Patakíes · Los caminos del Odù
1El perro del hortelano
Otura Tikú era una mujer divorciada de un hombre de mal carácter que, aun teniendo otra mujer, no la dejaba rehacer su vida; con el ebbó de Ifá logró que la dejara tranquila.
Otura Tikú era una mujer que se había casado con un hombre que conocía de Santo, pero que tenía mal carácter para tratar a las mujeres y, sin embargo, era muy mujeriego. Este hombre no respetaba ni a las amigas de su mujer. Así, llegó a tener relaciones con una mujer conocida de Otura Tikú, y por eso tuvieron varias disputas.
Como ya Otura Tikú tenía tres hijos de ese hombre, ella le reclamaba y, entre disgustos y reclamaciones, el hombre llegó un día a levantarle la mano. Por eso, tan pronto él le propuso el divorcio, ella lo aceptó y se divorció.
A pesar de estar divorciados, él no la dejaba tranquila. Otura Tikú, sabiendo que él ya tenía otra mujer, no se atrevía a aceptar a ningún hombre, por temor a que le volviera a pegar.
Cansada de esta situación, Otura Tikú fue a la casa del Awó del pueblo, quien le hizo osode, viéndole este Odù, y le dijo: «Tienes que hacer ebbó, para que ese hombre te deje tranquila». Así lo hizo y pudo vivir tranquila y aceptar a otro hombre.
2Ogueday, el espíritu intranquilo
Ogueday, hijo de Obatalá nacido deformado, no salía a la calle; cuando Obatalá lo hizo salir, él y Elegbá quitaron la tranquilidad de la tierra, hasta que Shangó volvió pájaro a Osanyin, que lo juró en su secreto.
En la tierra Obí Ikú Orún nació Ogueday, que era hijo de Obatalá y había nacido deformado, dándole pena salir a la calle. No se dejaba ver de nadie, cogía todo lo que Obatalá tenía en la casa, y Obatalá, como lo veía así, le tenía lástima y lo dejaba.
Cuando Ogueday tenía 14 años, Obatalá le dijo a su hijo: «Tú eres igual a los demás, ¿por qué no sales a la calle?». Él siempre le respondía que iba a salir, pero no lo hacía. Obatalá, viendo que su hijo no salía, construyó fuera de esa tierra una casa de todos los tipos de palos. También cogió una piedra, la untó de manteca de corojo y la puso en el centro de la población. Durante 7 días Obatalá iba allí y le untaba manteca de corojo y, a la vez, fregaba la casa con algodón. A los 7 días, dadas las 12 del día, se puso a cantar: OGUEDAY INA FUN LOYE, OGUEDAY INA FUN LOYE.
Ogueday oyó el canto de Obatalá y salió a ver lo que ocurría. Cogió un garrote y, corriendo, cantaba: IKU LOREO AWA LENERO IKU LOREO AWA LENERO OFO OGUEDAY.
Desde ese momento, la tierra empezó a no tener tranquilidad. Obatalá estaba asustado al ver lo que había hecho, cómo había puesto a su hijo y lo que estaba haciendo.
Elegbá, que había vuelto a la tierra Obí Ikú Orún, preguntó qué era lo que pasaba allí, por qué no había tranquilidad. Cuando llegó a las 12 del día y vio a Ogueday y lo que hacía, dijo: «¡Ay, mi hermano, voy a estar junto contigo!». Cuando se juntaron los dos, hacían y deshacían, desbaratando todo lo que querían.
Obatalá, viendo todo esto, sufría. Salió al camino y se dijo: «Voy a ver a quién encuentro que me dé un amparo para la tranquilidad mía y de esta tierra». En su caminar, cantaba: OSANYIN BOMBO OSANYIN SHAKOTA OSANYIN LA MIRA MI.
Obatalá llegó a la tierra de Orí Koye, que era la tierra de Osanyin. Este, que lo oyó, empezó a cantar: AWA NIYE OMO OSANYIN AWA NIYE OMO OGUEDAY AWA NIYE OMO TINSHE OMO ELEGBA.
Obatalá y Osanyin se abrazaron. Entonces Obatalá le contó lo ocurrido desde que Ogueday había nacido. Osanyin le dijo: «Yo voy a pedirle permiso a mi padre Shangó, para ver si él puede resolver el problema de esa tierra».
Osanyin llegó donde Shangó y le contó todo. Shangó le dijo: «¿Por qué no ha venido Obatalá? Tráelo». Osanyin y Obatalá se presentaron ante Shangó y este dijo: «El responsable de todo esto es usted, pues tenía que dejarlo como era y mirar bien lo que había que hacerle a Ogueday».
Obatalá se puso a llorar. Shangó le limpió las lágrimas con su lengua y le dijo a Osanyin: «Te voy a dar una virtud: te voy a volver un pájaro plumífero». Así lo hizo. Osanyin salió volando y se dirigió a la tierra Obí Ikú Orún. Eran las 12 del día y Ogueday y Elegbá estaban haciendo de las suyas. Al ver ese pájaro se asustaron, pues el pájaro les decía: «Yo soy Osanyin, el que tiene el dominio del mundo». Separó a Elegbá de Ogueday y le dijo: «Elegbá, tú tienes ashé mío». Lo soltó y este salió corriendo de esa tierra.
Osanyin cogió a Ogueday y lo juró en su secreto. Y desde entonces volvió la tranquilidad.
3El hombre desobediente, porfiado y curioso
Enfeloyu, que todo lo quería saber, desoyó al Awó y se puso la careta para meterse en una reunión de antifaces cargada de malos espíritus; enfermó y se atrasó, y solo se salvó recibiendo Awofakán y jurando obediencia.
En este camino, había un hombre muy desobediente, porfiado y muy curioso, al que le decían Enfeloyu, porque todo lo quería saber: leía mucho y estudiaba, y por eso mismo todo lo quería entender. Tenía una industria o comercio, que le servía para su desenvolvimiento en la tierra Ilufa donde vivía.
El negocio le empezó a ir mal, por las maldades de sus enemigos envidiosos. Determinó ir a la tierra de Oyá y, cuando llegó allí, buscó al Awó de aquella tierra para que le hiciera osode. Este Awó lo registró, viéndole este Odù, Otura Tikú, el cual le marcó ebbó y le dijo que cuando dieran una reunión de antifaz no se arrimara allí, que se fuera para otro lado. Además, le dijo que no se pusiera la careta que había dado del ebbó, que él tenía que consultar con su Ifá para ver qué le mandaba a hacer.
Él no hizo caso de lo que se le dijo y, para saber y enterarse de lo que conversaban aquellas personas, se puso la careta como ellos y se introdujo en la reunión. Estas personas tenían malos espíritus atrás y arriba: estaban haciendo esa reunión para hacer sus oraciones, como les había mandado Oyá, para quitárselos.
Después de salir de la reunión, Enfeloyu empezó a enfermarse y se puso muy mal, en un estado de salud difícil y con atraso en su industria. Decidió volver a ver al Awó de la tierra de Oyá, contándole lo sucedido, y este le dijo: «Tienes que recibir inmediatamente Awofakán y después hacer Ifá, para salvarte del mal de salud, arreglar tu situación en tu comercio y, además, estabilizar la situación con tu mujer, porque, a pesar de todo, has sido muy enamorado».
También le dijo que debía oír los consejos, no ser desobediente, porfiado ni curioso. Así lo hizo. Entonces le vino el estado de prosperidad y tranquilidad que él deseaba tener.
4El sacrificio de la madre de Otura Tikú🔒 Babalawo
5Nació el Kashéoro y por qué siempre hay que llamar a la madre para todo🔒 Babalawo
6La muerte de repente de los mayores🔒 Babalawo
7El tabú en las comidas (ewé)🔒 Babalawo
8Se adivinó para Alafura🔒 Babalawo
9Se adivinó para Otu🔒 Babalawo
10Cuando no hicieron ebbó🔒 Babalawo
11El pato🔒 Babalawo
12La mujer del mariwó🔒 Babalawo
9 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →