Patakíes · Los caminos del Odù
1El hombre protegido por Olofin
En un pueblo de campo vivía un hombre que faltaba en las casas ajenas, queriendo vivir con las mujeres de todos; allí también vivía el Diablo (Olose). Un día aquel hombre faltó en la propia casa del Diablo, y este, al enterarse, lo atacó con cuidado — pero no pudo hacerle daño, porque el hombre estaba protegido por Olofin. Impotente, buscó a Arun (la enfermedad): «enferma a fulano» — «eso está hecho»; pero tampoco pudo. Arun fue donde Olofin: «¿cómo no puedo enfermarlo, si está haciendo daño?» — «porque está protegido por mí, y mi palabra es ley». Arun le contó al Diablo, y este dijo: «por algo ni tú ni yo podemos con él; pero lo voy a hacer caer con lo mismo que él hace».
Había un pueblo en que todos sus habitantes se dedicaban a trabajar en el campo, y dentro de ellos había un hombre que faltaba en las casas ajenas, queriendo siempre vivir con las mujeres de todos. En ese pueblo también vivía el Diablo (Olose).
Un día, aquel hombre faltó en la propia casa del Diablo, y este, cuando se enteró, dijo: «A este lo voy a hacer caer». Y con mucho cuidado lo atacó, pero no le hizo daño alguno, porque ese hombre estaba protegido por Olofin.
El Diablo entonces, al verse impotente, fue en busca de Arun (la enfermedad) y le dijo: «Yo necesito que tú me hagas un favor, y es que enfermes a fulano». Arun le contestó: «No tengas dudas, que eso está hecho». Y fue en busca del hombre, pero no le pudo hacer nada.
Arun, viendo que iba a quedar mal con el Diablo, fue a ver a Olofin y le dijo: «¿Cómo es que no puedo enfermar a fulano, si está haciendo daño?». A lo que Olofin le contestó: «Porque está protegido por mí, y ya está hecho: mi palabra es ley».
Arun entonces fue donde estaba el Diablo y le dijo: «Yo no puedo hacer nada, porque está protegido por Olofin». A lo que el Diablo contestó: «Por algo ni tú ni yo podemos con él; pero lo voy a hacer caer con lo mismo que él hace».
2El hombre del gallo
A la entrada de un pueblo vivía un gallo en un palo de moruro: era el vigilante del pueblo. Cuando murió, el Awó del pueblo se hizo osode para hacer las obras y poner otro vigilante. En ese pueblo, un hombre que recolectaba viandas averiadas en la plaza para revenderlas estaba muy mal; fue donde el Awó, que le vio Otura Roso: sus atrasos eran brujería de sus enemigos, y le marcó ebbó con la brujería que viera cerca de su casa. Encontró un gallo vivo que le habían echado al patio y lo llevó; hecho el ebbó, el Awó le mandó enterrar un palo de moruro de su tamaño en el patio y poner el gallo a vivir encima. La gente empezó a buscarlo, y el gallo — mensajero de Shangó y Oduduwa — lo despertaba a las cuatro de la mañana para comprar al por mayor y detallar al público. Prosperó hasta tratar con los mayores comerciantes. El Awó le hizo después la ceremonia del moruro y el gallo, le hizo Ifá — salió Otura Roso — y le dijo: «esto lo tienes que hacer a cada rato para que tu suerte se mantenga, y dale sangre de gallo a todos los rincones de tu casa». Así Otura Roso afirmó su suerte en el mundo.
Había un pueblo en el que a la entrada vivía un gallo en un palo de moruro. Este gallo era el vigilante del pueblo. Cuando se murió, el Awó del pueblo se hizo osode para ver lo que sucedía y hacer las obras necesarias, y poder poner otro gallo como vigilante.
En ese mismo pueblo vivía un hombre que se dedicaba a recolectar viandas averiadas en la plaza para después revenderlas. Se encontraba muy mal y su negocio no prosperaba. Entonces decidió ir a ver al Awó del pueblo. Este le hizo osode y le vio este Ifá, Otura Roso, y le dijo que todos sus atrasos y problemas se debían a la brujería que sus enemigos le estaban haciendo, y le marcó ebbó con la brujería que viera cerca de su casa.
Lo primero que se encontró fue un gallo vivo, que le habían echado en su patio, y se lo llevó al Awó. Este le hizo el ebbó, y cuando terminó le mandó a enterrar un palo de moruro de su tamaño en el patio, y que allí pusiera a vivir el gallo sobre el palo.
Después de haber hecho el ebbó, la gente venía buscando al vendedor de averías, y los placeros lo mandaban adonde estaba el hombre del gallo. Tanta gente iba a comprarle, que el hombre empezó a prosperar y dejó de recolectar productos averiados en la plaza. Entonces, todos los días a las cuatro de la mañana, el gallo, que era mensajero de Shangó y Oduduwa, lo despertaba, y él iba a la plaza a comprar los productos al por mayor y se los detallaba al público, cosa que no hacían en la plaza. Tanto llegó a prosperar su negocio, que llegó a tener relaciones con los mayores comerciantes de todas aquellas tierras, ganando mucho dinero.
Entonces fue de nuevo a ver al Awó, y este le dijo que tenía que hacerle una ceremonia con el palo de moruro y el gallo. Le mandó a traer desperdicios de la plaza y los puso junto con el palo moruro, y ahí le dio el gallo, rezando: «Osun duro kola Otura Bairosun dubule ni timbeduro ni adeni gagameta balomi ile loya».
Después el Awó le hizo Ifá y le salió como Odù Otura Roso, donde el Awó le dijo: «Eso que te he hecho lo tienes que hacer a cada rato, para que tu suerte en el mundo se mantenga, y le das sangre de gallo a todos los rincones de tu casa». Así fue como Otura Roso acabó de afirmar su suerte en el mundo.
3Nació el plato de Osun
Orunmila y Olofin mandaron a Oriwa Awó a gobernar la tierra Oniroso, el principio del mundo, pero no tenía sostenimiento y llamaba a Olofin desesperado. Olofin mandó a Osun con el nombre de Ika Roso a sostener a los hijos de la tierra, entregándole las cuatro posiciones — los cuatro puntos del mundo — para poner en cada esquina de la tierra y vivir dentro. Oriwa Awó le entregó el mundo y se fue con Olofin. Osun gobernó con dificultades; llegó Ejiogbe con un gallo blanco: «este es tu gran cumplimiento, guárdalo en tu cabeza para el mundo — algo te falta, pero llegará cuando lo necesites». Cuando Ikú no salía de la tierra, Oshún le puso 16 cascabeles, y al sonar el «shaguro», la muerte huyó. Pero a Osun le faltaba dónde comer, tenía hambre y lloraba; entonces vino Otura Roso y le trajo un plato — el tablero de Ifá — para darle la confirmación y seguridad. Se reunieron Iroso Meyi, Ejiogbe, Ika Roso, Iroso Ka y Otura Roso y lo consagraron, y Osun cantó dándoles gracias a Ifá y a Olofin. El plato de Osun representa el tablero de Orunmila con sus cuatro puntos cardinales.
Orunmila y Olofin mandaron a la tierra Oniroso a Oriwa Awó, para que gobernara esa tierra, que era el principio del mundo. Pero este no tenía sostenimiento ninguno. Él, viendo que no podía cumplir con Olofin y Orunmila, se desesperó y empezó a cantar y a llamar a Olofin: «Baba ara orilokun Olofin omo Oniroso omo Orun Oliya». Esto lo hacía todos los días, hasta que Olofin lo oyó y llamó a Osun y le dijo: «Te mando para la tierra Oniroso, con el nombre de Ika Roso, para que tú seas el que mandes a sostener a todos los hijos de la tierra».
Osun, no muy conforme, le dijo: «¿Padre, cuándo me voy?». Olofin le contestó: «Dentro de 16 días». Osun le dijo: «Bueno, mi padre, si me hace falta cualquier cosa, usted me la manda». Olofin calló un rato y después contestó: «Toma estas cuatro posiciones, que son los cuatro puntos del mundo, para que las pongas en cada esquina de la tierra y tú vivas dentro. Pero cuando llegues, tienes que ver a Oriwa Awó, para que recibas su ashé».
Osun salió a camino e iba cantando: «Akuelerun Baba lode omi Oriwa Osun guede». Oriwa Awó se puso muy contento cuando Osun llegó, y los dos se arrodillaron. Oriwa Awó le entregó el mundo a Osun y le dijo: «Yo me voy para donde está Olofin». Salió enseguida, y Osun comenzó a gobernar la tierra Oniroso con muchas dificultades. Pero las cosas habían mejorado algo, y rezó: «Otura obani Otura onani moro Ifá gualoba onire oba Oniroso Ifá odara».
Entonces apareció Ejiogbe y le trajo un gallo blanco y le dijo: «Este es el gran cumplimiento tuyo, que lo guardarás en tu cabeza para el mundo». Entonces le rezó: «Iroso onire Ifá odara», y se arrodilló y pidió la bendición de Olofin. Entonces Ejiogbe le dijo: «Algo te falta, pero llegará cuando tú lo necesites, que es espantar la muerte: te transformarás».
Llegó el tiempo en que la muerte (Ikú) no salía de la tierra Oniroso, y Osun estaba desesperado en la casa. Salió a camino, y al encontrarse con Ika Roso, le dijo todo lo que le estaba ocurriendo, y siguió su camino cantando: «Iyalode abebe yokun sogua iyami molala». En eso se presentó Oshún y le puso a Osun 16 cascabeles (shaguro). Oshún le dio moforibale, salió corriendo e iba diciendo: «Shaguro Ikú gureo, shaguro ni gureo». La muerte, que oyó ese canto, salió corriendo y se fue.
Pero a Osun le faltaba otra cosa: no tenía dónde comer, tenía hambre y comenzó a llorar. Olofin, que lo estaba mirando y viendo que era verdad que le faltaba algo — el gran mando —, entonces vino Otura Roso y le trajo un plato, para acabar de darle la confirmación y seguridad a Osun, pues era el tablero de Ifá.
Después de esto, se reunieron Iroso Meyi, Ejiogbe, Ika Roso, Iroso Ka y Otura Roso, y lo consagraron. Y Osun empezó a cantar: «Ifá mayunimo Ifá ma dubule duro ganga labosi, awo akoñu muro okanadeo duro ganga labosi awo». Y se arrodilló y les dio gracias a Ifá y a Olofin.
Nota: en este camino nació el plato de Osun, que representa el tablero de Orunmila, con sus cuatro puntos cardinales. Osun nació en Iroso Meyi, por necesidad del mundo y mandato de Olofin; llegó donde Ika Roso por asunto de Oshún, para buscar su poder; después Iroso Ka le prestó el gallo para que lo alertara y fuera su vigilante; pasó a Iroso Bara, quien le dio el poder de las cuatro columnas del mundo; y terminó en Otura Roso, donde Orunmila le entregó el tablero. Después, Osun se fue a bailar con Irete Lazo.
4Por qué los Awó se miran todos los días🔒 Babalawo
5El Oba hijo de Azojuano🔒 Babalawo
6Cómo se formó el fango y su gobierno🔒 Babalawo
7Los tres bueyes de Olofin🔒 Babalawo
8Los hijos de Yewá🔒 Babalawo
9La lechuza y el gallo (el bochorno)🔒 Babalawo
10Cuando se perdió Yewá🔒 Babalawo
11La travesura de Elegba🔒 Babalawo
12Orifusi, el padre de Elu🔒 Babalawo
9 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →