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Ogbe Roso

También se le dice Ogbe Iroso, Ogbe Irosun

nº 20 de 256 · Edición:

La verdad contra la mentira: su adivinación se apoya en el poder de los Egun, y únicamente la constancia derrota al enemigo y conserva la buena suerte.

54 patakíes 5 eewó 22 ebbós y obras 20 refranes

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Rezo del Odù— el que abre el registro

Ogbe Roso adifafun obiní shishé ounko ilé odara Orunmila molure Oyá atí Oshún obiní odara lordafun Olófin.

Orden en Ifá
Odù 20 de 256
Composición
Ogbe sobre Iroso
En el Diloggún
8-4 · Eyeunle tonti Iroso
Odù espejo
Iroso Ogbe
Santos que hablan
Orunmila · Osain (Osanyin) · Eshú · Obbatalá · Shangó · Oshún · Yemayá · Eggun
Eweses del signo
Cucaracha · Cordobán · Piñón africano · Ojo de buey

Nace · Ìbí LIBRE

  • Que las personas se vistieran con plumas (jujú).

  • Que al sacrificar aves, antes de cubrir la sangre se reza Ogbe Roso.

  • Que en este signo Ogún instruyó a los hombres en el oficio de las herramientas.

  • El ojo de la providencia.

Ogbe Roso es el Odù número 20 de 256 en el orden señorial de Ifá, de la familia de Ogbe: nace de Ogbe sobre Iroso. En los tratados aparece también como Ogbe Iroso, Ogbè Ìrosùn u Ogbe Irosun. Esta ficha reúne su rezo en yoruba, 54 patakíes (3 enteros a la vista, con su enseñanza, su ebbó y sus cantos), sus refranes, 22 ebbós y obras y las señales con las que se manifiesta en la consulta — con el eewó completo a la vista; los demás ires y osogbos, el resto de consejos y las recetas completas se abren con La Libreta.

La lectura del signo

lo que Ifá quiere decir, en palabras llanas

LIBRE

Ogbe Roso, que también se conoce como Ogbe Irosun, habla de verdades y mentiras, y es un signo de vigilancia. Aquí nacieron el ojo de la providencia, que lo ve todo, la costumbre de vestirse con plumas y el arte de las herramientas que Ogún enseñó a los hombres. También nació la cucaracha adodi, de la que no se sabe cuál es macho y cuál hembra, porque Olofin la creó así y nadie puede cambiarlo. Su decreto descansa en una sola virtud: con paciencia y sacrificio usted resiste, y llegará el día en que quienes lo envidian terminen llorando. Como Orunmila, a quien le robaron cuatro veces el Ude y cuatro veces lo recobró, usted termina quedándose con lo que le pertenece.

Usted es adivino: los Egun le dan su poder, y quien ve este signo está atado al santo aun antes de saberlo. Su padre de sangre ya murió y fue otra persona quien lo crió; agradézcales a los dos. Lo vigilan para traicionarlo, pero hay quien, queriendo hacerle un mal, sin darse cuenta le hace un bien. No se vengue por su mano, porque quien le hace daño a un inocente se queda ciego.

«No sienta temor: llegará el día en que sus enemigos tengan que llorar.»El pulso de Ogbe Roso

Su osogbo más serio está dentro de usted. Ser tan incrédulo puede costarle caro, y la impaciencia y el enojo pueden llevarlo a pensar en quitarse la vida; en su familia hubo alguien que se ahorcó. Preste atención a esto: si esos pensamientos aparecen, no se quede solo, hable con alguien de confianza, busque a un médico o a un profesional, y atienda a sus Egun y a su cabeza como manda el signo. No se meta a separar peleas ajenas ni entre en la tragedia de otros, porque queda atrapado, y cuídese en el mar.

Aunque es hijo de un santo varón, en su carácter hay poco de varón. En el amor, no enamore a una mujer casada. La mujer de este signo puede terminar con dos maridos, y aquí hay peligro de violencia: si uno lo descubre, puede llegar a matarla. En el dinero, rechace a tiempo lo que llega como un bien y trae la desgracia escondida, que después la riqueza verdadera viene sola. Tenga su casa limpia, ordenada y en paz, porque la prosperidad pasa de largo por la casa en desorden, y reparta con justicia para que un hermano no se le vuelva enemigo.

En la salud, cuide la vista antes que nada y no trabaje de noche, ni aun con luz, porque se le puede ir apagando hasta dejarlo ciego. Pueden aparecer problemas de cáncer, y un tumor en la garganta. Cumpla el ebbó a tiempo y sin discutirlo, porque dejarlo para después puede costar la vida de un ser querido, y diga siempre la verdad: en este signo la mentira camina muchos años y nunca llega a ninguna parte.

El signo en una frase

Diga la verdad, cuide la vista y déle luz al padre que no conoció — que Ogbe Roso adivina con sus muertos, y la providencia no lo pierde de vista.

El diagnóstico

habla · prohíbe · recomienda

LIBRE LA LIBRETA

Habla LIBRE

Que antes de morir Ogbe Roso, un Eggun viene a pasar por su cabeza.
Que el Awó de este Ifá basa su adivinación en el poder de los Egun.
Que cuando aparece este Ifá, la persona está destinada al santo (debe hacerse santo).
De que quien la crio no fue su padre sino otro, pues el verdadero ya falleció.
De la maldición de Obbatalá: el que le haga un daño sin motivo se quedará ciego.
De un familiar que se ahorcó.

Eewó · prohibiciones LIBRE

El eewó completo va libre: es información de cuidado, y quien salió con este signo la necesita hoy.

No intente perjudicar a nadie, para que ese daño no se vuelva su propia desgracia.
Tenga precaución al bañarse en el mar: un pez grande podría atacarlo.
No sea impaciente.
No se incomode, no sea que usted misma le ponga fin a su vida.
No separe a nadie que esté en una pelea ni se interponga en medio de una tragedia.

Iré y osogbo LIBRE

Tres iré —lo bueno que el signo trae— y tres osogbo —lo adverso que avisa— de muestra.

Con el tiempo, sus enemigos tienen que llorar, y con paciencia y sacrificio resiste y vence los planes de quienes lo envidian por su suerte.
La persona adivina, porque los Egun le dan su poder.
Hay quien quiere hacerle un daño y sin querer le está haciendo un bien.
Lo vigilan para traicionarlo, y sus enemigos pierden el sueño por espiarlo.
Su incredulidad es tan grande que puede costarle la vida.
Si trabaja de noche, aunque sea con luz, la vista se le va perdiendo hasta quedar ciego.

39 ires y osogbos más esperan tras el muro — todo lo bueno que este Odù trae y todo lo adverso que avisa.

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Recomendaciones LA LIBRETA

Ruéguese la cabeza con pargo.
Otorgarle a Elegbara lo que quiere, para evitar sus trampas.

13 consejos y avisos más esperan tras el muro — lo que este Ifá manda hacer, cuidar y evitar.

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Refranes de Ogbe Roso · Òwe

la sentencia y lo que te está diciendo

LIBRE LA LIBRETA

Las mentiras viajan por veinte años y jamás llegan.

La mentira puede correr mucho tiempo y muy lejos, pero nunca llega a puerto: tarde o temprano se queda sin camino. La verdad, aunque lenta, es la única que alcanza su destino.

Un mentiroso huyó a un viaje por seis meses y jamás volvió.

El que vive de la mentira termina huyendo de ella: se aleja para que no lo alcancen sus palabras y pierde su casa, su gente y su lugar. La falsedad destierra a quien la practica.

El padre nunca niega la ayuda al hijo.

El amparo de los mayores — del padre, del padrino, de Orunmila — nunca se le niega al que llega con respeto. Enseña que siempre hay puerta adonde volver, y que el que guía tiene el deber de socorrer.

La verdad dice que es mejor mejorar la verdad o morir.

El ojo del hombre va a Dios solamente entre las lágrimas.

El hacer el padre por el hijo es hacer por sí mismo.

Un sueño realizado en el camino vale más que cientos soñados en la cama.

Es mejor equivocarse andando que no saber caminar.

Si le das un puntapié a tu perro, otros le darán palos.

El que enmienda sus defectos desarma a sus enemigos.

Si tu cabeza no te vende, no hay quien te compre.

Para el que cree, todo es posible.

Mostrar desconfianza es un desliz; confiar del todo es un gran error.

Nada prestado se puede tener para siempre.

El que pierde a su padre pierde su protección.

Aquel que es enterrado por su hijo es quien de veras tuvo hijos.

Cuando la cabeza es buena, conduce a los pies por buen camino.

Por mucho que lo anuncien, no compres lo que no sirve.

Quien lleva mucho por fuera, poco tiene por dentro.

Lanza el sueño al camino, Ogbe ve el osun, Ogbe saca el osun.

17 interpretaciones selladas — el texto que traduce cada sentencia a tu vida, en español y en inglés.

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Los patakíes

los caminos del Odù — la historia detrás de cada sentencia

LIBRE LA LIBRETA
1Cómo Orunmila ganó el Ude (la insignia de autoridad)

Tras crear a los seres humanos, el cielo quedó tan lleno que Olodumare se cansó de sentarse a oír, como era su costumbre, las quejas diarias de todos. Dijo a las deidades y a las personas que deseaba disolverse en el vacío. Antes de hacerlo elegiría, entre sus doscientas divinidades, a la que ocupara su puesto tanto arriba como abajo, y las convocó a un examen para ver cuál servía.

Orunmila, antes de acudir, consultó con Ifá y recibió la orden de entregarle un chivo a Eshu. Cumplió ese ebbó y salió. Reunidas las deidades, Olodumare mostró el Ude, su insignia de autoridad, y todas avanzaron alardeando. Entre tanto, Eshu tomó el aspecto de un alto personaje del cielo y le dijo a Olodumare que solo servía para el cargo la deidad holgazana que llegaba vestida de blanco. Olodumare dudaba de ella, pero obedeció a Eshu.

Puso a Orunmila a prueba por una semana y le dejó la insignia. Orunmila la colgó en el altar de su ángel de la guarda. Osain, la deidad de las medicinas, era amigo cercano de Orunmila, siempre estaban juntos, y era el único dios con permiso para entrar a su casa sin pedirlo.

La deidad de la hechicería juntó a sus seguidores y planeó ganarse a Osain para robar el Ude de la casa de Orunmila, pues se creía el más apto para custodiar la insignia de Olodumare. Alegaba haber sido el jefe de los cuatro vigilantes del pendiente cada vez que Olodumare se bañaba antes de que cantara el gallo. Los brujos consiguieron el sí de Osain.

Con el pacto cerrado, Osain entró en la habitación de Orunmila, lo hipnotizó y lo dejó en un sueño placentero. Tomó la insignia y la mandó a la deidad de la noche, la de las tinieblas. Apenas la recibieron, abrieron una cavidad dentro de la chimenea del fogón de Orunmila y la ocultaron allí.

Orunmila despertó y notó que la insignia faltaba. Mandó traer a los awó que le habían adivinado al comienzo, y estos le indicaron un ebbó de ñame triturado con carne de rata y de pescado; debía esparcirlo por detrás de la casa y dejar parte en la chimenea de la cocina. Así lo hizo. Luego aves y cabras rondaron la casa comiendo la ofrenda, incluso la de la chimenea. Ese día Akpetebí, mujer de Orunmila, entró a la cocina, descubrió la insignia y se lo dijo a él. Orunmila la tomó, la limpió y se la colgó, pues tenía que llevarla al regresar, pasados los siete días, para sentarse en su sitio en las reuniones diarias. Llegó al encuentro con la insignia puesta y pronunció a la entrada el saludo habitual; todos le contestaron. Eso bastó para que Osain, la deidad de las tinieblas y las demás entendieran que la tenía de nuevo, y todos se inclinaron hasta el suelo ante él.

Al salir de la reunión, Orunmila resolvió esconder la insignia bajo su almohada. Aquella noche Osain regresó a felicitarlo por su éxito, aguardó a que cayera dormido y volvió a hipnotizarlo. Alzó la cabeza de Orunmila, sacó la insignia y la dio a los ancianos de la noche, quienes la sepultaron en el basurero. Orunmila despertó, vio que se la habían robado y convocó otra vez a sus awó.

Los tres awó llegaron y la adivinación dio Ogbe Irosun. Indicaron un ebbó de ñame triturado y trocitos de rata y de pescado, con los restos arrojados al basurero, más un chivo para Eshu. Uno de los acompañantes de los awó sugirió que quien llevara la ofrenda al basurero fuera armado con un machete, para cavar en una madriguera de rata que hallaría allí y atrapar al animal antes de dejar el ebbó. Como la ocurrencia era suya, le encargaron la tarea. Cuando vio la madriguera, cavó; la rata escapó hacia otra, bajo las raíces de un árbol, y al seguir excavando chocó con algo de metal: era la insignia. Mató a la rata y volvió con ella y con la insignia ante los awó.

Orunmila la aseó, se la colgó de nuevo y esa noche fue a la junta de las deidades. Tras el intercambio de saludos se sentó en la silla central, que por cortesía corresponde a quien preside la mesa grande. Los conspiradores notaron que la tenía otra vez.

Terminada la junta, los ancianos de la noche acordaron echar la insignia a un río. Osain la sacó de nuevo del mismo modo y la dio a los brujos, que la tiraron al río Okun Osa. Relucía como un diamante y atrajo a todos los peces. Uno chico fue el primero y la engulló; otro mayor se comió al chico; y Amiegho, rey de los peces, viendo eso, devoró al segundo. De regreso a su guarida quedó atrapado en una red.

La víspera del día de devolver la insignia a Olodumare, Orunmila no la halló y se quedó perplejo. Convocó de nuevo a sus awó de confianza. Tras adivinar, le ordenaron un ebbó para el río Okun Osa: un chivo macho para Eshu y, para Ifá, un guineo y tres pescados recién sacados del río. El joven que la había encontrado la vez anterior planteó que antes se arrojara al río, desde una canoa fondeada, un ebbó de ñame triturado con pescado y rata, una vez reunidos «tres pescados en uno». Nadie supo qué quería decir, y le pidieron que descifrara él mismo el acertijo.

El joven pidió una bolsa de dinero, que entonces equivalía a 65k. Explicó que en el río se vería a un pescador arrimando a la orilla su canoa con dos peces no muy grandes, que vendería en 65k. De nuevo le mandaron ir a él. En el río encontró al pescador con dos peces, uno grande, de vientre abultado, y otro chico; preguntó cuánto costaba el mayor y le dijeron 65k. Pagó, lanzó el ebbó al agua y regresó con el pez.

Al partirlo hallaron adentro un pez más pequeño, en cuyo estómago había otro, y en el interior de este estaba la insignia. Así volvió a manos de Orunmila.

Orunmila, temiendo otro robo nocturno, pidió a sus tres awó y a sus ayudantes que velaran hasta el alba bailando, comiendo y bebiendo. Lo aceptaron si les daba regalos y dinero mientras bailaban. Él puso grandes lámparas de aceite en cinco lugares: el basurero, el altar de Eshu, el frente y el fondo de la casa y su santuario de Ifá. Comieron los tres pescados y el guineo, bebieron vino sin medida hasta la mañana, y entonces Orunmila le ofreció el chivo a Eshu. Los awó se repartieron la carne y se fueron a sus casas.

Por fin llegó el día de presentar la insignia. Reunida la asamblea, Orunmila apareció con ella puesta. Estando Olodumare en su silla, se la quitó y se la tendió de rodillas. Olodumare le pidió que se la dejara en el cuello y la llevara siempre como herencia divina, y le avisó de que muchos enemigos intentarían arruinarlo con robos, pero que desde esa fecha ninguno lo lograría.

Obatalá había hecho de Osain su médico en el cielo, y Osain ejercía con decoro. En una ocasión lo llamaron a preparar un remedio para una de las esposas de Obatalá y, acabado el trabajo, mantuvo relaciones con ella. Orunmila, entre tanto, había usado su insignia para maldecir a todos los que le causaron aquellos problemas.

Una noche Obatalá percibió, desde su harén, una voz sorda: era Osain, que hablaba con la nariz. Fue abriendo las puertas hasta la alcoba de su esposa preferida y llamó. Osain, sin lugar donde ocultarse, tomó forma de serpiente y se arrastró a un hueco de la chimenea de ella. Obatalá entró, preguntó quién era el intruso y no vio a nadie, así que hizo venir a Orunmila. Este, mirando en el espejo de su insignia, vio a Osain en el hueco, y Osain le suplicó mentalmente que no lo delatara. En nombre de la vieja amistad, Orunmila no entregó a su amigo. Le recomendó a Obatalá un ebbó con una rata, pescado, una gallina, una cabra y la leña de la chimenea de la esposa. Obatalá trajo los materiales y quería hacerlo ahí mismo; Orunmila insistió en que fuera en su santuario de Ifá. Llevaron entonces todo a su casa, incluidos los leños donde se escondía Osain como serpiente, y Orunmila despidió a los mensajeros al llegar.

Osain salió a dar las gracias. Orunmila le dijo que sabía de su parte en el robo de la insignia y que ese apuro era el castigo por sus faltas. Osain se sinceró y confesó su complicidad, y para reparar el daño se ofreció a ser siervo de Orunmila para siempre y a cumplir lo que este quisiera. Orunmila aceptó.

Por eso hoy, antes de que nazca un niño, Osain elabora todos los remedios para cuidarlo antes del parto, hasta el momento de nacer, y Orunmila se queda con el reconocimiento final.

Lo que enseña

La autoridad que da Olodumare se conserva con paciencia, vigilancia y ebbó, aunque otros intenten quitarla una y otra vez. Quien es traicionado por alguien cercano no debe responder con violencia, pues la justicia acomoda las cosas. Hasta el traidor puede acabar sirviendo a quien traicionó.

Chivo para Eshu antes de la prueba

Un chivo para Eshu, que Ifá mandó dar antes de ir a la reunión de las deidades.

Primer ebbó para recuperar el Ude

Ñame triturado con carne de rata y de pescado, esparcido por detrás de la casa y puesto también en la chimenea de la cocina.

Segundo ebbó, cuando salió Ogbe Irosun

Ñame triturado, trozos de rata y de pescado, y un chivo para Eshu. Los restos se tiran en el basurero; quien los lleva va con machete y atrapa antes a la rata de su madriguera.

Tercer ebbó, al río Okun Osa

Un chivo macho para Eshu; un guineo y tres pescados frescos del río para Ifá. Antes, desde una canoa fondeada, se arroja al río ñame triturado con pescado y rata.

Vigilia contra el robo

Velada hasta el alba con baile, comida y bebida, y regalos y dinero para los awó. Se ponen lámparas grandes de aceite en cinco lugares: el basurero, el altar de Eshu, el frente de la casa, el fondo y el santuario de Ifá. Al amanecer se ofrece el chivo a Eshu y los awó se reparten la carne.

Ebbó que Orunmila recomendó a Obatalá

Una rata, pescado, una gallina, una cabra y la leña de la chimenea. Se hace en el santuario de Ifá de Orunmila.

Cuando sale este odu

A quien le sale conviene preparar pronto el ebbó especial descrito arriba para ganar tiempo, porque lo someterán a una prueba o debate por un cargo de alta autoridad. Debe cuidarse de un hermano menor, un pariente o un amigo cercano. Si lo traicionan, no debe responder con exceso, pues la justicia distributiva pondrá de rodillas al traidor. Debe mantenerse paciente y vigilante.

Rezo del camino

Abinu erin, amu owore da san abinu ogbo momo amu orire kon ogiri abinu okpe luju kon ya gbude komi awo me tela lon difafun Orunmila nijo te fe gba ude lowo Olodumare

El que se molestó con el elefante pero se comió su carne en su sopa. El que se enojó con el carnero padre y golpeó su cabeza contra la pared antes de matarlo para comer. El que se molestó por causa del vino de palma en el bosque y lanzó el medallón de autoridad (Ud.) al agua.

El verso de adivinación con que los awó le adivinaron a Orunmila cuando iba a recibir el Ude

abinu erin, amu owore da san abinu ogbo momo amu orire kon ogiri abinu okpe luju kon ya gbude komi awo me tela lon difafun Orunmila nijo te fe gba ude lowo Olordumare (El que se molestó con el elefante pero se comió su carne en su sopa. El que se enojó con el carnero padre y golpeó su cabeza contra la pared antes de matarlo para comer. El que se molestó por causa del vino de palma en el bosque y lanzó el medallón de autoridad (Ud.) al agua.)

El saludo de Orunmila al llegar a la entrada de la reunión, y la respuesta de todos

Salama alaikun Salauku babalawo

2La paciencia (los mensajeros de la desgracia)

Ogbe Iroso dejó el cielo y se instaló en el mundo, donde siguió ejerciendo la adivinación con Ifá igual que antes. Los comienzos fueron duros. Aunque dominaba el oficio y tenía buen corazón, apenas sacaba provecho de su trabajo, pues la gente abusaba de su bondad. Dos awó vivían a su lado como adivinos. Uno se llamaba Uroke Mi Lawo Ligorin; el otro, Uruke Milawo Le Turuye. Ellos le recomendaron tres ofrendas: un chivo para Eshu, un conejo para los ancianos de la oscuridad y un gallo para su propia cabeza. Además debía sacrificar una campana de cascabel, tratarla con las hojas correspondientes y dejarla en el lugar donde guardaba su Ifá. Le avisaron de que tendría que armarse de paciencia, ya que la esperaban cambios, pruebas y vivencias de todo tipo. Cumplió con el ebbó tal como se lo dijeron.

Los problemas nacieron en el cielo. Los awó celestiales se sentían molestos por la generosidad con que Ogbe Iroso ayudaba a unos humanos desagradecidos. Él sabía aliviar a los pobres sin pedirles pago, y eso dejaba a los awó de arriba sin nada que hacer, porque su labor en la tierra les restaba trabajo.

Sus enemigos le fueron mandando un golpe tras otro. Primero soltaron sobre la tierra deudas innumerables. Después recurrieron a las divinidades que gobiernan la muerte y la enfermedad, para que cada una lo hiciera volver al cielo. Las tres, deuda, muerte y enfermedad, se resistieron a ir, pues él las identificaría de inmediato. La muerte puso una condición: iría únicamente si primero le llegaban riquezas, porque creía que un hombre pobre como él se dejaría vencer por el dinero. La enfermedad exigió que antes le llevaran una esposa, ya que él vivía solo en la tierra. La deuda pidió que le enviaran antes a un hijo, pues tampoco tenía descendencia.

Mientras tanto, los conspiradores resolvieron mandar por delante a la Paciencia (Suuro). Su tarea sería agotarlo hasta hacerlo caer y averiguar qué tan débil era frente a los demás visitantes. Ella es la hermana mayor de la riqueza, y la costumbre manda que lo primero que haga sea pasar por la casa del ángel guardián de cada habitante de la tierra. Al llegar adonde estaba el ángel guardián de Ogbe Iroso, este le suplicó que cuidara de su protegido y lo preparara frente a cualquier amenaza. Ella aceptó el trato y se marchó a vivir con Ogbe Iroso.

A Ogbe Iroso le repitieron que nunca perdiera la paciencia. Cuando los visitantes ya salían hacia su casa, sus dos adivinos le recomendaron ofrecer a Eshu un macho cabrío y tres estacas.

Esa misma noche soñó con su ángel guardián, que le anunció la llegada de una gran suma de dinero. En ese momento empezó a repicar la campana de su Ifá y le sirvió de alerta. Al despertar vio acercarse el dinero, y tras él, ocultos, los mensajeros de la muerte. Haberlo dejado pasar habría significado que la muerte lo alcanzara. Con ayuda de la paciencia cerró los ojos y ordenó al dinero que se esfumara de su casa antes de volver a abrirlos. Le explicó que, sin las trampas de sus enemigos, lo habría recibido encantado. El dinero se marchó de inmediato.

Siguió la enfermedad, que envió por delante a una esposa. La campana de su Ifá volvió a sonar, y así el ángel guardián lo previno otra vez. Cuando abrió la puerta, encontró a una joven hermosa con la enfermedad oculta tras ella. La paciencia le dio fuerzas para hablarle así: «Hermosa joven, a tu lado habría sido muy dichoso, pero dejaste que la enfermedad te acompañara hasta mi puerta. Lo lamento, no puedo recibirte». Asustada, la joven se retiró, y la enfermedad la siguió.

Luego vino la deuda, con un niño al frente. El ángel guardián tocó de nuevo la campana y lo avisó con un canto. Al despertarse, Ogbe Iroso encontró a un grupo de niños. Apoyado en la paciencia, descubrió la deuda escondida atrás y los despidió. Los niños se alejaron y la deuda con ellos.

De regreso en el cielo, los mensajeros se lamentaron. El dinero culpó a la muerte de haberle impedido quedarse con un hombre honrado. La joven culpó a la enfermedad de haberle impedido casarse con ese hombre afectuoso. Los niños le reprocharon a la deuda que no pudieran vivir con un padre que les habría dado una excelente educación. También les pesaba que la Paciencia, su hermana mayor, viviera con Ogbe Iroso. Por eso resolvieron bajar a la tierra, a reunirse con ella, sin nadie que los acompañara.

Esa tarde llegó primero el dinero a la casa de Ogbe Iroso, y él se volvió muy rico. Lo siguió un grupo de jóvenes, con todas las cuales se casó. Los niños llegaron al final, de modo que tuvo muchísimos hijos al mismo tiempo. Como gesto de gratitud hacia sus dos adivinos y su ángel guardián por los sacrificios, organizó una fiesta con reses, cerdos, carneros y cabras, y mucha bebida. En plena celebración cantó el episodio de los mensajeros de las desgracias, que había superado con paciencia.

Salió airoso de la prueba. Por obra de la paciencia, y también de los sacrificios, la prosperidad regresó a su vida sin ninguna desgracia escondida, y vivió feliz para siempre.

Lo que enseña

Los males pueden presentarse con la apariencia de lo que más se desea, y solo la paciencia deja ver lo que viene escondido detrás. Quien aguanta y no se deja llevar por la prisa recibe después los mismos bienes sin la desgracia. La perseverancia aparece aquí como el remedio para alcanzar una felicidad duradera.

Ebbó que recomendaron los adivinos

Para Eshu, un chivo; para los ancianos de la oscuridad, un conejo; para la cabeza del awó, un gallo. Además, una campana de cascabel, tratada con las hojas apropiadas y puesta en el santuario de Ifá. Con ello se le pedía mucha paciencia para los cambios y pruebas que vendrían.

Ebbó cuando llegaban los mensajeros

Para Eshu, un macho cabrío; además, tres estacas.

Consejo cuando sale el odu

Se advierte a la persona consultada que hay enemigos poderosos tramando contra ella. Con los sacrificios necesarios podrá aguantar y vencer. Se le explica también que la perseverancia es la clave de una felicidad estable y de la prosperidad: aunque el camino se complique, con mucha paciencia conseguirá cuanto se compra con dinero, excepto el dinero ganado de forma ilegal.

Súyere del camino

Ogbe-maa-sun-o alukereje Ogbe maasun-o alukereje, Ogbe-mosun alukereje suru wole mi o alukereje mogbalejoo alukereje owó-de-lemi-o alukereje uku lele eyin o alukereje mowa le won-lo-o alukereje won kpada leyin mio alukereje aya de lemio alukereje, Ogbe-mosun alukereje arun lele yin o alukereje mowa le won lo-o alukereje won kpada leyin min o alukereje omo wale mio alukereje gbese le le yin-o alukereje mowa le won lo-o alukereje won kpada leyin min o alukereje Ogbe maaama sun-o alukereje ola-wa sile min o alukereje omo le yin o alukereje, Ogbe-mosun alukereje aya kpadewa o alukereje obebe sile min o alukereje omo wa sile min o alukereje won joko sile min o alukereje awon bamin jo o alukereje awon bamin jo o alukereje.

Ogbe-maasun on alukereje Ogbe-maasun alukereje

3Cómo perdió a su primera esposa

Al llegar al mundo, Ogbe Irosun tomó por esposa a Moriyeke, nombre que quiere decir que una madre renació como hijo suyo. Ella era una mujer de mala conducta. Por entonces los awós se reunían cada semana en la casa de Ogbe Irosun. Apenas se instaló allí, ella empezó a comportarse mal, y él vivía desdichado.

Tras una discusión, ella recogió sus pertenencias y volvió donde su madre. El hechicero Ojigbona comenzó a rondarla. Ella le previno de que su marido era un hombre poderoso, pero el hechicero insistió hasta que se casaron. Y no se conformó con quitarle la esposa: además empezó a enviar dardos misteriosos contra Ogbe Irosun. Este llevaba siempre al cuello un amuleto, y por su medio descubrió las intenciones malvadas del rival y entonó un canto. Esa canción anunciaba que venían enfermedades y muerte y que había que velar. De ahí el apodo de este odu, Ogbe Maasun, es decir, «Ogbe no duerme». Gracias a esas advertencias logró desbaratar los planes de Ojigbona.

Cierto día se presentó Shangó para provocarlo. ¿No iba a cobrar venganza por la esposa que se marchó con otro? ¿No lo avergonzaba? Ogbe Irosun contestó que no encontraba motivo de vergüenza en que ella lo abandonara, que no sentía enojo y que solo se enojaría si las divinidades, Shangó entre ellas, se enojaban por la conducta de la mujer.

Con esa respuesta, Eshu, Suakpana, Shangó y Ogún declararon que sí estaban enojados y que irían a castigarla. Le preguntaron qué recibirían a cambio. Él prometió un gallo para cada uno y un chivo para Eshu. Ellos se comprometieron a entregársela atada con cadenas dentro de siete días.

Esa misma noche Ogún, con su mazo, golpeó la cabeza de la mujer mientras dormía. El dolor se volvió insoportable, y Ojigbona preguntó a su oráculo; la respuesta fue que el dolor cesaría solo si ella regresaba con su primer marido. Ojigbona se presentó sin recato ante Ogbe Irosun para rogarle que sanara a la mujer. Ogbe Irosun dijo que no era médico, que un sacerdote de Ifá solo entiende de ebbó, y que había que entregar un gallo a Ogún. Ojigbona exhibió el gallo al instante, y con esa ave Ogbe Irosun cumplió su promesa a Ogún. La cabeza dejó de dolerle, pero ella continuó en casa de Ojigbona.

Al día siguiente Shangó le colocó un tambor dentro del pecho y empezó a tocarlo. Ella gemía con un dolor en el tórax y, al borde de la muerte, la trasladaron a casa de Ogbe Irosun. Este solicitó un gallo como ebbó y con él retribuyó a Shangó. Ella respiró aliviada un rato, pero siguió viviendo con Ojigbona.

Después fue el turno de Suakpana, que le arrojó maíz, y a ella le subió una fiebre altísima. La condujeron ante su exmarido, quien pidió otro gallo para pagar a Suakpana. Se recuperó, pero no se separó de Ojigbona.

Eshu esperó. Cuando ella se sintió del todo sana, le ató la cintura, el estómago, la garganta, las manos y los pies. A la mañana siguiente Ojigbona contempló aquel estado y, vencido, abandonó la casa dejándola con su madre. La madre acudió a Ogbe Irosun suplicando que la sanara. Él exigió dos ofrendas: un carnero, para su Ifá, y un chivo, que correspondía a Eshu. Ella se restableció, pero él no consintió en tomarla de nuevo como esposa.

La lección de estos hechos es que Orunmila por lo general no se desquita de quien lo ofende. Con deidades más violentas, la mujer habría sido destruida de una vez. Él aguardó a que los demás comenzaran a burlarse de él y, aun entonces, no actuó por sí mismo: permitió que otros hicieran la parte dura. Nunca fue Orunmila quien castigó personalmente a la mujer. Sabe y puede hacer y deshacer, pero lo rehusó. Eso es lo que quiere de sus hijos y seguidores: que hagan de la perseverancia una virtud duradera.

Lo que enseña

Orunmila no se venga con su propia mano, aunque tenga el poder de hacerlo, y deja que otros respondan por la ofensa. La paciencia y la perseverancia son la conducta que se espera de sus hijos. Curar a quien hizo el daño no obliga a recibirlo de nuevo en la vida propia.

Lo que Ogbe Irosun pagó a las deidades

Tres gallos, uno para cada uno de Ogún, Shangó y Suakpana. Además, un carnero para su propio Ifá y el chivo prometido a Eshu.

Al aparecer este odu en el Igbodu

Se indica a la persona que, cuanto antes, atienda con un guineo la cabeza propia y la de su esposa, ante Ifá en su santuario. De lo contrario, ella se irá y solo volverá en un trance de vida o muerte.

Prohibición

Quien intente conquistar a la esposa de algún sacerdote de Ifá puede perder la razón o morir, por lo que está vedado. Al sacerdote se le advierte lo mismo respecto a la mujer ajena, para librarse del dolor de estómago.

Súyere del camino

Ogbe-maasun-o alukereje Ogbe-maasun-o alukereje aya kpadewa o alukereje obebe sile min o alukereje omo wa sile min o aluke Ogbe-maasun-o alukereje

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Preguntas frecuentes

sobre Ogbe Roso

LIBRE

¿Qué significa el Odù Ogbe Roso en Ifá?

La verdad contra la mentira: su adivinación se apoya en el poder de los Egun, y únicamente la constancia derrota al enemigo y conserva la buena suerte.

¿Qué número es Ogbe Roso entre los 256 Odù de Ifá?

Ogbe Roso es el Odù número 20 de los 256 de Ifá, de la familia de Ogbe: nace de Ogbe sobre Iroso.

¿Qué orishas hablan en Ogbe Roso?

En el Odù Ogbe Roso hablan Orunmila, Osain (Osanyin), Eshú, Obbatalá, Shangó, Oshún, Yemayá y Eggun.

¿Cuál es un refrán del Odù Ogbe Roso?

Uno de los refranes de Ogbe Roso dice: «Las mentiras viajan por veinte años y jamás llegan».

¿Qué incluye La Libreta?

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La familia de Ogbe

los 16 caminos

Este es 1 de 256

Cada punto es un Odù con sus caminos, sus obras, sus eewó y sus rezos. El encendido es el que acabas de leer. Los otros 255 te esperan.

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