararía la medicina. Ogbe Tua reunió y confeccionó todo; la medicina se hizo y se ató a los niños como talismán. A los tres meses la esposa quedó encinta y nació la niña, Omotade. Siguiendo lo que indicó el sacerdote de Ifá, la medicina se puso bajo su almohada y el talismán colgó de su cuello. A Ogbe Tua se le comunicó que el cielo le había despejado el camino con un Ono de Ifá hecho especialmente para sus hijos, y que alcanzaría la madurez.
Pero cuando los hijos ya estaban a salvo, Ogbe Tua se relajó y dejó de cumplir con su familia. Se dedicó a la música, aparecía en todas partes y bailaba con los sacerdotes adivinos. Se alejó de su esposa y ella no pudo concebir de nuevo. Ariku creció sin el cuidado de su padre, se descarriló y se juntaba con gente dudosa. Tal como le advirtieron en el cielo, se volvió pendenciero y peleaba con todo el mundo.
Cuando Ogbe Tua notó cómo había cambiado su vida, consultó el oráculo. Le advirtieron que su manera de vivir amenazaba su existencia y la de sus hijos, y que debía volver a su hogar y establecerse con su familia, tras un sacrificio en el que Eshu recibiría un chivo y su Ifá una chiva, y dejando de vagar. Como no tenía casa propia, se instaló en un edificio ruinoso. A Ariku le indicaron atender el Ifá paterno y pedirle al padre que regresara al hogar; así podría prosperar, como se le había anunciado en el cielo.
El Ono de Ifá propio de este odu debe prepararse con esmero, de modo que la existencia de quien consulta quede firme y sin daño.
El sacrificio protege, pero la protección se pierde cuando quien la recibe se confía y se desentiende de los suyos. Los hijos necesitan la presencia y el ejemplo del padre en casa. La buena suerte de este signo está en permanecer en el hogar y atender a Ifá, no en vagar de un lado a otro.
Una bolsa con dinero, una vasija de vino, un gallo, un machete, una rata y un pescado. Parte del vino se mezcló con medicina en una vasija pequeña para que él la bebiera.
Dos caracoles, una paloma, un gallo, una rata, un pescado, una cadena y una tela blanca. Con ellos se prepara la medicina del cinto mágico (akpalode) y del talismán que protegen al niño; su preparación y su uso están en el tratado completo.
Para el segundo hijo se repite el sacrificio y se prepara otra medicina; sus elementos y su uso están en el tratado completo.
Eshu recibe un chivo y el Ifá, una chiva; además, hay que dejar de vagar de un lado a otro.
El Ono de Ifá especial de este odu, preparado con cuidado. La protección contra la muerte de los niños al nacer está en el cinto, el talismán y la medicina del tratado completo, y en asentarse en el hogar.
URANKE MI LAWO LI GONRI, OROKO LOKPOKO, AWON MEJI MEJI, LONDIFA-FUN ARIKU.