Patakíes · Los caminos del Odù
1La cadena (trabajar sin agradecimiento)
La cadena, temida pero pobre, era el carcelero del cielo; soltaba a los presos sin recibir jamás las gracias. Por rehusar el sacrificio contra la suerte no consumada, quedó condenada a ser usada una y otra vez sin recompensa.
La cadena era temida por todos en el cielo, pero muy pobre. Ogbe She le marcó sacrificio con un chivo a Eshú, un gallo a Oggún y coco a su cabeza, pero ella, ofendida por poder sostener a divinidades y mortales, no se dignó a hacerlo, y permaneció en su pobreza.
Su trabajo era ser el jefe carcelero: custodiaba a los presos y a los animales que aguardaban la matanza, atándolos por el cuello o las patas. Pero, tan pronto se decidía su destino, se le pedía soltarlos, sin ninguna recompensa ni palabra de agradecimiento.
Así fue usada una y otra vez, vaciándose siempre. Por eso se dice que nadie debe rogar para sufrir el destino de la cadena, que trabaja sin agradecimiento y se echa a un lado hasta que la vuelven a necesitar. La persona debe servir a su cabeza, a Oggún y a Eshú para evitar la suerte no consumada.
2El hombre dinero y el hacha de Olokun
Ogbe Sanwo perdió en el río el hacha mágica que le prepararon y la siguió a través de aves, fieras y fuego —vencidos por Eshú con sus ofrendas— hasta el palacio de Olokun. Allí cambió el hacha por ser moldeado en rey de la prosperidad.
Ogbe Sanwo padecía un mal de estómago y sus hermanos lo hostigaban. Curado con el sacrificio, prosperó, pero olvidó servir a Olokun, que lo guió al mundo, y todo se enredó de nuevo. Sus Awó le mandaron cortar un racimo de palmiche sin perder un fruto y cazar una cotorra, con un hacha especial.
En el bosque, al cortar el palmiche, el hacha cayó al río; desesperado, se lanzó tras ella. Eshú, con el maíz, los ñames y los animales que él había sacrificado, fue apaciguando a las aves, los chivos, el tigre, el fuego, la pitón y la ballena que lo atacaban, hasta que llegó al palacio de Olokun, donde su hacha había caído.
Olokun, que necesitaba el hacha para tener un hijo, le ofreció comprarla; él prefería morir antes que separarse de ella, pues de ella dependía su prosperidad. Al fin aceptó entregarla si lo hacía próspero; Olokun lo moldeó como rey de la riqueza y le entregó un cofre de la prosperidad. Al llegar a casa, el dinero empezó a fluir y fue coronado rey.
3Cómo llegó el dinero al mundo
Dios envió el dinero como una montaña; las divinidades codiciosas cavaron desde abajo y perecieron sepultadas. Solo Orunmila, con paciencia, hizo ebbó, subió una escalera y lo excavó desde la cima; por eso su altar se decora con caracoles.
Las divinidades pedían a Dios que mandara dinero al mundo. Su ángel avisó a Orunmila que quien fuera por él con avaricia perecería, y que él, el más joven, debía ir el último. Una cotorra anunciaba «el dinero que llegó del cielo», y la reina de las brujas descifró el mensaje.
Oggún salió el primero y, en su prisa, cavó la montaña de dinero desde abajo con un hacha; la avalancha lo sepultó, y el dinero depositó 16 caracoles sobre su pecho. Lo mismo les pasó a las demás divinidades. Orunmila, viendo que ninguna volvía, fue a la adivinación, que le mandó sacrificar con dos escaleras y dos cerrojos, y darle al dinero la comida que come.
Con una escalera puesta por Eshú, subió y excavó la montaña desde la cima, sin perecer, hallando los caracoles sobre el pecho de cada divinidad. Por eso cada culto adivina con el número de caracoles que él halló, y el altar de Orunmila se decora con un asiento de caracoles. Solo con paciencia, sin desesperar por la fortuna ajena, se prospera.
4El camino del avaricioso🔒 Babalawo
5El hijo quiere ser más que el padre (el pino)🔒 Babalawo
6Aquí los negros empezaron a pasar trabajo🔒 Babalawo
7El muchacho de la flauta🔒 Babalawo
8Nació el tatuaje🔒 Babalawo
9Odide, el bailador de fama (la pluma de loro)🔒 Babalawo
10Shangó le devolvió la alegría a Olofin🔒 Babalawo
11La curiosidad de la mujer de Odé🔒 Babalawo
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