1Ifá ni kaferefun Ololodí
Hacía tiempo que Shangó no tenía estabilidad, y fue donde Oyá, que vivía confundida con los espíritus. Al llegar, Shangó cantó, y los egun salieron huyendo; en ese instante Oyá se sintió despojada. Shangó se puso de espaldas y con una guinea le hizo un oparaldo, dándosela a Ogún, que salió huyendo. Oyá, viendo la actitud de Shangó, se enamoró de él, y de su unión salió embarazada; Shangó le dijo que ese hijo era varón y se llamaría Omí Lala. Oyá siempre le preguntaba si cuando naciera lo bendeciría enseñándole sus secretos. Cuando nació, Shangó lo bañó con hojas de cedro, amansa-guapo y para-mí; Olofin, que lo oía, le dijo: «todo está bien, pero fíjate en su madre». Según Omí Lala crecía, Shangó lo iba enseñando y bendiciendo, haciendo una falsa salida a las 12 del día; Oyá le daba al hijo comida de malvate, y Shangó, desde su escondite, veía todo lo que Oyá le preguntaba. Un día Olofin lo mandó a buscar para un almuerzo con Ogún y hablar de secretos; Oyá, aprovechando su ausencia, se apoderó de los secretos de Shangó. Al regresar, encontró al hijo enfermo, y esto ocasionó la separación entre Shangó y Oyá. Con el ebbó odara, el hijo se curó.
Hacía tiempo que Shangó no tenía estabilidad, y fue donde estaba Oyá, que vivía confundida con los espíritus. Cuando Shangó llegó, comenzó a cantar: «Otrupon She ofun oun lele egun oloni». Los egun salieron huyendo; en ese instante Oyá se sintió despojada. Shangó se puso de espaldas, y con una guinea pequeña que llevaba le hizo un oparaldo, y se la dio a Ogún, que estaba allí, y este salió huyendo.
Oyá, viendo la actitud de Shangó, se enamoró de él, y de su unión salió embarazada; y Shangó le dijo que este hijo era varón, y se ha de llamar Omí Lala.
Oyá siempre le estaba preguntando a Shangó si cuando su hijo naciera, él lo iba a bendecir, enseñándole todos sus secretos. Cuando su hijo nació, Shangó le dio un baño con hojas de cedro, amansa-guapo y para-mí, y le cantó: «Lerí Shangó ewe ibashe Olofin». Olofin, que lo estaba oyendo, dijo: «Todo está bien, pero debes fijarte en su madre». Y Shangó dijo: «Está bien, padre, ya sé lo que tengo que hacer».
Sucedió que, según Omí Lala iba creciendo, Shangó lo iba enseñando y bendiciendo, donde todos los días, después de hablar con su hijo, hacía una falsa salida a las 12 del día. Oyá le daba a su hijo una comida a base de malvate; Shangó, desde su escondite, veía todo lo que Oyá le preguntaba a su hijo.
Un día Shangó se vio en la necesidad de estar un tiempo fuera de su casa, pues Olofin lo mandó a buscar para que, en compañía de Ogún, disfrutara de un almuerzo y aprovecharan la ocasión para hablar de ciertos secretos. Y Oyá, aprovechando su ausencia, se apoderó de los secretos de Shangó; y cuando este regresó, se encontró que su hijo estaba enfermo, ocasionando esto la separación entre Shangó y Oyá.
«Otrupon She obana dide Awó oko obatinfa obatinfa oshodo adifafun Orunmila ebbó odara». Y su hijo se curó.
Nota: dice Ifá que hay que ver qué quiere el egun de la madre; y si es viva, tiene que hacer obori para que el ángel de ella le favorezca y lo salve a usted. A usted le está dando fiebre por dentro y puede ser tifoidea; tiene erupciones, y cuidado no se le vaya a desbaratar la casa y no tenga para pararla. Tomar malvate.
2La tierra de Lesa y Mogue
En las tierras de Lesa y Mogue había encarnizadas luchas: la tierra de Lesa se dedicaba a la siembra de hortalizas, que producían un germen que, cuando hacía viento, se esparcía a la tierra de Mogue, contaminaba las aguas y producía enfermedades del estómago y las piernas. Era tanto el contrapunteo que la guerra estaba a punto de estallar. Uno de la tierra de Lesa decidió ir a ver a Orunmila, que le dijo que no era posible vivir en esa lucha, porque ninguno de los dos tenía razón; mandó a buscar a un representante de Mogue y les dijo que estaban equivocados, pues no había ni polvos ni brujerías ni enviaciones — la enfermedad la producía un germen de las hortalizas. Mandó a que las chapearan, y se acabaron todos los males, teniendo paz y tranquilidad los pueblos de Lesa y Mogue.
En la tierra de Lesa y Mogue tenían lugar encarnizadas luchas, por consecuencia de que la tierra de Lesa se dedicaba a la siembra de hortalizas, cuyas hortalizas producían un germen que, cuando hacía viento, se esparcía a la tierra de Mogue y contaminaban las aguas y producían enfermedades del estómago y las piernas.
Era tanto el contrapunteo que exigía, que ya la guerra estaba a punto de estallar. Uno de la tierra de Lesa se decidió ir a ver a Orunmila, y este le dijo que no era posible vivir en esa lucha interna, porque ninguno de los dos tenían razón; y mandó a buscar a un representante de la tierra de Mogue, y entonces le dijo que estaban equivocados, pues no había ni polvos ni brujerías ni enviaciones, que la enfermedad la producía un germen que tenían las hortalizas. Y mandó a que chapearan las hortalizas, y que se acabarían todos estos males existentes, teniendo paz y tranquilidad en los pueblos de Lesa y Mogue.
3Aquí nació la alcancía
Orunmila, por derrochador y hacer favores, llegó a verse muy mal económicamente. Olofin, para ayudarlo, lo mandó a buscar, así como a todos los demás santos y orishas, para celebrar un acto en honor de Oloddumare. En el local había mucha gente, y comenzó a llover torrencialmente; como no había comida, los santos empezaron a tener hambre y frío, y deseando regresar, le rogaban a Olofin que cesara la lluvia. Olofin les dijo: «para que este torrencial termine, todos ustedes tienen que echar una limosna en esa urna y rogarle a Oloddumare». Cuando la urna estuvo llena de dinero, la lluvia cesó, y cada santo regresó a su casa. Cuando Olofin se quedó solo con Orunmila, tomó la urna llena de dinero y se la entregó, para que tuviera con qué vivir, y le dijo: «no malgastes haciendo tantos favores».
Orunmila, por derrochador y hacer favores, llegó a verse muy mal económicamente; y Olofin, para ayudarlo, lo mandó a buscar, así como a todos los demás santos y orishas, para celebrar un acto en honor de Oloddumare.
En el local del acto había mucha gente, y comenzó a llover torrencialmente; y como no había comida, los santos y orishas comenzaron a tener hambre y frío, y como deseaban regresar para sus respectivas casas, comenzaron a rogarle a Olofin para que cesara la lluvia. Olofin les dijo: «Para que este torrencial de lluvia termine, todos ustedes tienen que echar una limosna en esa urna y rogarle a Oloddumare».
Cuando la urna estuvo llena de dinero, la lluvia cesó, y cada santo y orisha regresó a su respectiva casa.
Cuando Olofin se quedó solo con Orunmila, tomó la urna llena de dinero y se la entregó a este, para que tuviera con qué vivir, y le dijo: «No malgastes haciendo tantos favores».