Olodumare hizo el mundo y todos los animales. Les anunció que el dueño de la jícara de la vida sería quien la encontrara, y que dentro había telas, objetos de plata y mujeres; añadió que quien actuara con bondad lo haría en provecho propio y de los otros.
Los animales fueron a consultarse con Orunmila. A cada uno le salió Otura Meyi y a cada uno le indicó el mismo ebbó, avisándoles que sin ese ebbó jamás darían con el güiro de la vida; aun así, los peces se negaron. Todos los que querían la vida pasaban por la consulta, siempre salía Otura Meyi y nadie aceptaba el ebbó. Únicamente el hombre, último en consultarse, lo cumplió.
Al acabar, Orunmila le dio dos bastones con una instrucción: separar a los peces, animales o serpientes que viera peleando.
Durante su viaje el hombre pasó junto a peces, búfalos y leones que luchaban, y no los separó. Pero un día encontró a dos aves que se disputaban una güira, enredada entre sus patas. Arrojó contra ellas los dos bastones; las aves se soltaron, la güira cayó a tierra y él la levantó. Era la vida.
Con ella halló el hombre la fuerza y lo necesario para llegar al Igbodu. Superó en poder a las demás criaturas y, en ocasiones, a los orishas, ya que obtuvo los secretos con que se les calma y se evitan accidentes, envenenamientos y daños semejantes. Los animales tuvieron que reconocerlo como rey y colocarse por debajo. Por haber dominado la naturaleza, este Odù se llama «padre de la vida».
En este signo jamás debe omitirse el sacrificio, es decir, el ebbó.
Cuando todos rechazan el ebbó, quien lo cumple alcanza lo que los demás no logran. El ingenio para resolver una pelea ajena le abrió el paso a la vida misma y al mando sobre lo creado. En este Odù el sacrificio nunca se debe omitir.
Un gallo, un güiro con tapa, dos muñecos y una moneda de plata, además del resto de los ingredientes y mucho dinero.
En este Odù no se puede dejar de hacer ebbó.