1Orunmila salva a Oshún en el río
Oshún, picada de la curiosidad, trató de ver lo que Ashikulu hacía; y cuando vio lo que a ella no le interesaba, pasó un susto muy grande y se cayó al río sin conocimiento, quedando en el fondo enredada con la raíz del ashibata. Orunmila ese día hizo osode, se vio este Ifá, hizo el ebbó de este Odù y lo llevó al río a botarlo. Al botarlo, notó que una cosa se movía en el fondo; introdujo el irofá en el agua y poco a poco fue sacando las raíces del ashibata, y en una de ellas venía enredada Oshún, salvándose así gracias a Orunmila. Si no se hace el cumplimiento que manda Oshún, se muere.
Aquí Oshún, picada de la curiosidad, trató de ver lo que Ashikulu hacía; y cuando vio lo que a ella no le interesaba, pasó un susto muy grande y se cayó al río sin conocimiento, en el fondo del mismo, quedando enredada con la raíz del ashibata.
Orunmila ese día hizo osode y se vio este Ifá, e hizo el ebbó de este Odù, y lo llevó al río y lo botó en el mismo.
Orunmila, al botar el ebbó, notó que una cosa se movía en el fondo, e introdujo el irofá en el agua, y poco a poco fue sacando las raíces del ashibata; y en una de ellas venía enredada Oshún, salvándose así gracias a Orunmila.
Nota: si no se hace el cumplimiento que manda Oshún, se muere.
2La fiebre maligna
Ikú vivía en una tierra donde nunca comía, y por mucho que buscaba no encontraba su comida. Fue a consultarse con Ifá, y Orunmila le vio este Odù: tenía que hacer ebbó, irse de ese pueblo, y comer solo frutas cuando se maduraran. Ikú se fue a una tierra donde todo el mundo nacía enfermo y se los comía, contenta por la comida abundante. En esa tierra, una mujer quedó embarazada; consultó a Orunmila, que le marcó ebbó, e hizo una colecta entre sus familiares para pagarlo. Orunmila le dijo que lo llevara al cementerio sin mirar atrás, y le pidió a Onibode que la acompañara y protegiera a la criatura de Ikú. Cuando nació Emule, Onibode la esperaba; pero cuando los parientes se enteraron de para qué era el dinero de la colecta, protestaron, y Elegba, que lo oyó todo, se disgustó y se fue. Al caer la tarde, la fiebre se apoderó de Emule con sudor, llagas y ceguera; la madre lloró y buscó a sus parientes para rogar al cielo y llamar a Onibode, que se llevó a la niña. Emule, abikú y doncella, tenía la vista corta pero veía a larga distancia, y le dolía la cabeza al pensar. A los 16 años, Onibode la llevó a casa de Obatalá y luego a su madre, e Ikú no se la pudo comer.
En este camino, Ikú vivía en una tierra donde ella nunca comía; por mucho que buscaba, no encontraba su comida. Viéndose en tan mala situación, se fue a consultar con Ifá, y Orunmila le vio este Odù, Otrupon Oggunda; Ifá le dijo que tenía que hacer ebbó, y que después que hiciera el ebbó tenía que irse de ese pueblo, y que solo comiera frutas cuando estas se maduraran.
Ikú, siguiendo los consejos de Ifá, se fue para una tierra donde allí todo el mundo nacía enfermo, y ella se los comía; y así Ikú estaba contenta, porque tenía abundante comida.
En esa tierra había un matrimonio, y la mujer estaba embarazada; y cuando ella se dio cuenta de que estaba embarazada, se puso a pensar y dijo: «Voy a consultar con Ifá». Orunmila le vio este Ifá y le dijo que tenía que hacer ebbó.
Ella salió decidida de casa de Orunmila; pero al no tener el dinero con que hacer el ebbó, decidió hacer una colecta entre sus familiares, y fue a hacerse el ebbó. Cuando terminó, Orunmila le dijo que tenía que llevarlo para el cementerio, y que no mirara para atrás cuando ella regresara. Orunmila le pidió a Onibode que la acompañara y que estuviera a su lado, y que cuando naciera la criatura, la protegiera para que Ikú no se la comiera.
Cuando nació Emule, Onibode estaba esperando para que no se enfermara y librarla de la muerte; pero cuando los parientes se enteraron de para lo que era el dinero de la colecta, todos empezaron a protestar, y Elegba, que lo oyó todo, se disgustó y se fue. La madre dijo: «¿Qué será de Emule y de mí?».
Un día, al caer la tarde, la fiebre se apoderó de Emule, y empezó a sudar copiosamente; su cuerpo se llenaba de llagas y no podía mirar. Su madre lloró y lloró al verla en ese estado. Ella se decidió y buscó a sus parientes para rogar al cielo y llamar a Onibode. Todos se reunieron y rogaron al cielo; Onibode dijo: «Esto está muy bien», y se llevó a la niña.
La niña, que ya era doncella, era abikú; y cuando ella pensaba, le dolía la cabeza; tenía la vista corta, pero veía a larga distancia. Cuando cumplió los 16 años, Onibode le dijo: «Te voy a llevar donde está tu madre, pero antes te llevaré a casa de Obatalá». Onibode llevó a Emule (la condenada a muerte) a casa de su madre, e Ikú no se la pudo comer.
3El ciego y el cojo
Un cojo y un ciego pasaban miserias en su pueblo, casi muriéndose de hambre. El ciego dijo: «antes de morirnos de hambre aquí, vámonos a morir al campo». El cojo se encaramó en los hombros del ciego y con un palo le iba guiando el camino. En el monte encontraron un elefante muerto; el cojo se apeó, sacó su cuchillo y cortó carne para asarla. Pasó un sapo, el cojo lo atrapó y también lo asó; cuando la carne estuvo lista, le dio el sapo al ciego diciéndole que era un pedazo de elefante. Al mascar el sapo, la leche le cayó en los ojos y recuperó la vista; y al ver que iba a comer sapo mientras el cojo comía elefante, le gritó «sinvergüenza» y le dio un gran golpe con el palo. El cojo salió corriendo, y de esa carrera se puso bien de su cojera.
Había un cojo y un ciego que, en el pueblo donde vivían, estaban pasando muchas miserias y necesidades, y ya casi se estaban muriendo de hambre.
Un día el ciego le dijo a su amigo el cojo: «Amigo mío, antes de morirnos de hambre aquí en el pueblo, vamos a morirnos de hambre al campo». Entonces el cojo se encaramó en los hombros del ciego, y con un palo en la mano le iba guiando el camino; y cuando llegaron al monte, se encontraron a un elefante muerto, y el cojo le dijo al ciego: «Ya encontramos comida», y apeándose de los hombros del ciego, sacó su cuchillo y comenzó a cortar carne del elefante y a asarla.
En esto pasó un sapo; el cojo lo atrapó y también lo asó. Cuando la carne estaba cocinada, el cojo le dio el sapo al ciego, diciéndole que era un pedazo de elefante, y el ciego se puso a comérselo; y al mascar el sapo, le saltó la leche del mismo, cayéndole en los ojos, recuperando la vista. Y al ver que iba a comer sapo, le dijo al cojo: «Sinvergüenza, tú comes carne de elefante y a mí me diste a comer sapo». Y acto seguido agarró el palo y le dio al cojo un gran golpe, y este rápidamente salió corriendo, y de cuya carrera se puso bien de su cojera.
Nota: kashé tutu, habla el santo a través de Orunmila. Intori Ikú: si no cumplimentas lo que ordena Eshu, te mueres. Hay que hacer rogación con todas las ropas que tienes puestas.