1Todo el ashé en manos de Orunmila
Aquí surgió la gracia del ashé de los Osha. En esa época se tocaba el tambor para convocar a la gente, porque el ashé estaba repartido: cada Osha poseía el suyo, y quien lo necesitaba tenía que buscarlo, rogarle y pedírselo.
Pero no siempre había suerte. Unas veces el Osha no aparecía; otras, el que lo buscaba llegaba tarde, y también había quien se negaba a darlo. La persona quedaba sin el ashé que le hacía falta.
Olofin observó las dificultades de ese sistema y resolvió dejar de repartirlo. Eligió a un solo ser para guardarlo todo: Orunmila, quien aún no había recibido la corona, es decir, el Adé de Osha. Fue a él a quien Olofin entregó la totalidad del ashé.
2El rey avaro Otura She pierde el trono
Mucho antes de que Ogbe Di llegara, la tierra de Adafa tenía por rey a Otura She, un hombre listo y codicioso que usaba cualquier medio para salirse con la suya. Con el tiempo muchos habitantes se marcharon. Como la población era enorme, casi nadie lo advirtió.
Un día uno de los que se habían ido visitó a Ogbe Di para consultarse. El osode dio el signo propio de Ogbe Di, quien le explicó que sufría falta de comprensión y que había salido de su tierra por culpa de su gobernante, que lo trataba mal. Ogbe Di le marcó un ebbó y le mandó llevarlo a las tierras de Otura She. El hombre cumplió y le fue muy bien. Sus vecinos quisieron saber cómo había deshecho el embrujo del rey; contestó que gracias a un ebbó de Ogbe Di. Al oírlo, todos fueron corriendo a buscar a Ogbe Di.
A Otura She le sorprendió ver que su poder se desmoronaba, y se preguntó adónde se iba su ashé. Descubrió que el responsable era Ogbe Di, pero el origen real estaba en su propio carácter, altivo y despectivo; era tan ciego que no reconocía sus defectos. Armó entonces, junto al río, una poderosa brujería para acabar con Ogbe Di, y de ese modo estalló la guerra.
Irritado por esa brujería, Ogbe Di se consultó con osode. Volvió a salir su propio signo, que le anunciaba un conflicto permanente. Ifá le marcó el mismo ebbó de la vez anterior y, además, un sarayeye hecho con álamo, ceiba, paraíso y algodón, hierbas de Ifá, que debía llevar a la orilla del río.
Ocurrió que Olofin visitaba cada día a su hija Oloshe. Olofin vio a Ogbe Di llegar con el sarayeye y quiso saber su problema; Ogbe Di le relató lo ocurrido. Olofin recogió barro del río y lo revolvió con el iyé que siempre traía, preparado con cabezas de pescado y de awadó. Con esa mezcla marcó los 16 meyis y, además, los signos de Ogbe Di, Otura She y Oshe Tura; luego se untó la cara y también la de Ogbe Di. Ambos fueron a esperar bajo una salvadera que había junto al agua.
Allí apareció Otura She con su bolsa repleta de brujería y empezó a invocar la ruina de Ogbe Di. No se fijó en los dos hombres de aspecto miserable que lo miraban desde el árbol. Mientras sus súplicas se hacían más crueles, el mayor se le acercó, se plantó ante él y lo llamó por su nombre, preguntándole qué hacía. Otura She reconoció la voz, alzó la cabeza espantado y vio que el otro se quitaba el barro del rostro.
Entonces Olofin se presentó. Le dijo que Ogbe Di era su hermano y que lo atacaba sin justicia, porque no se daba cuenta de que la raíz de su desgracia estaba dentro de él. Le ordenó que desde ese día lo acompañara, que renunciara a su poder y su mando sobre la tierra de Adafa, y que fuera Ogbe Di quien gobernara a ese pueblo.
3Elewa acusa a Orunmila de robo y acaban reconciliados
Elewa llevó una vez un chivo a Orunmila, pidiéndole que lo cuidara. Un día Orunmila necesitó ese animal y lo tomó. Elewa, que ya tenía rencor contra él, vio ahí su oportunidad y fue a decirle a Olofin que Orunmila se lo había robado.
Olofin hizo llamar a Orunmila. Este ya sabía lo ocurrido, así que antes de presentarse consultó con osode y preparó un ebbó con otro chivo. Lo sacrificó, cubrió la carne con la piel del chivo de Elewa, la dejó en distintos puntos del camino y puso guardias.
Elewa pasó por allí, vio carne fresca sin sospechar la trampa, la agarró y se puso a comerla. Los guardias lo vieron y le hablaron: él mismo había dicho que Orunmila le robó el chivo, y ahora se lo estaba comiendo, así que quedaría mal ante Olofin, pues Orunmila ya iba hacia allá con la piel.
Elewa se asustó, corrió tras Orunmila y, cuando lo alcanzó, le pidió perdón. Le prometió que ya no habría más peleas, y que todo lo que hiciera uno por el otro saldría bien. De este modo Orunmila, con su sabiduría, sometió a Elewa mediante un pacto y lo llevó a la obediencia. Este camino de Ifá es el de la reconciliación entre ambos.
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