Junto a unas aguas muertas vivían dos pescadores, que por eso debían adentrarse mucho en el mar para conseguir peces. Como la orilla quedaba a gran distancia de los sitios de pesca, el pescado se echaba a perder durante el viaje y siempre llegaban con la carga podrida. La pobreza de ambos era grande, porque en cada salida pasaba igual.
Desesperados, visitaron a Orunmila. Él les hizo el osode, encontró este Ifá y les indicó hacer ebbó, además de elevar sus ruegos a Olofin y a Olokun.
Ellos zarparon otra vez y recogieron, como siempre, gran cantidad de peces. Pero en el trayecto de vuelta los golpeó una ola de frío, lo que llaman un frente frío, y a la vez el bote empezó a recibir agua. Se pusieron a achicarla, es decir, a vaciar el bote con las manos o con un recipiente. Entraba tanta como la que sacaban, y así continuaron hasta tocar tierra.
Al examinar la pesca, notaron que los pescados seguían frescos y en buen estado. El bote había viajado lleno de agua durante todo el recorrido, y eso conservó los peces. Por fin lograron lo que buscaban: vendieron lo pescado, alimentaron a sus familias y ambos empezaron a prosperar, gracias a la fe que tuvieron y a su perseverancia.
Cuando el trabajo no da fruto, la fe, la constancia y el ebbó pueden cambiar el resultado. Incluso lo que parece una desgracia, como la ola fría y el agua en el bote, puede terminar guardando lo ganado.
Etu, gallo (akukó), osaddie, pescado fresco, milakun, bogbo ileké, dos malaguidí, bogbo tenuyen, miel, bogbo epó, eku, ewefá, teja, awado y mucho dinero.
El etu y el gallo son para Olokun y Shangó, y con ellos se hace sarayeye; todo se envía al mar. La osaddie, con sus ingredientes, es para el oparaldo. La cabeza del gallo, el umbeboro y el ebbó van al mar.