Ogbe Sa es el Odù número 25 de 256 en el orden señorial de Ifá, de la familia de Ogbe: nace de Ogbe sobre Osa. En los tratados aparece también como Ogbe Osa, Ogbè Ọ̀sá u Ogbe Rukusa. Esta ficha reúne su rezo en yoruba, 38 patakíes (3 enteros a la vista, con su enseñanza, su ebbó y sus cantos), sus refranes, 31 ebbós y obras y las señales con las que se manifiesta en la consulta — con el eewó completo a la vista; los demás ires y osogbos, el resto de consejos y las recetas completas se abren con La Libreta.
La lectura del signo
lo que Ifá quiere decir, en palabras llanas
LIBREOgbe Sa, que también se conoce como Ogbe Osa y Ogbe Rukusa, le habla a quien fue a una guerra sin ganas de pelear, solo a buscar paz. En este signo se creó la Luna, se consagraron los tres Egun reyes y surgió la casa de Ikú. Su decreto es firme: todo lo que usted empiece debe terminarlo completo, porque lo que queda a medias se vuelve pérdida. Si cumple, el signo le promete cargos, casa propia, dinero y mucha prosperidad.
La advertencia mayor de Ogbe Sa es la traición. Gente que fue su amiga ya no lo es, y alguien muy cercano puede tenderle una trampa para entregarlo a quienes le desean la muerte. Aquí el carnero juró amistad al mono y luego lo vendió. Por eso, el día que salga esta letra, no camine acompañado, no confíe en nadie y no salga fiador de otro, porque terminaría pagando la deuda ajena. Cosas del pasado pueden salir a la luz, hay problemas con la justicia, y la envidia quiere verlo pasar trabajos.
«Haga las cosas completas: en Ogbe Sa, lo que se deja a medias se vuelve pérdida.»El pulso de Ogbe Sa
Este signo ganó una guerra con paz e inteligencia, sin derramar sangre, porque supo qué temían sus rivales. Así debe actuar usted: con calma, comprobando por sí mismo cada noticia y confirmando con Ifá los avisos, que a veces vienen disfrazados. Cuando triunfe, no deje en ridículo a quienes están a su lado, porque el éxito que humilla a los iguales le cuesta su amistad. Agradezca a Oshún y a Shangó, que ya lo sacaron de más de un aprieto, y agárrese de Orunmila.
En el trabajo, si tiene casa o negocio propio, le irá bien; ponga su dinero bajo la mirada de Shangó, que él lo guarda. En el hogar hay una hija o una mujer muy hermosa que atrae todas las miradas, y con ellas los malos ojos: cuídela. Atienda a los Egun y, sobre todo, a su padre: si vive, puede estar enfermo y necesita su cuidado; si ya murió, pide misa y comida, y por ahí se le abre la prosperidad. Si cae en desgracia, ofrezca gallina, huevos y frutas junto al mar: negocios con extranjeros y con blancos le devuelven la prosperidad. El desprecio por el color de la piel puede herirlo, como a Iwa, la esposa de Ogbe Sa, que murió lejos de su tierra.
En la salud, cuide el corazón, el cuello, el empeine y las piernas, que sufren caídas. Aquí nació la anuria renal, así que vigile los riñones. Hay males de los testículos y de los nervios, y la vista puede apagarse hasta la ceguera. Fíjese en lo que come, que por la comida le pueden hacer brujería, y durante siete días no visite enfermos, para que su mal no pase a usted. Si vive completo, agradecido y prudente, Ogbe Sa lo sienta al lado de los grandes.
El signo en una fraseNo se fíe, atienda a su padre y déjele su dinero a Shangó — que Ogbe Sa gana sus guerras en paz, y las gana completas.
El diagnóstico
habla · prohíbe · recomienda
LIBRE LA LIBRETAHabla LIBRE
Traición de amigos.
Hay trampas.
Pérdidas siempre.
El trono de Ikú: ante él hay que ponerse de rodillas para alimentar a Egun.
De gente que antes era amiga y ya no lo es.
De males del cuello, del empeine y del corazón.
De que tiene una hija o una mujer muy hermosa y llamativa, a quien todos miran.
De que es necesario hacer las obras completas para no sufrir pérdidas.
De afecciones de los testículos, y de proteger la vista, porque corre riesgo de quedar ciego.
De actos malos ya cometidos que en cualquier momento pueden salir a la luz.
De que su padre padece alguna enfermedad, si vive, o necesita atención espiritual, si ya murió.
De caídas, dolencias en las piernas y enfermedades de los nervios.
Eewó · prohibiciones LIBRE
El eewó completo va libre: es información de cuidado, y quien salió con este signo la necesita hoy.
No se come coco.
El día en que un Awó se consulta y le sale este Ifá, no anda con nadie.
Cuando se hace ebbó con un carnero (Abó), esa persona no puede comerlo.
No se fíe de nadie.
Iré y osogbo LIBRE
Tres iré —lo bueno que el signo trae— y tres osogbo —lo adverso que avisa— de muestra.
Recibe cargos y llega a tener casa, dinero y mucha prosperidad.
Si tiene casa o establecimiento propio, los negocios le salen bien.
Si alimenta a los Egun, sobre todo a su padre cuando ya murió, se le abre la prosperidad.
Un amigo cercano lo traiciona y le prepara una trampa para entregarlo a sus enemigos.
Enemigos que le desean la muerte lo buscan, y una trampa puede acabar con su vida.
Personas que antes eran sus amigas dejan de serlo.
44 ires y osogbos más esperan tras el muro — todo lo bueno que este Odù trae y todo lo adverso que avisa.
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Reciba Ifá, Awofaka o Ikofá, y a Oshosi a la carrera.
Ruéguese la cabeza con pescado fresco (pargo) y cerveza.
8 consejos y avisos más esperan tras el muro — lo que este Ifá manda hacer, cuidar y evitar.
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los caminos del Odù — la historia detrás de cada sentencia
LIBRE LA LIBRETA1Los cuatro enemigos mortales de Orunmila
Ogbe Osa, como Orunmila, tuvo muchos enemigos en el Cielo, y por culpa de los Ancianos de la Noche corrió a refugiarse en la Tierra. Este relato explica cómo se protegió Orunmila de los planes de cuatro enemigos mortales, cuyos nombres celestiales eran: Ojo Giri Ke Somo para el Agua, Oshupa Ota Giri Konran para la Luna, Orunrun Ojodon para el Sol brillante y Uno Omo Ojogbo para el Fuego.
Los cuatro tramaban algo contra Orunmila. Temprano una mañana él hizo adivinación, y Ifá le descubrió la conspiración. Le recomendó ofrecer una gallina en ebbó, cocinar sopa en tres ollas de barro y dejar una cuarta olla vacía, sin sopa. También debía servir cuatro platos de ñame machacado, que tenían que ser de calabaza o de güiro, y conseguir un güiro entero, sin cortar, y muchas estacas. Todo debía quedar en la última encrucijada antes de su casa. Orunmila lo hizo enseguida.
A la mañana siguiente salieron a atacar a Orunmila en su hogar la Luna, el Agua, el Sol y el Fuego. Pero en el cruce descubrieron el ebbó y se sentaron a comer. El Fuego se llevó una olla de sopa junto con un plato de ñame; los otros dos platos fueron para el Sol y la Luna. En ese momento, la divinidad del Obstáculo, de nombre Elinini o Idoboo, tomó el güiro vacío y lo llevó lejos, convencida de que contenía comida. El Agua, el más joven, alcanzó el último plato de ñame, pero ya no había sopa para él.
Le rogó al Fuego que le diera un poco de sopa para acompañar el ñame. El Fuego dijo que no: era costumbre suya no compartir su comida con nadie. Probó con el Sol y con la Luna, y tampoco le dieron nada.
El Agua, enojado, les reprochó que lo menospreciaran por ser el más joven. Arrojó su plato de ñame y empezó a entonar un canto de guerra. Con las estacas, que eran en realidad gotas de lluvia, golpeó al Fuego hasta apagarlo, y con gotas todavía más pesadas aplastó también a la Luna y al Sol hasta destruirlos.
De este modo los enemigos de Orunmila acabaron unos con otros, y él se quedó solo, con calma y tranquilidad.
Por eso, cuando alguien recibe este odu en su consulta, se le avisa de que cuatro enemigos mortales andan tras él para matarlo, y de que debe hacer ebbó para librarse de ellos.
2Epikpayemi y sus cuatro pretendientes
Epikpayemi tenía cuatro pretendientes, que eran la Lluvia, el Fuego, la Luna y el Sol, y ninguno sabía de los demás. Los cuatro deseaban casarse con ella. Aunque los invitaba a visitarla, no mantenía intimidad con ninguno. Al notar que se impacientaban, decidió consultar con Orunmila a fin de saber cuál de ellos debía ser su marido.
Orunmila le ordenó ofrecer una gallina, un gallo y una paloma, además de un trozo de tela negra, y ella lo cumplió. También le dijo que sirviera ñame machacado en tres platos, dejando el cuarto sin nada. Con la carne de las tres aves debía hacer tres marmitas de sopa, y la cuarta quedaría sin llenar. Y la previno contra la coquetería: el pretendiente que más le gustara quizá no fuera el esposo.
De vuelta en casa, dejó la comida lista y se marchó a que le trenzaran el pelo. El Fuego se la encontró primero y le preguntó si tenía comida para él. Ella le indicó que fuera a su casa a comer una parte de lo que había dejado. Más tarde apareció el Sol, y le dio la misma respuesta; después la Luna, igual. La Lluvia llegó de último y solo halló la marmita vacía. Fue a buscarla para saber qué le había preparado. Ella le aseguró que había hecho cuatro platos de ñame y cuatro cazuelas de sopa, con buena carne y buen sazón, y le preguntó cuál de los otros se había comido la cuarta ración, la que le correspondía a él. La Lluvia se enfureció y salió a buscar al atrevido que había comido su parte junto con la propia. Ella insistió en que no tenía la culpa, pues la comida alcanzaba para los cuatro.
Con el enojo de la Lluvia se juntaron las nubes y enseguida cayó un aguacero fuerte. Hizo subir a toda prisa al Sol y a la Luna al firmamento, y el Fuego escapó a ocultarse dentro de una roca. Por eso, cuando amenaza lluvia, el Sol y la Luna van a esconderse en las alturas. De ahí viene también que desde la edad de piedra la gente obtenga fuego de la piedra golpeándola con pedernal, porque allí se refugió el Fuego ante el empuje de la Lluvia, que cae lo mismo sobre una deidad que sobre un rey o un ciudadano común.
Vencidos los tres rivales, Epikpayemi fue corriendo a abrazar a la Lluvia, contenta de haber hallado por fin a su verdadero marido. Entonces entonó un canto: antes del ebbó ella prefería el fuego al agua, pero el sacrificio se hizo presente y declaró esposo suyo a la Lluvia. Cerró alabando a Orunmila, quien hizo el sacrificio por ella.
3La mujer fiel (Ekolo, la lombriz)
En la consulta, Orunmila le había advertido a Epikpayemi, una mujer muy hermosa, de piel clara, que no anduviera coqueteando. En un canto de victoria que entonó antes, ella dijo preferir al más apuesto de sus pretendientes, el Sol. Sin embargo, el ebbó indicó que su esposo debía ser la Lluvia. Aun así, ella siguió, a escondidas, detrás del Sol.
El Sol, invencible, no soportaba perder. Cada vez que se asomaba entre las nubes a las que pertenecía, le repetía sus declaraciones de amor, y ella se esforzaba por resistir. Cuando comprendió que no la conquistaría, resolvió castigarla. Se dirigió al Fuego y lo llamó para que saliera de la piedra; el Fuego salió y le entregó su vara de mando, el Ashé, con el fin de usarla contra Epikpayemi.
Armado con la vara de fuego, el Sol fue a verla un día en que el esposo no estaba. Al verlo, ella recordó cuánto lo admiraba, lo abrazó con ardor y, casi sin notarlo, se enamoró otra vez. Aun así, recordó que no debía engañar a su esposo y determinó que todo se quedaría en un cariño sin consecuencias.
Al Sol solo lo satisfacía seducirla. Como no lo logró con palabras, la persuadió de que lo acompañara hasta un prado del Cielo cubierto de arbustos secos. Allí se detuvo y le exigió elegir: morir o huir con él. Ella no cedió.
Epikpayemi había errado: no le contó a su marido lo que el Sol le proponía y tampoco regresó con Orunmila para pedirle consejo, porque disfrutaba de la situación. Pero cuando tuvo que decidir entre vivir o morir, optó por la muerte antes que engañar a su esposo. El Sol levantó su vara de fuego, incendió el bosque y se esfumó, dejándola entre las llamas. Rodeada por el fuego, ella invocó a su esposo con un canto: le suplicaba que la rescatara del Sol y del Fuego, juraba que estaba muriendo por serle leal y que nunca lo había engañado, y le pedía que se apresurara para no perderla para siempre.
Apenas la Lluvia escuchó el canto, juntó las nubes y descargó una tormenta que apagó las llamas. Ella respiró aliviada. Pero, ya a punto de apagarse, el Fuego se coló por la orilla del bosque. Mientras ella volvía a casa, el fuego había alcanzado un árbol reseco y le había quemado la raíz por dentro, bajo el suelo. Epikpayemi puso el pie en el agujero y cayó sobre el fuego oculto, que le quemó las manos y las piernas. La lluvia continuó y por fin apagó todo, pero al liberarse ella ya había perdido las extremidades y tuvo que llegar a casa arrastrándose sobre el vientre.
Al verla, su esposo no supo quién era. Se preguntaba qué mujer se arrastraba hacia su casa. Cuando se acercó, vio con espanto que era su esposa. Ella le relató todo, y él la abrazó, agradecido por su lealtad, y prometió no dejarla aunque estuviera deformada. Le cambió el nombre por Ekolo, en yoruba, o Ikolo, en Benin: «la Fiel».
Ekolo es la lombriz de tierra. Fiel a su esposo, solo asoma a la superficie cuando llueve; si hay fuego o sol fuerte, se esconde bajo la tierra.
La palabra no se pierde — se abre
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