Shangó llevaba tiempo sin hallar estabilidad y buscó a Oyá, cuya casa vivía revuelta de espíritus. Apenas puso un pie allí, entonó: «Otrupon She ofun oun lele egun oloni». Los egun huyeron en desbandada y Oyá quedó despojada en ese mismo instante. Entonces él le dio la espalda, tomó una guinea pequeña que traía consigo y con ella le hizo un oparaldo; luego se la entregó a Ogún, que se encontraba en el lugar, y Ogún también salió corriendo.
Aquel gesto enamoró a Oyá. De la unión de ambos ella quedó embarazada, y Shangó le anunció que el hijo sería varón y llevaría el nombre de Omí Lala.
Una y otra vez Oyá le preguntaba si, al nacer la criatura, él la bendeciría y le entregaría todos sus secretos. Llegado el parto, Shangó bañó al niño con hojas de cedro, amansa-guapo y para-mí, y sobre el baño cantó: «Lerí Shangó ewe ibashe Olofin». Desde donde escuchaba, Olofin le respondió: «Todo está bien, pero debes fijarte en su madre». Shangó contestó: «Está bien, padre, ya sé lo que tengo que hacer».
Omí Lala fue creciendo y su padre lo instruía y lo bendecía. Cada día, terminada la plática con el niño, Shangó fingía marcharse a las doce del día y se quedaba escondido: desde ahí alcanzaba a ver las preguntas que Oyá le hacía al muchacho mientras le servía una comida preparada con malvate.
Un día Shangó tuvo que ausentarse una temporada, porque Olofin lo mandó llamar para compartir un almuerzo con Ogún y tratar en esa ocasión ciertos secretos. Oyá se valió de aquella ausencia para adueñarse de los secretos de Shangó. Al volver, él halló enfermo a su hijo, y de ahí vino la separación entre los dos.
«Otrupon She obana dide Awó oko obatinfa obatinfa oshodo adifafun Orunmila ebbó odara». Y su hijo se curó.
Nota: manda Ifá averiguar qué reclama el egun de la madre; si ella aún vive, le toca hacerse obori, de modo que el ángel de ella se ponga de su parte y lo salve a usted. Trae fiebre por dentro, que puede llegar a tifoidea, y le salen erupciones; cuídese de que no se le venga abajo la casa y luego le falte con qué levantarla. Tome malvate.