En la tierra Eni Ni Lekun vivía Iyá Yeyekun, dueña de un poder enorme sobre sus hijos —que también lo eran de Olokun— y a los que mantenía esclavizados. Con todo, eran muchachos despiertos y de carácter muy firme. Ella los había jurado en un gran secreto de Orún; cada tres meses los llevaba hasta él, hacía misa —mini mini—, le ofrendaba 3 palomas negras y se dirigía a Orún con estas palabras: BELEKUN ORUN LEA ORUN ALA ALA ORELUN EGUN MINI MINI YANIRA IKU AWA ORUN.
A Orún le daba mucho gusto oírlo; a Olokun, en cambio, aquello nunca le pareció bien. Osanyin, que se sabía los días de esas ceremonias, se metió a esperar en una cueva de cangrejos que quedaba cerca del secreto de Iyá Yeyekun. Y en cuanto ella arrancaba su canto, él le devolvía este otro: SEYE SEYE LOKUN SEYE EGUN ORUNMILA LEO ORUN LA LEKUN ELEKUN TENI EGUN NILE ENI WA OLOKUN.
Terminado el canto, encendía una lámpara de palos surtidos con manteca de corojo. A Iyá Yeyekun le parecía cosa demasiado fuerte: se espantaba junto con sus hijos y abandonaba el secreto.
De tanto reclamarle a Iyá Yeyekun por el trato que les daba a los muchachos, Olokun ya estaba harto, y ella seguía sin obedecer. Un día Ikú se apareció en el camino tocando su agogó, y su voz iba diciendo: OSANYIN SESE NILORUN EGUN OBA IKU OSANYIN WA OLORUN OSANYIN GUNLE ORUN LALA KARESA LORUN OSANYIN ORUN LELE.
Al oírlo, Osanyin salió y quiso saber: «¿Me estás llamando a mí o a Orún?». Ikú respondió: «Sí, a ti, para que vayas a ver a Olokun y le digas que vaya a ver a Orunmila». El recado de Ikú se lo llevó Osanyin a Olokun.
Sin demora, Olokun se presentó ante Orunmila, que le hizo osode, le vio este Odù y le indicó: «Tienes que hacer ebbó y llevarlo al pie de Osanyin, para que todo lo malo se termine. También tienes que hacerle Ifá a tu hijo mayor, pero antes hay que jurarlo en Osanyin».
De vuelta, Olokun le repitió a Osanyin cada palabra de Orunmila, y este le respondió: «Pues regresa a casa de Orunmila para que te haga el ebbó y después me lo traes. Tienes que sacar muchos cangrejos del mar, para meterlos en la cueva que está detrás del secreto de Iyá Yeyekun».
Olokun obedeció. El día en que Iyá Yeyekun se presentó con sus hijos ante el secreto para cumplir la costumbre, Osanyin echó pólvora por el fondo de la cueva de los cangrejos: salieron todos y cercaron el sitio donde estaba el secreto. Ella, al ver aquello, se asustó y se retiró con sus hijos.
Fue entonces cuando Osanyin tomó las 3 palomas negras, se las dio al secreto y comenzó este canto: SARAYEYE EGUN BELEKUN LONA, SARAYEYE EGUN BELEKUN LONA.
Iyá Yeyekun enfermó y perdió la razón, y huyó de aquellos parajes. Olokun y Osanyin salieron tras ella; cuando la alcanzaron, se hincó frente a los dos, les pidió perdón y les entregó a sus hijos.
Osanyin juró entonces a los hijos de Olokun, les traspasó su gran poder, les sacó el mal carácter que traían y los mandó a hacer Ifá.
Nota: al Awó que tenga este Odù le toca conseguir un cangrejo vivo y rayar toda clase de palos junto con tierra de sepultura; darle de comer a Egun jicotea macho y hembra, y encender una lámpara con pimientas de todas clases, con sal, huevo de ganso y de pato, y plumas picadas de guineo y de tiñosa. Las cabezas de las jicoteas van con todo lo demás dentro de una cazuela. Pasados tres días se le dan 3 palomas negras a Egun, envueltas en tela negra, y se entierran dentro de una cueva de cangrejo. Para el Paraldo se toma un pollo, amarrado en la pata izquierda con cinta negra-blanca-roja junto con escoba amarga, rompe saragüey, álamo, sargazo y espanta muerto. En el suelo se traza un círculo con Otura Adakoy; a esa atena se le da una paloma y el Odù queda cubierto por las plumas. Se prende una vela y se hace el Paraldo; a la hora de limpiar se pronuncia: NIRE NIRE PARALDO LADO PARALDO SOMO. Enseguida va este otro canto: SARA LEGUN BAGUAO SARA LEGUN LONA EGUN NI LONA OTURA ADAKOY LOLA. Al final, baño con todas las hierbas del Paraldo.