1La ceiba, la majagua y el hacha
En los primeros tiempos del mundo, todos los árboles estaban vírgenes y desconocían sus destinos. La ceiba, aunque no de muy buen gusto, fue al pie de Orunmila, y le salió este Ifá: Orunmila ordenó que si venía un viajero a pedir un favor, no le dieran cabida; la ceiba hizo ebbó con plumas de loro, un hacha y su derecho, y luego le puso el hacha a Ogún. Al poco tiempo llegó el viajero y le pidió cobija a la ceiba, que le contestó que no podía servirlo; consultó con varios árboles y ninguno le sirvió. Pero el viajero volvió a hablar con la majagua, que le creyó más que a Orunmila y le proveyó; este fue enseguida a casa de un herrero y con los gajos que le pidió hizo cuatro hachas. Con ellas comenzó a cortar los árboles, empezando por la misma majagua. Desde entonces el poder es del hacha para cortar todas estas matas.
En los primeros tiempos del mundo, todos los árboles estaban vírgenes y desconocían sus destinos; y la ceiba, aunque no de muy buen gusto, fue al pie de Orunmila, y le salió este Ifá.
Orunmila ordenó que si venía un viajero a pedir un favor de ellos, que no le dieran cabida. La ceiba hizo ebbó con plumas de loro, un hacha y su derecho, jutía, pescado y epó, y que luego le pusiera el hacha a Ogún.
Al poco tiempo, el viajero llegó y le dijo a la ceiba que hiciera el favor de darle cobija; la ceiba le contestó que no podía servirlo. Entonces fue a ver a la majagua, que también le contestó que le era imposible; consultó con varios árboles y ninguno le sirvió. Pero el viajero volvió a hablar con la majagua, quien le creyó más que a Orunmila y le proveyó; este fue enseguida a casa de un herrero, y con los gajos que le pidió hizo cuatro hachas.
El viajero, con las hachas, comenzó a cortar los árboles, empezando por la misma majagua.
Desde entonces, el poder es del hacha para cortar todas estas matas.
2La ceiba y el gallo de Ogún
Cuando los Awó eran de Guinea, Ogún vino a pedirle un gallo a la ceiba, y la ceiba no se lo dio, botándolo y diciéndoles a los demás Awó que tuvieran cuidado con Ogún. Este le contestó a la ceiba que no tuviera cuidado, que ella iba a pagar. Ogún fue donde los otros Awó y no le dieron nada; y en eso llegó donde estaba la majagua, que de lástima le dio un gallo — pero Ogún se llevó dos. Hasta entonces la ceiba había sido la reina, pero después de no haberle dado el gallo a Ogún le cayó la mala.
Era cuando los Awó eran de Guinea, y vino Ogún a pedirle un gallo a la ceiba, y la ceiba no se lo dio y lo echó, diciéndoles a los demás Awó que tuvieran cuidado con Ogún. Este le contestó a la ceiba que no tuviera cuidado, que ella iba a pagar.
Ogún fue donde los otros Awó y no le dieron nada; y en eso llegó donde estaba la majagua, y esta, de lástima, le dio un gallo, pero Ogún se llevó dos. Hasta entonces la ceiba había sido la reina, pero después de no haberle dado el gallo a Ogún, le cayó la mala.
3Por qué Elegba tiene casa pero no puede vivir en ella
Los hijos de Obatalá no tenían casa, y Obatalá se puso a indagar dónde vivía Orunmila para conseguirles casa. Se encontró con Elegba y le preguntó, pero Elegba dijo que no sabía, y lo mismo en otras ocasiones. Obatalá pensó que si lo dejaba sin comer, se lo diría. A los siete días, con un pollo en la mano, volvió a preguntarle; Elegba consintió, pero con la condición de que primero lo dejara ir al monte, y así Obatalá no necesitaría ir a casa de Orunmila. En el monte, Elegba cantó a Olofin y a Afefe Orun, que desató una tormenta cuyo viento derrumbó todas las pencas de palmas y ramas; los hijos de Obatalá las recogieron y fabricaron sus casas. Al regresar, Elegba le dijo a Obatalá que ya sus hijos tenían casa, aunque estas eran muy malas. Un día Elegba vio a Ogún con un hacha sin cabo, corrió a avisar a Orunmila, que se vio Otrupon Ka y mandó decir a los árboles que no le dieran ni un gajo a Ogún. Pero la majagua, creyéndose más poderosa, le dio el gajo; Ogún puso el cabo y le dijo: «tú, majagua, serás el primer árbol en que probaré mi hacha», y cantando «Otrupon Ka» la derribó, y siguió con los demás. A la ceiba le dijo: «a ti no te tumbaré, porque eres obediente; mientras exista el mundo serás respetada». Mientras tanto, al salir Ogún de casa de Obatalá, este había maldecido a Elegba: «mientras vivas, no tendrás casa». Por eso Elegba, aunque tenga casa, vive fuera de ella.
En este camino, los hijos de Obatalá no tenían casa donde vivir, y Obatalá se puso a indagar dónde vivía Orunmila, a fin de averiguar cuál era la forma más apropiada para conseguir casa para sus hijos. En esta misión se encontró con Elegba y le preguntó dónde vivía Orunmila; Elegba le contestó que él no sabía, y en oportunidades posteriores también le respondió lo mismo.
Obatalá entonces pensó que si dejaba a Elegba sin comer un tiempo, este le diría el lugar donde vivía Orunmila. A los siete días de tener a Elegba sin comer, Obatalá, con un pollo en la mano, volvió a preguntarle por Orunmila. Elegba consintió en informarle, pero con la condición de que primero lo dejara ir al monte, y así Obatalá no necesitaría ir a casa de Orunmila.
Así las cosas, Elegba salió para el monte; y cuando llegó al mismo, comenzó a cantarle a Olofin y a Afefe Orun. Este lo oyó, desencadenó una tormenta muy fuerte, cuyo viento comenzó a derrumbar todas las pencas de palmas y ramas de los árboles. Los hijos de Obatalá, al ver aquellas cosas en el suelo, las recogieron y fabricaron así sus casas.
A los siete días, Elegba regresó del monte y le dijo a Obatalá: «Mira, yo fui a casa de Orunmila, y ya tus hijos tienen casa». Obatalá salió y miró, convenciéndose de lo que Elegba le decía; pero a pesar de eso no quedó muy conforme, porque aquellas casas eran muy malas.
Un día Elegba estaba muy cerca del camino que iba para la casa de Obatalá, y vio a Ogún que venía con un hacha sin cabo en las manos; inmediatamente salió corriendo para casa de Orunmila y le contó lo que había visto. Orunmila, asombrado, hizo osode y se vio Otrupon Ka, y le dijo a Elegba: «Ve corriendo y dile a los árboles que no le den ni un gajo a Ogún, porque si se lo dan, será su propia destrucción». Elegba corrió y cumplió el mandato de Orunmila.
Tan pronto llegó Ogún a casa de Obatalá, Afefe Lerun desencadenó otra tormenta, y Ogún, asustado, le contó a Obatalá a lo que venía, mientras oía que la tormenta tumbaba todas las casas de los hijos de Babá. Entonces Obatalá le dio de comer a Ogún dos guineas para fortalecerlo y le dijo: «Ogún, conseguirás cabo para tu hacha».
Cuando la tormenta pasó, Ogún salió para el monte; y al verlo, Elegba se paró en la esquina del mismo y dijo: «Vamos a ver qué cosa es lo que este puede hacer». Entonces Ogún se dirigió al primer árbol que vio y le pidió un gajo; la ceiba (aragba) le dijo que no podía complacerlo. Así Ogún fue al jiquí, la yaya, el guayacán, la jocuma, recibiendo de todos la misma respuesta, hasta que llegó a la majagua, la cual, creyéndose más poderosa y fuerte, le dio el gajo solicitado.
Cuando Ogún le terminó de poner el cabo a su hacha, miró para la majagua y le dijo: «Tú, majagua, serás el primer árbol en que yo voy a probar mi hacha». Y Ogún, cantando «Otrupon Ka, Otrupon Ka, Otrupon Ka», fue dándole hachazos a la majagua hasta que la derribó. Así después continuó derribando a los árboles, hasta que llegó a la ceiba, a quien le dijo: «A ti no te tumbaré, porque eres obediente. Mientras exista el mundo, tú serás respetada por todas las religiones».
Cuando Ogún hacía lo anterior, ya Elegba había sido maldecido por Obatalá; pues al salir Ogún de casa de Obatalá, entró Elegba, y este le dijo: «Mientras tú vivas, Elegba, no tendrás casa». Por eso Elegba, aunque tenga casa, vive fuera de ella.
Nota: cuando se hacen trabajos con Ogún a tenor de este Odù, el hacha siempre se lava con ewe.