Antes de nacer, Ogbe Okonron se consultó con los awó del cielo. La respuesta fue que debía ofrecer un sacrificio si quería tener larga vida y evitar su propia ruina. No lo aceptó. Declaró, en cambio, que él refrescaría el mundo, al que veía demasiado caliente. Sin embargo, una vez en la tierra, se dedicó a complicar la existencia de todos los que lo rodeaban.
La gente acudió a un adivino para saber cómo detenerlo. El adivino respondió que aquel hombre ya estaba listo para morir y que debían sacrificar una gallina. Así lo hicieron, y en poco tiempo Ogbe Okonron dejó este mundo.
Después renació en Ife. Allí se le indicó que preparara para los mayores una fiesta con una cabra, y que entregara un chivo a Eshu. Él obedeció. Los mayores pidieron bendiciones sobre su cabeza, su arte se abrió paso con claridad y llegó a ser muy conocido.
De ahí viene la costumbre: si este odu sale a alguien que inicia un negocio o se muda a otro lugar, debe invitar a los ancianos a un banquete en el que se sirva una cabra.
Rehusar el sacrificio y amargar a los demás recorta la existencia propia. Quien recibe una segunda oportunidad y honra a los mayores obtiene su bendición y el reconocimiento de todos.
Una gallina, que la gente ofreció siguiendo al adivino para librarse de Ogbe Okonron.
Una cabra para la fiesta de los ancianos y un chivo para Eshu. Con esa ofrenda los mayores lo bendijeron y su oficio quedó despejado.
Si la persona empieza una empresa o cambia de residencia, se le aconseja dar un banquete con una cabra a los ancianos.
Erinkui ton ton ton lode, Ere keni oje tere olu akoko ko oha.