Tras crear a los seres humanos, el cielo quedó tan lleno que Olodumare se cansó de sentarse a oír, como era su costumbre, las quejas diarias de todos. Dijo a las deidades y a las personas que deseaba disolverse en el vacío. Antes de hacerlo elegiría, entre sus doscientas divinidades, a la que ocupara su puesto tanto arriba como abajo, y las convocó a un examen para ver cuál servía.
Orunmila, antes de acudir, consultó con Ifá y recibió la orden de entregarle un chivo a Eshu. Cumplió ese ebbó y salió. Reunidas las deidades, Olodumare mostró el Ude, su insignia de autoridad, y todas avanzaron alardeando. Entre tanto, Eshu tomó el aspecto de un alto personaje del cielo y le dijo a Olodumare que solo servía para el cargo la deidad holgazana que llegaba vestida de blanco. Olodumare dudaba de ella, pero obedeció a Eshu.
Puso a Orunmila a prueba por una semana y le dejó la insignia. Orunmila la colgó en el altar de su ángel de la guarda. Osain, la deidad de las medicinas, era amigo cercano de Orunmila, siempre estaban juntos, y era el único dios con permiso para entrar a su casa sin pedirlo.
La deidad de la hechicería juntó a sus seguidores y planeó ganarse a Osain para robar el Ude de la casa de Orunmila, pues se creía el más apto para custodiar la insignia de Olodumare. Alegaba haber sido el jefe de los cuatro vigilantes del pendiente cada vez que Olodumare se bañaba antes de que cantara el gallo. Los brujos consiguieron el sí de Osain.
Con el pacto cerrado, Osain entró en la habitación de Orunmila, lo hipnotizó y lo dejó en un sueño placentero. Tomó la insignia y la mandó a la deidad de la noche, la de las tinieblas. Apenas la recibieron, abrieron una cavidad dentro de la chimenea del fogón de Orunmila y la ocultaron allí.
Orunmila despertó y notó que la insignia faltaba. Mandó traer a los awó que le habían adivinado al comienzo, y estos le indicaron un ebbó de ñame triturado con carne de rata y de pescado; debía esparcirlo por detrás de la casa y dejar parte en la chimenea de la cocina. Así lo hizo. Luego aves y cabras rondaron la casa comiendo la ofrenda, incluso la de la chimenea. Ese día Akpetebí, mujer de Orunmila, entró a la cocina, descubrió la insignia y se lo dijo a él. Orunmila la tomó, la limpió y se la colgó, pues tenía que llevarla al regresar, pasados los siete días, para sentarse en su sitio en las reuniones diarias. Llegó al encuentro con la insignia puesta y pronunció a la entrada el saludo habitual; todos le contestaron. Eso bastó para que Osain, la deidad de las tinieblas y las demás entendieran que la tenía de nuevo, y todos se inclinaron hasta el suelo ante él.
Al salir de la reunión, Orunmila resolvió esconder la insignia bajo su almohada. Aquella noche Osain regresó a felicitarlo por su éxito, aguardó a que cayera dormido y volvió a hipnotizarlo. Alzó la cabeza de Orunmila, sacó la insignia y la dio a los ancianos de la noche, quienes la sepultaron en el basurero. Orunmila despertó, vio que se la habían robado y convocó otra vez a sus awó.
Los tres awó llegaron y la adivinación dio Ogbe Irosun. Indicaron un ebbó de ñame triturado y trocitos de rata y de pescado, con los restos arrojados al basurero, más un chivo para Eshu. Uno de los acompañantes de los awó sugirió que quien llevara la ofrenda al basurero fuera armado con un machete, para cavar en una madriguera de rata que hallaría allí y atrapar al animal antes de dejar el ebbó. Como la ocurrencia era suya, le encargaron la tarea. Cuando vio la madriguera, cavó; la rata escapó hacia otra, bajo las raíces de un árbol, y al seguir excavando chocó con algo de metal: era la insignia. Mató a la rata y volvió con ella y con la insignia ante los awó.
Orunmila la aseó, se la colgó de nuevo y esa noche fue a la junta de las deidades. Tras el intercambio de saludos se sentó en la silla central, que por cortesía corresponde a quien preside la mesa grande. Los conspiradores notaron que la tenía otra vez.
Terminada la junta, los ancianos de la noche acordaron echar la insignia a un río. Osain la sacó de nuevo del mismo modo y la dio a los brujos, que la tiraron al río Okun Osa. Relucía como un diamante y atrajo a todos los peces. Uno chico fue el primero y la engulló; otro mayor se comió al chico; y Amiegho, rey de los peces, viendo eso, devoró al segundo. De regreso a su guarida quedó atrapado en una red.
La víspera del día de devolver la insignia a Olodumare, Orunmila no la halló y se quedó perplejo. Convocó de nuevo a sus awó de confianza. Tras adivinar, le ordenaron un ebbó para el río Okun Osa: un chivo macho para Eshu y, para Ifá, un guineo y tres pescados recién sacados del río. El joven que la había encontrado la vez anterior planteó que antes se arrojara al río, desde una canoa fondeada, un ebbó de ñame triturado con pescado y rata, una vez reunidos «tres pescados en uno». Nadie supo qué quería decir, y le pidieron que descifrara él mismo el acertijo.
El joven pidió una bolsa de dinero, que entonces equivalía a 65k. Explicó que en el río se vería a un pescador arrimando a la orilla su canoa con dos peces no muy grandes, que vendería en 65k. De nuevo le mandaron ir a él. En el río encontró al pescador con dos peces, uno grande, de vientre abultado, y otro chico; preguntó cuánto costaba el mayor y le dijeron 65k. Pagó, lanzó el ebbó al agua y regresó con el pez.
Al partirlo hallaron adentro un pez más pequeño, en cuyo estómago había otro, y en el interior de este estaba la insignia. Así volvió a manos de Orunmila.
Orunmila, temiendo otro robo nocturno, pidió a sus tres awó y a sus ayudantes que velaran hasta el alba bailando, comiendo y bebiendo. Lo aceptaron si les daba regalos y dinero mientras bailaban. Él puso grandes lámparas de aceite en cinco lugares: el basurero, el altar de Eshu, el frente y el fondo de la casa y su santuario de Ifá. Comieron los tres pescados y el guineo, bebieron vino sin medida hasta la mañana, y entonces Orunmila le ofreció el chivo a Eshu. Los awó se repartieron la carne y se fueron a sus casas.
Por fin llegó el día de presentar la insignia. Reunida la asamblea, Orunmila apareció con ella puesta. Estando Olodumare en su silla, se la quitó y se la tendió de rodillas. Olodumare le pidió que se la dejara en el cuello y la llevara siempre como herencia divina, y le avisó de que muchos enemigos intentarían arruinarlo con robos, pero que desde esa fecha ninguno lo lograría.
Obatalá había hecho de Osain su médico en el cielo, y Osain ejercía con decoro. En una ocasión lo llamaron a preparar un remedio para una de las esposas de Obatalá y, acabado el trabajo, mantuvo relaciones con ella. Orunmila, entre tanto, había usado su insignia para maldecir a todos los que le causaron aquellos problemas.
Una noche Obatalá percibió, desde su harén, una voz sorda: era Osain, que hablaba con la nariz. Fue abriendo las puertas hasta la alcoba de su esposa preferida y llamó. Osain, sin lugar donde ocultarse, tomó forma de serpiente y se arrastró a un hueco de la chimenea de ella. Obatalá entró, preguntó quién era el intruso y no vio a nadie, así que hizo venir a Orunmila. Este, mirando en el espejo de su insignia, vio a Osain en el hueco, y Osain le suplicó mentalmente que no lo delatara. En nombre de la vieja amistad, Orunmila no entregó a su amigo. Le recomendó a Obatalá un ebbó con una rata, pescado, una gallina, una cabra y la leña de la chimenea de la esposa. Obatalá trajo los materiales y quería hacerlo ahí mismo; Orunmila insistió en que fuera en su santuario de Ifá. Llevaron entonces todo a su casa, incluidos los leños donde se escondía Osain como serpiente, y Orunmila despidió a los mensajeros al llegar.
Osain salió a dar las gracias. Orunmila le dijo que sabía de su parte en el robo de la insignia y que ese apuro era el castigo por sus faltas. Osain se sinceró y confesó su complicidad, y para reparar el daño se ofreció a ser siervo de Orunmila para siempre y a cumplir lo que este quisiera. Orunmila aceptó.
Por eso hoy, antes de que nazca un niño, Osain elabora todos los remedios para cuidarlo antes del parto, hasta el momento de nacer, y Orunmila se queda con el reconocimiento final.
La autoridad que da Olodumare se conserva con paciencia, vigilancia y ebbó, aunque otros intenten quitarla una y otra vez. Quien es traicionado por alguien cercano no debe responder con violencia, pues la justicia acomoda las cosas. Hasta el traidor puede acabar sirviendo a quien traicionó.
Un chivo para Eshu, que Ifá mandó dar antes de ir a la reunión de las deidades.
Ñame triturado con carne de rata y de pescado, esparcido por detrás de la casa y puesto también en la chimenea de la cocina.
Ñame triturado, trozos de rata y de pescado, y un chivo para Eshu. Los restos se tiran en el basurero; quien los lleva va con machete y atrapa antes a la rata de su madriguera.
Un chivo macho para Eshu; un guineo y tres pescados frescos del río para Ifá. Antes, desde una canoa fondeada, se arroja al río ñame triturado con pescado y rata.
Velada hasta el alba con baile, comida y bebida, y regalos y dinero para los awó. Se ponen lámparas grandes de aceite en cinco lugares: el basurero, el altar de Eshu, el frente de la casa, el fondo y el santuario de Ifá. Al amanecer se ofrece el chivo a Eshu y los awó se reparten la carne.
Una rata, pescado, una gallina, una cabra y la leña de la chimenea. Se hace en el santuario de Ifá de Orunmila.
A quien le sale conviene preparar pronto el ebbó especial descrito arriba para ganar tiempo, porque lo someterán a una prueba o debate por un cargo de alta autoridad. Debe cuidarse de un hermano menor, un pariente o un amigo cercano. Si lo traicionan, no debe responder con exceso, pues la justicia distributiva pondrá de rodillas al traidor. Debe mantenerse paciente y vigilante.
Abinu erin, amu owore da san abinu ogbo momo amu orire kon ogiri abinu okpe luju kon ya gbude komi awo me tela lon difafun Orunmila nijo te fe gba ude lowo Olodumare
El que se molestó con el elefante pero se comió su carne en su sopa. El que se enojó con el carnero padre y golpeó su cabeza contra la pared antes de matarlo para comer. El que se molestó por causa del vino de palma en el bosque y lanzó el medallón de autoridad (Ud.) al agua.
abinu erin, amu owore da san abinu ogbo momo amu orire kon ogiri abinu okpe luju kon ya gbude komi awo me tela lon difafun Orunmila nijo te fe gba ude lowo Olordumare (El que se molestó con el elefante pero se comió su carne en su sopa. El que se enojó con el carnero padre y golpeó su cabeza contra la pared antes de matarlo para comer. El que se molestó por causa del vino de palma en el bosque y lanzó el medallón de autoridad (Ud.) al agua.)
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