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Ogbe She

También se le dice Ogbe Oshe

nº 30 de 256 · Edición:

Ogbe Sanwo, el hombre dinero que reparte la fortuna: rico sin medida si sirve a Orunmila — y aquí nace la profecía que siempre se cumple.

29 patakíes 12 eewó 34 ebbós y obras 12 refranes

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Rezo del Odù— el que abre el registro

Ogbe She kantón obayé dewá kodidé saraundere olokukere ololodiye iyá lodé okeré yi moro enidesun efideremo otolarefa eyi boyó nila oddun ayibagadara ñawasi, ñawasi ikowoshe iyá mi washe shiya mi morí yeyeo ashiyami morí yeyeo.

Orden en Ifá
Odù 30 de 256
Composición
Ogbe sobre Oshe
En el Diloggún
8-5 · Eyeunle tonti Oshé
Odù espejo
Oshe Ogbe
Santos que hablan
Orunmila · Oshún · Olokun · Shangó · Obbatalá · Odide (el Loro) · Eshú
Eweses del signo
Pino frailecillo · Platanillo de Cuba · Cabo de hacha · Mastuerzo · Artemisa

Nace · Ìbí LIBRE

  • El revólver y el tatuaje.

  • En este signo la cadena descendió a la tierra: la persona es aprovechada y luego dejada de lado.

  • El saludo y la súplica dirigidos a Olorun.

  • El misterio de la prenda de Oboniboshe y también el espía.

  • Que sobre la cabeza de los omo Shangó no ponen las manos los omo de Oshún.

  • El Orisha Adamu, origen de Aguema.

  • Que Oba perdió la oreja.

  • El presagio humano, es decir, la profecía.

  • El cargo de otorrinolaringólogo y la enfermedad llamada síndrome de Menier.

Ogbe She es el Odù número 30 de 256 en el orden señorial de Ifá, de la familia de Ogbe: nace de Ogbe sobre Oshe. En los tratados aparece también como Ogbe Oshe u Ogbè Ọ̀ṣẹ́. Esta ficha reúne su rezo en yoruba, 29 patakíes (3 enteros a la vista, con su enseñanza, su ebbó y sus cantos), sus refranes, 34 ebbós y obras y las señales con las que se manifiesta en la consulta — con el eewó completo a la vista; los demás ires y osogbos, el resto de consejos y las recetas completas se abren con La Libreta.

La lectura del signo

lo que Ifá quiere decir, en palabras llanas

LIBRE

Ogbe She, que también se conoce como Ogbe Oshe, le habla al hombre del dinero, al que vino a repartir la fortuna entre la gente. En este signo nacieron la profecía y el don de presentir lo que viene, el tatuaje, el revólver, el espía y el saludo con que se implora a Olorun. Su decreto es de abundancia: usted está destinado a la riqueza, que le llega por herencia, por negocio o por el campo, si sirve a Orunmila con paciencia. Oshún lo crió en sus brazos y un Egun lo protege.

Como aquí nació la profecía, su palabra pesa: no dé su palabra si no va a cumplirla, ni maldiga a nadie, ni siquiera en broma. La riqueza de este signo se forma poco a poco, con comercio y medida, y quien quiere todos los bienes a la vez se queda sin ninguno. No desprecie a quien le hace el bien ni quiera ponerse por encima de su padre, porque el orgullo inflado por los halagos lleva a la ruina. Usted es de cabeza dura y guarda rencor: suelte la venganza, que le cierra caminos.

«La voz de Ogbe She es palabra de Orunmila: lo que dice, se cumple — por eso su boca es sagrada.»El pulso de Ogbe She

La advertencia más fuerte es que su enemigo más poderoso vive dentro de su propia familia. Es un signo de espías, burlas y maldiciones, donde uno no sabe quiénes son sus amigos, y la envidia le echa malos ojos, polvos y daños para quitarle lo suyo. En el amor hay infidelidad y envidia que ataca la unión: sea generoso con su pareja, pero no le cuente todos sus secretos. Como la cadena que abre y cierra sin que nadie le dé las gracias, usted puede ser usado y después abandonado. Rodéese de personas de un color bien definido, porque en este signo se mezclan blancos y negros, y le favorecen los negocios con blancos que viven fuera de su tierra. Aquí empezó una época de penurias para los negros, cuando un hombre bueno, maltratado por ellos, se marchó con los blancos.

Hay peligro de tiros, y puede perder su libertad o caer en una trampa. No se bañe en el río ni en el mar, porque Olokun puede ahogarlo, y no trabaje de noche. Preste atención a la tristeza: este signo dice que la pena puede consumirlo hasta la muerte. Si siente que lo domina, no se quede solo, háblelo con alguien de confianza, busque la ayuda de un médico, y atienda a Oshún, con quien tiene deudas pendientes.

En la salud, cuide el estómago y las demás vísceras, la vista y una pierna que duele y puede dejarlo cojo. Aquí nació el síndrome de Ménière, así que vigile el oído y el equilibrio. No mire lo que no le toca, sobre todo el mal ajeno, porque esa costumbre le daña los ojos. Si cumple su ebbó y es constante, Ogbe She vence a sus enemigos, hace el viaje que tiene destinado y nunca se queda pobre. No coma carne de loro, porque se dice que produce cáncer. Y cuídese de desear a una muchacha que es o fue su hijastra: es abuso y le trae problemas con la justicia.

El signo en una frase

Cuide lo que promete y a quién se lo cuenta — que Ogbe Sanwo, el hombre dinero, se hace rico sirviendo a Orunmila y hablando solo lo que quiere ver cumplido.

El diagnóstico

habla · prohíbe · recomienda

LIBRE LA LIBRETA

Habla LIBRE

Que dentro de su propia familia tiene Ogbe She a su enemigo más poderoso.
De poner a Elegba cinco instrumentos musicales.
De la advertencia de no comprometerse a lo que no podrá cumplir.
De que se debe evitar que la mujer conozca sus secretos y, a la vez, ser generoso con ella.
De que Obbatalá se enfermó y Oshún lo salvó.
De tiros, de burlas y de maldición.
De que aquí solamente el loro entendía a Ogbe She, y lo entendía porque era su igual.
De cojera: el dueño de este Ifá cojea o tiene que cojear.
De que en este Ifá el blanco y el negro viven el uno con el otro; la persona tiene que vivir con gente de color definido.
De una herencia, es decir, de recibir una gran suma de dinero proveniente de un negocio o del campo.
De que en este signo Shangó le devolvió el gozo a Olofin.
De Ibú Akuaro, que reina sobre la risa y la mentira, sorda cuando no quiere escuchar, y que vive fuera.
De rechazo: se la rechaza en sitios a los que no se le permite entrar.
De que aquí Elegba hizo pacto y recibió las enseñanzas de Añá.
De que las carnes del loro son cancerosas.
Del Amuwo (osobo más uno): las cosas que la persona vino a hacer y que las adversidades no la dejan cumplir; se aparta con chivo para Eshú, akukó para Oggún y coco a la lerí.

Eewó · prohibiciones LIBRE

El eewó completo va libre: es información de cuidado, y quien salió con este signo la necesita hoy.

No se toma agua con azúcar.
No se trabaja de noche.
No se sopla afoshé (polvo) a nadie.
No se puede teñir el pelo.
No debe bañarse en el río, porque Olokun lo ahogaría.
No se sumerge en el agua ni nada por debajo; bañarse con agua sacada del río sí puede.
No come aves de corral, chivo, tigre, pitón ni ballena.
No se mete en una casa en llamas.
No come maní ni carne cortada con los dientes de otro.
No acepta empleo asalariado, porque lo botan.
No ingiere bebidas alcohólicas ni maldice, porque la profecía le vino por orden divina.
Debe cuidarse de Ogongo, Iworiwo o Iton (nombres en yoruba del gusano de la palma; en Benín, Oruu).

Iré y osogbo LIBRE

Tres iré —lo bueno que el signo trae— y tres osogbo —lo adverso que avisa— de muestra.

Tiene riqueza y mucho dinero.
Recibe una gran herencia de dinero, de un negocio o del campo.
Oshún lo cuida y lo crió como a un niño en sus brazos.
Corre peligro de tiros y puede morir de tristeza.
Si se baña en el río o en el mar, puede ahogarse.
Le enferman el estómago y otras vísceras.

49 ires y osogbos más esperan tras el muro — todo lo bueno que este Odù trae y todo lo adverso que avisa.

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Recomendaciones LA LIBRETA

Ponga seis torrejas a Orunmila para resolver.
Ponga pescado fresco a Oggún y a su cabeza.

13 consejos y avisos más esperan tras el muro — lo que este Ifá manda hacer, cuidar y evitar.

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Refranes de Ogbe She · Òwe

la sentencia y lo que te está diciendo

LIBRE LA LIBRETA

No hay necesidad de discutir cuando hay una forma de demostrar.

Las palabras sobran donde los hechos hablan: en lugar de enredarse en discusiones, presente la prueba. Enseña a ganar con demostraciones y no con gritos — quien puede probar, no necesita pelear.

Es mejor demostrar la verdad sobre un asunto que ponerse a discutir sobre él.

La verdad se enseña, no se disputa: la discusión alimenta el orgullo, la demostración cierra el caso. Enseña a callar y probar — el resultado convence más que mil argumentos.

El hombre moral: su espíritu no muere.

El que vive con rectitud trasciende la muerte: su nombre, su ejemplo y su espíritu siguen alumbrando a los suyos. Enseña que el buen carácter — el iwá pelé — es la única riqueza que se queda para siempre.

La carreta se va dentro de los bueyes.

El que no tiene virtud se desprecia más que el que tiene un vacío.

Es mejor ser espléndido con la mujer que dejar que conozca tus secretos.

La mentira jamás hace favores a la verdad.

El orden de prioridad asegura el éxito de la actividad.

Rey que camina en el mundo sin corona es un súbdito.

Las casas vacías no son hogar.

Las plumas del loro vienen de la cola, pero van a la cabeza.

Sobre el conocimiento que el necio aborrece, el sabio medita.

9 interpretaciones selladas — el texto que traduce cada sentencia a tu vida, en español y en inglés.

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Los patakíes

los caminos del Odù — la historia detrás de cada sentencia

LIBRE LA LIBRETA
1La cadena (trabajar sin agradecimiento)

En el Cielo todos temían a la cadena, aunque, a pesar de su fuerza, vivía en la miseria. Se la conocía como Seje Aroju Elebaa. Cuando ya no soportó la pobreza, visitó a Ogbe Ose, llamado Igbera Orun, para que le hiciera adivinación. Este le señaló el ebbó. El coco era para su cabeza, el chivo para Eshu y el gallo para Ogún.

La cadena se sintió agraviada. Podía sujetar por igual a divinidades y a mortales, a cosas con vida y sin ella, y le pareció indigno ofrecer ebbó a quien fuera. Permaneció pobre.

Su oficio en el Cielo era el de carcelero mayor: vigilaba a todos los culpables y delincuentes. El ebbó que le correspondía hacer servía para esquivar el riesgo de la suerte inconclusa, que en yoruba se dice Amubo y en beni Osobo no masuno. Por más que se esforzaba, nada recibía a cambio. A los presos a su cargo los absolvían tras el juicio, los multaban, los dejaban en libertad o los ejecutaban si el delito merecía la pena capital. Cuando el proceso del acusado terminaba, la cadena volvía a quedar vacía. La frustración creció tanto que resolvió venir al mundo. Allá arriba había aprendido junto a Ogún, divinidad del hierro.

Ya en el mundo continuó con la misma labor, vigilando a acusados y a materias vivas y no vivas que aguardaban sentencia. Los animales destinados al matadero quedaban a su cargo, y los sujetaba por la garganta, el torso o las patas. En cuanto se fijaba su suerte y tocaba venderlos, matarlos u ofrecerlos en sacrificio, le exigían que los soltara y no le daban nada a cambio. Con los acusados ocurría lo mismo: se los confiaban hasta el juicio o la ejecución y luego los retiraban sin una muestra de reconocimiento. Tan grande era la ingratitud que la aprovechaban una y otra vez sin pagarle. Jamás oyó un agradecimiento de los detenidos ni de quienes mandaban.

Por eso se afirma que a nadie le conviene pedir para sí la suerte de la cadena, la que trabaja sin gracias y se aparta al terminar, a la espera de que la requieran de nuevo.

Cada persona o animal que llegaba a su custodia la ponía contenta, pues así disponía de siervos. Pero enseguida los liberaban, y entonces se lamentaba con obstinación de no haber hecho en el Cielo el ebbó contra los logros inconclusos, el Amubo y el Osobo no masuno.

Al aparecer este odu en el Igbodu, el ebbó que la cadena rechazó es el Ono Ifá, llamado también Odiha, con el que debe empezar la persona para no caer en prisión, terrenal ni celestial, antes de que llegue la prosperidad. En una consulta común se aconseja honrar a Ogún, a Eshu y a la cabeza con un gallo, un chivo y un coco, y así evitar el riesgo de la suerte inconclusa. Quienes nacen con este odu tienen un corazón bondadoso y ayudan a sus semejantes sin medida. Pero también arrasan cuando se sienten burlados o agraviados; les basta con maldecir para apartar de su Ona Ifá a quien sea blanco de su pensamiento.

Lo que enseña

Trabajar siempre para otros sin recibir un gracias deja a la persona vacía cada vez que termina su tarea. Rechazar por orgullo el ebbó que se marca cierra el camino para cambiar esa suerte. Lo que se hace por los demás conviene hacerlo sin descuidar la propia cabeza.

Ebbó señalado a la cadena

El coco era para su cabeza, el chivo para Eshu y el gallo para Ogún, con el fin de esquivar el riesgo de la suerte inconclusa (Amubo en yoruba, Osobo no masuno en beni). La cadena no lo hizo.

Al aparecer el odu en el Igbodu

El ebbó que la cadena rehusó es el Ono Ifá, llamado también Odiha, con el que debe empezar la persona para no caer en prisión, terrenal ni celestial, antes de ver la prosperidad.

En una consulta común

Se aconseja honrar a Ogún, a Eshu y a la cabeza con un gallo, un chivo y un coco, para esquivar el riesgo de la suerte inconclusa.

2El hombre dinero y el hacha de Olokun

Ogbe Sanwo vino al mundo en el hogar de un sacerdote de Olokun, divinidad del agua, que ya tenía muchos hijos. Sus hermanos mayores notaron enseguida el buen destino que él traía y desde el comienzo lo hostigaron con toda clase de conflictos. Además sufrió un malestar crónico del estómago que ninguna cura aliviaba. Como el acoso no paraba, acudió a consultarse. La adivinación mandó un ebbó: juntar toda clase de comida, en especial maíz, y sumar una paloma, un chivo y un pollo, y echarlo todo al río. Luego debía comprar, para servir a su Ifá, una chiva cuyos dos cuernos apuntaran hacia delante.

Hecho el ebbó, los awós separaron las entrañas, el corazón y el duodeno de la chiva, los cocinaron junto con hojas de Ifá para dárselos. Solo esas partes le permitieron probar. Durante la noche vomitó todo el contenido del estómago y el mal cedió. Los hermanos que le habían hecho daño fueron muriendo uno tras otro. Ya sano, su ejercicio de Ifá prosperó más que su negocio.

Aunque había salido del palacio celeste de Olokun, no sirvió a Olokun en la tierra, y los problemas volvieron a enredarlo. Convocó a siete awós para consultar. Estos le descubrieron que le había fallado a Olokun, divinidad del agua, quien lo guió hasta el mundo, y le ordenaron conseguir un hacha especial. Él mandó a un herrero que la hiciera. Los sacerdotes le prepararon la medicina al hacha y le mandaron cortar con ella un racimo de palmiche. La condición era que no perdiera ni un fruto y que ninguno tocara la tierra. La segunda tarea consistía en atrapar viva una cotorra y entregársela. Los awós lo aguardarían en su casa mientras tanto.

Para ir, debía llevar un instrumento para subir a las palmas y un bolso con una calabaza de agua y con alimentos: maíz, ñame aplastado, un chivo, una paloma y un pollo, destinados al río. Nadie le explicó cómo usarlos. Junto al río lo tiró todo al agua y se hundió de inmediato. Así esperaban los awós que honrara al Eshu del agua.

Recorrió el bosque buscando palmiche maduro y cotorras, sin encontrar ninguna. Al volver, cuando oscurecía, oyó el canto de unas cotorras. Miró hacia arriba y descubrió una palma cargada de palmiche maduro, donde las aves comían. Subió con su instrumento hasta el tronco, y al llegar, las cotorras huyeron todas a la vez. Aun así, con calma, cortó un racimo maduro y fue metiendo en el bolso los frutos que se desprendían. Al darse vuelta para colocarse y cortar el racimo completo, el hacha especial se le escapó y cayó al río.

Desesperado, resolvió quitarse la vida tirándose al agua. Una voz le pidió que bajara despacio, sin que él viera a nadie. Bajó con lentitud, abatido y receloso, arrojó al río el instrumento y el bolso, y se zambulló a buscar el hacha. Apenas tocó el agua, de la nada surgió una bandada de aves que lo picoteó.

Eshu recordó el maíz que el hombre había ofrecido para ellas. Cuando las aves quedaron satisfechas, lo dejaron en paz y le preguntaron qué buscaba. Él contestó que su hacha. Ellas aseguraron haberla visto pasar poco antes, le desearon suerte y le despejaron el paso. Después aparecieron unos chivos con los cuernos hacia delante, listos para embestirlo. Eshu reparó en los ñames y plátanos que él había ofrecido a esos animales. Se repitió la misma conversación, y también ellos habían visto el hacha poco antes.

Más adelante lo esperaba el tigre, rugiendo y afilándose las uñas para atacar. Eshu tomó el chivo del ebbó y se lo lanzó. Ya saciado, el tigre le dijo que iba bien encaminado al paradero de su hacha, y le deseó mucha suerte. Luego halló una enorme bola de fuego que ardía con furia; Eshu le echó encima el ñame aplastado y la calabaza de agua que formaban parte del ebbó, y el fuego se apagó de golpe. Después apareció la pitón, y Eshu le arrojó la rata. Por último, una ballena intentó tragárselo. Él le lanzó la paloma, la ballena cerró la boca y lo dejó pasar. Ella le informó de que su hacha ya estaba dentro del palacio de Olokun.

Ogbe Sanwo entró en el palacio. Olokun estaba reunida con catorce awós, a quienes había llamado para adivinar cómo podía tener un hijo. Estos le recomendaron buscar un hacha hecha por un herrero y ofrecer a Eshu un chivo, con el fin de hacer un sacrificio que la volviera capaz de concebir. El ofrecimiento a Eshu se había hecho la noche anterior. Como pago por el chivo que se comió, Eshu planeó quitarle el hacha a Ogbe Sanwo y llevársela a Olokun. A la vez, por las muchas comidas que Ogbe Sanwo le había ofrecido, decidió conducirlo por todos los trances, grandes y pequeños, hasta que alcanzara la prosperidad dentro del palacio de Olokun.

El hacha cayó dentro del palacio, y un awó que la esperaba la atrapó y la guardó bajo llave en un cuarto de vigilancia. Casi de inmediato apareció Ogbe Sanwo. El awó le preguntó si iba a ponerlos a prueba. Él dijo que no, que solo iba tras el rastro de su hacha, que se había soltado de sus manos de manera misteriosa. El awó quiso saber si podría reconocerla, y él aseguró que sí. Lo condujo a una sala con hachas de latón, de plomo, de cauris, de plata y de oro. Ogbe Sanwo respondió que la suya era de hierro, así que no se hallaba en esa sala. Lo llevaron a otro cuarto, donde estaban las hachas que ya no se usaban. Allí encontró la suya y la agarró. Con ella en la mano lo presentaron ante Olokun.

Ogbe Sanwo le explicó qué significaba el hacha y declaró que antes moriría que separarse de ella, pues su vida dependía de ese objeto. Olokun propuso comprarla, pero él no aceptó. Sin saber cómo seguir, Olokun le preguntó: «¿Te desprenderías de ella si fueras un hombre próspero?». Tras pensarlo, él contestó: «El hacha existe para hacerme próspero; si ese es el trato, no me importa darla».

Olokun mandó al jefe de sus sirvientes que moldeara a Ogbe Sanwo y le diera todos los bienes y señales de una riqueza que no se acaba. Terminado el molde, lo presentaron ante Olokun para comprobar si su prosperidad ya era total. Ella explicó la prueba: lo lanzaría al aire, y si todos los animales lo aclamaban, estaría completa; si solo aplaudían los del aire y los de la tierra no, aún faltaba. Lo lanzó, y aplaudieron los animales del aire mientras los de la tierra callaban.

Eshu le susurró a Olokun que, siendo reina de las aguas, podía coronar a ese hombre rey de la prosperidad sobre la tierra, y así lo hizo. En el segundo lanzamiento, todos los animales lo aclamaron: su prosperidad quedó completa. Ogbe Sanwo pidió entonces los instrumentos que se habían usado para moldearlo, porque no quería volver a su casa sin nada en las manos. Olokun los convirtió en una bolsa de tiza adornada arriba con una cimitarra y una mitra. La metió dentro de un cofre de latón y plomo, agregó hachas de cauris, de plomo y de bronce, y se lo dio todo. Él le agradeció de rodillas y preguntó cómo regresar sin tropiezos. Olokun le indicó que saliera por una cámara interior del palacio, que estaba oscura.

Apenas se detuvo ante la puerta de esa cámara, se encontró frente a su propia casa, donde estaban los siete awós. Ellos le preguntaron cómo les había ido con el racimo de palmiche y la cotorra, y él dijo: «Cumplí el encargo, pero ya no tengo el hacha mágica que me prepararon». Les relató lo ocurrido y les enseñó el cofre. Los awós le explicaron que Orunmila lo había enviado a esa misión imposible para que hallara la prosperidad, y que las dificultades del camino eran la oscuridad que precede al alba. Añadieron que su destino era una escalera de la que ya pisaba el primer peldaño, y que desde entonces la prosperidad estaría a su alcance.

Ogbe Sanwo les dio las gracias y lo poco de dinero que aún tenía; luego los awós se fueron. Sobre el altar de su Ifá dejó el cofre moldeado. Al poco tiempo el dinero comenzó a entrar desde distintos lugares de la casa, y cualquier cosa que emprendía le salía muy bien. Se hizo tan próspero y querido que lo coronaron rey. Ya coronado, invitó a los awós, a otros sacerdotes y al pueblo común, a quienes alimentó. Luego cantó alabanzas a sus awós.

Lo que enseña

Las pruebas que parecen imposibles pueden ser el camino hacia la prosperidad: el hombre pierde su hacha, pero a cambio recibe algo mayor. Eshu abre el paso a quien lo ha atendido con ofrendas, y Olokun da la riqueza a quien la reconoce. La prosperidad llega después de pasar obstáculos y se conserva sirviendo siempre a Eshu y a Olokun.

Ebbó de Ogbe Sanwo por su mal de estómago

Reunir toda la comida que se pueda comer, con maíz, un chivo, una paloma y un pollo, y echarla al río. Después, adquirir una chiva con los cuernos hacia delante para servir a Ifá. Del animal se apartan las entrañas, el corazón y el duodeno; con hojas de Ifá se cocinan, y son lo único que la persona puede comer.

Lo que llevó al río en el viaje del hacha

Un instrumento para subir a las palmas y un bolso con calabaza de agua, maíz, ñame aplastado, un chivo, una paloma y un pollo para el río. Resultaron ser las ofrendas a Eshu con las que dejó atrás a la ballena, la pitón, el fuego, el tigre, los chivos y las aves.

Cuando el odu sale en el Igbodu

A quien lo recibe se le declara destinado a prosperar. Debe preparar un molde para Olokun, para su Ifá, y ofrecerle una parte de lo que use en su Ifá. Alcanzará la prosperidad tras superar algunos obstáculos, y tendrá que servir siempre a Eshu.

Cuando el odu sale en la consulta común

Se le indica un ebbó dedicado a Olokun, a Eshu y a Ifá, porque está a punto de entrar en la prosperidad.

Prohibiciones de quien nace con este odu

Debe abstenerse de comer ballena, pitón, tigre, chivo o aves de corral, y de meterse en una casa que arde. Se evita así ser ingrato con quienes lo favorecen; de lo contrario sufriría siempre la ingratitud de los que se benefician de su generosidad.

3El dinero que bajó del Cielo y la paciencia de Orunmila

Este camino cuenta el origen del dinero en la Tierra. Quien lo narra vivía su mejor momento de prosperidad, y sus hermanos le preguntaban cuál era su secreto. Respondió que el camino hacia la prosperidad es áspero y tortuoso, y que sin sufrir golpes solo se recorre con una perseverancia sin límites. Después relató la historia.

En la época en que las divinidades vivían cerca de Dios, pidieron que se enviara dinero al mundo para poder intercambiar cosas. Una noche, en sueños, el ángel de la guarda de Orunmila le anunció que Dios mandaba el dinero. Pero le advirtió que moriría todo el que fuera por él con gula y avaricia. Orunmila, por ser el más joven, debía dejar que las demás divinidades fueran antes que él; quien corriera tras el dinero en desorden no llegaría vivo a la noche. Por eso, al llegar el dinero, Orunmila iría el último.

Antes de terminar la visión, el ángel le pidió que criara una cotorra, sin explicarle el motivo. Orunmila obedeció. Tres meses después la cotorra comenzó a repetir, de día y de noche, un saludo: de mañana decía «dinero llegado del Cielo, buenos días», y de noche, «dinero llegado del Cielo, buenas noches». Durante días siguió igual, y Orunmila no comprendía qué quería decir.

Solo una anciana vecina, la reina de las brujas, entendió el mensaje. Convocó a las divinidades y les explicó lo que decía la cotorra de Orunmila: el dinero ya estaba en el mundo, y había que buscar su rastro hacia el este del pueblo, en la dirección que miraba la cotorra al saludar.

Al día siguiente Ogún salió con impaciencia a seguir ese rastro. Tras dos días y dos noches halló el dinero en lo más espeso del bosque. Ignoraba que esa montaña de dinero tenía su origen en el Cielo y su cima apoyada en el suelo. Con precipitación empezó a cavar con un hacha y una pala hechas para ese fin. Mientras avanzaba, el dinero se vino abajo en una avalancha y lo enterró; Ogún murió bajo los escombros. Entonces el dinero dejó sobre su pecho 16 caracoles. Las demás divinidades fueron una tras otra y corrieron igual suerte, de modo que regresaron al Cielo.

Solo faltaba Orunmila. Cuando la reina de las brujas dio la noticia, él había propuesto adivinar antes de salir. Los demás se rieron y dijeron que llegaría un día en que Orunmila no probaría un plato sin adivinar antes. Ogún sostenía que Dios, al oír sus deseos, les enviaba el dinero para acabar con el trueque, único comercio de entonces, y preguntaba para qué adivinar antes de ir por él. No hizo caso a Orunmila.

No sabían que Dios tenía su propio momento para mandar el dinero como medida de valor. Como las divinidades quisieron adelantarse a él, decidió mandarlo de manera que acabara con la vida de los codiciosos y favoreciera a quienes tuvieron constancia. Todas las divinidades que se lanzaron a ciegas sobre aquella reserva de dinero volvieron al Cielo a través de ella.

Orunmila se extrañó de que no regresara ninguno de los que habían ido a toda prisa, y decidió adivinar antes de moverse. La adivinación le dijo que el dinero solo se queda con quienes lo dominan, y que la manera de dominarlo es darle lo que él come: un sacrificio que incluía dos cerrojos con forma de U, dos escaleras y dos palomas. Orunmila lo hizo en un punto de la montaña de dinero. Después de entregar a Eshu lo que sobró, conservó una escalera y un cerrojo.

Al amanecer volvió a la montaña y alimentó al dinero con la sangre de la paloma. Apoyó la escalera sobre la montaña y la aseguró por debajo con los cerrojos. Como indicaba la adivinación, regresó a su casa sin tocar nada. A la mañana siguiente encontró que Eshu había puesto una escalera más larga, que se estrechaba hacia lo alto. Tal como le habían aconsejado, empezó el largo ascenso para excavar la montaña desde arriba.

A cada palada veía los instrumentos que otras divinidades habían usado antes. Hallaba cierto número de caracoles sobre el pecho de cada una y los fue contando aparte. Esas cantidades son las que todavía hoy usan los hijos y sacerdotes de cada divinidad para adivinar. Los seguidores de la divinidad cuyo pecho tenía 4 caracoles consultan con 4; los de las divinidades con 8, 16 o más consultan con esos números. Son los adivinos que consultan el oráculo con caracoles.

Así consiguió Orunmila sacar todo el dinero. Llegó a casa y dio a los hijos de cada divinidad la cantidad de caracoles que correspondía, y ellos empezaron a usarla para adivinar. Orunmila fue la única divinidad que sacó la montaña de dinero sin morir. Por eso su altar es el único que tradicionalmente lleva un asiento de caracoles, para recordar que sacó el dinero desde la cima.

Lo que enseña

El dinero se queda con quien lo busca con paciencia y ebbó, y no con quien corre tras él con codicia. Las divinidades que se lanzaron sin consultar murieron donde esperaban riqueza; Orunmila adivinó antes, obedeció y llegó por la cima. La prosperidad pide calma y no angustiarse por lo que otros tienen.

Ebbó para dominar el dinero

Dos cerrojos con forma de U, dos escaleras y dos palomas, ofrecidos en un punto de la montaña de dinero. Lo que sobró fue para Eshu. Orunmila guardó una escalera y un cerrojo. Al día siguiente dio al dinero la sangre de la paloma, apoyó la escalera sobre la montaña y la aseguró por debajo con los cerrojos; luego volvió a casa sin tocarla.

Consejos para quien recibe Ogbe She

Debe saberse que la persona prosperará únicamente si no se desespera por la fortuna ajena; su paciencia tiene que ser incansable. Quien recibe este odu en el Igbodu será rico. Debe evitar el gusano de la palma, no meterse nunca bajo el agua, y no comer maní ni carne que otra persona haya cortado con los dientes. Si se sumerge en el río, Olokun se lo llevará, pues es poco probable que haya hecho el sacrificio. Puede lavarse con agua traída del río, pero sin nadar bajo la superficie. No debe aceptar empleo con sueldo, porque lo echarán. Su oficio es el comercio y el arte de Ifá queda como complemento. Hará negocios con extranjeros. Debe atender a Shangó y a Ogún a la par de su Ifá.

Súyere del camino

Owo towa la toorun, ekaa roo. Owo towa lato orun, ekaale o.

Salud al dinero que vino de arriba, con la mañana; y salud otra vez, ya entrada la noche.

La palabra no se pierde — se abre

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Ebbós y obras

cada una con su tema a la vista

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Preguntas frecuentes

sobre Ogbe She

LIBRE

¿Qué significa el Odù Ogbe She en Ifá?

Ogbe Sanwo, el hombre dinero que reparte la fortuna: rico sin medida si sirve a Orunmila — y aquí nace la profecía que siempre se cumple.

¿Qué número es Ogbe She entre los 256 Odù de Ifá?

Ogbe She es el Odù número 30 de los 256 de Ifá, de la familia de Ogbe: nace de Ogbe sobre Oshe.

¿Qué orishas hablan en Ogbe She?

En el Odù Ogbe She hablan Orunmila, Oshún, Olokun, Shangó, Obbatalá, Odide (el Loro) y Eshú.

¿Cuál es un refrán del Odù Ogbe She?

Uno de los refranes de Ogbe She dice: «No hay necesidad de discutir cuando hay una forma de demostrar».

¿Qué incluye La Libreta?

Los 256 Odù completos: todos los patakíes, obras, eewó, rezos e interpretaciones, en español y en inglés. Se contrata en la app de La Palabra de Ifá para iPhone o Android, en suscripción mensual o anual.

La familia de Ogbe

los 16 caminos

Este es 1 de 256

Cada punto es un Odù con sus caminos, sus obras, sus eewó y sus rezos. El encendido es el que acabas de leer. Los otros 255 te esperan.

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