Patakíes · Los caminos del Odù
1La avaricia que lo llevó a la muerte
Ogbe Okonron se negó a sacrificar antes de venir al mundo y juró refrescar la tierra caliente, pero hizo la vida imposible a todos. El pueblo hizo ebbó por su cabeza y murió pronto; renació en Ife, hizo fiesta a los ancianos y se hizo famoso.
Los Awó que adivinaron para Ogbe Okonron en el cielo le dijeron que sacrificara para vivir mucho y no arruinarse a sí mismo. Él se negó y juró refrescar el mundo, que era muy caliente. Al llegar, hizo la vida difícil a todos.
El pueblo consultó a un adivino sobre cómo acabar con él; le dijo que aquel hombre ya estaba preparado para la muerte y que hicieran sacrificio con una gallina. Lo hicieron, y al poco tiempo Ogbe Okonron murió.
Reencarnó en Ife, donde le dijeron que hiciera fiesta a los ancianos con una cabra y diera un chivo a Eshú. La hizo, los ancianos oraron por él y le aclararon el camino de su arte, y se hizo famoso. Cuando este Odù sale para quien comienza una empresa o cambia de residencia, debe hacer banquete a los ancianos con una cabra.
2La casa abandonada
Ogbe Konron olvidó no vivir en casas abandonadas y consultaba en un lugar destartalado. Tras sacrificar a su cabeza y a Eshú, este avergonzó al pueblo por consultarse en tal ruina, y le construyeron una casa apropiada.
A Ogbe Konron le aconsejaron no vivir en casas abandonadas y servir a su cabeza con paloma, cabra y caracoles. Olvidándolo, fue a vivir a una morada deteriorada, cuyo techo goteaba, y allí, aunque afamado, consultaba a todos.
Consultó a su Ifá, que le mandó sacrificar un chivo a Eshú y servir a su cabeza. Lo hizo, y entonces Eshú desafió a la gente del pueblo, diciéndoles si no sentían vergüenza de consultarse en un lugar tan destartalado.
Todos se reunieron y le construyeron una casa apropiada. Después vivió feliz y prosperó, como los árboles y las palmas que respetan a la planta jengibre.
3El elefante avaro y Orunmila
El elefante rehusó sacrificar y guardaba en su vientre los regalos de la clientela, negándose a compartirlos, jactándose de que ni Oggún podía con él. Oggún, que lo oyó, lo mató de un disparo, y Orunmila cobró su recompensa.
Un sustituto de Orunmila adivinó para el elefante y para Orunmila cuando iban a la tierra de Owan a practicar Awó; a ambos les marcaron sacrificio para evitar la muerte de uno, por codicia o por palabras de la boca. El elefante rehusó; Orunmila sacrificó una cabra a Eshú y un perro a Oggún.
En Owan, el arte de Orunmila impresionó a todos y tuvieron mucha clientela. El elefante era el tesorero y guardaba los regalos en la bolsa de su estómago. A los 17 días, Orunmila le pidió mostrar las recompensas para compartirlas, y el elefante se negó, diciendo que nada salía de su bolsa a menos que muriera, y que ni Oggún, dueño del bosque, podía con él.
Oggún había oído la conversación, le apuntó y le disparó. El elefante luchó un rato y murió. Oggún llamó a Orunmila para que tomara su recompensa. Para vivir mucho, hay que abstenerse de ser mal hablado, avaricioso y alardoso.
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