1Los jinetes
Aquí fue donde tres jinetes se dispusieron a salir de paseo, y Orunmila les advirtió que antes de partir debían hacer ebbó, porque de los que iban uno no volvería.
Ellos desoyeron el aviso y se marcharon a la fiesta. En plena diversión, uno de ellos quedó muerto.
Al regresar, cuando fueron a llamar a Orunmila, tomaron el cadáver, lo amarraron sobre un caballo y se lo llevaron, para que viera con sus propios ojos que el grupo entero volvía sin contratiempo. Pero Orunmila, tendido en el suelo, le contestó: que el ebbó lo debían todos, y que entre los que llegaban había uno que no podía llegar; y que, de no obedecer, se irían yendo uno tras otro.
2Otra versión del camino anterior
Este Ifá les salió a los diecinueve guerreros que marchaban a la pelea. Orunmila, al registrarlos, les indicó ebbó para que la partida entera volviera sin daño, pues entre ellos iba uno que no habría de volver.
No atendieron y partieron a la guerra. A la vuelta se llegaron ante Orunmila y le anunciaron: «Ya estamos de vuelta aquí». Al difunto lo traían amarrado sobre el caballo.
Orunmila, en cuanto los tuvo delante, dijo: «Ahí falta uno». Ellos replicaron: «Estamos completos y sanos». Orunmila les ordenó que fueran desmontando. Desmontaron todos, salvo aquel que venía atado a su caballo.
3La muerte de repente y la soberbia de Oyá
En la tierra Yansá, que gobernaban Elegba y Egun, Olofin le encargó a Shangó traer a Orunmila para que este marchara a la tierra Youro.
Shangó le hizo ver a Olofin: «Esta tierra fue de Oyá; ella la maldijo y la abandonó, y dijo que algún día volvería». Olofin repuso: «Shangó, busca a Orunmila para ver qué dice él, y si se puede salvar de una cosa muy grande que viene para la tierra Youro».
Shangó llegó a casa de Orunmila y le transmitió el encargo de Olofin. Orunmila respondió: «Vamos a mirar primero antes de salir». Hizo la tirada y salió este signo; en cuanto lo vio, regó su Ifá en la puerta de la calle, le dio dos gallinas y le echó otí, y mandó llamar a su apeterbí, que no aparecía por ninguna parte. Quien apareció fue Oyá, y fue ella la que levantó el Ifá; mientras lo traía, iba cantando: «Orunmila y Shangó adie fefe leye adeye nifa egun Ikú olona».
Al dejar a Ifá sobre la estera, a Oyá le dieron convulsiones y salió de allí llorando. Ni Orunmila ni Shangó lograron detenerla.
Antes de llamar a Orun y de darle de comer a Egun, Orunmila le encargó a Shangó que Elegba abandonara aquella tierra Youro. Y mientras le daba de comer, Egun se presentó; entonces Orunmila dijo: «Ya que lo tenemos, vamos a convencer a Egun», y cantaron: «Afefe oyuro bagua Orun egun yamale lese bawa fefe leme ana Ikú».
Shangó le planteó a Orunmila: «Yo voy a buscar a Elegba, dame un gallo». Y salió al camino cantando: «Bewe owunko inu». Al berrear el chivo, Elegba lo escuchó y se asomó; Shangó le propuso: «Si lo quieres, ven conmigo hasta llegar a casa de Orunmila». Y así fue: Elegba se vino detrás de Shangó hasta la casa de Orunmila.
De momento, Egun tomó las 9 cabezas de pescado fresco, se las colgó del cuerpo y se encaminó hacia donde estaba Oyá. Se levantó de golpe un viento, apareció Ikú, y ambos rompieron a bailar cantando: «Adeguena bogbo Ikú afefe logba gueña egun Ikú».
Armado aquello, Ikú partió con Oyá rumbo a la tierra Youro, y cuantos vivían allí quedaron muertos de repente. Solo uno se salvó: Obbamiera, que llegó a casa de Orunmila y dijo: «El que no respetó a Orunmila y a los demás oshas, le pasará esto», y allí mismo cayó muerto al pie de Ifá.
Oyá se llegó a casa de Orunmila, le dio moforibale y le habló así: «Lo que ha pasado es para que usted sea respetado; y fue que Ikú y yo no creemos más que en usted y en Olofin. Esto que ha pasado es que Ikú llegó de repente, y para que la gente sepa que tienen que morirse de repente y no hay tiempo de salvarse. Esto se llama afitivo, y es criado de Oyá. Ahora usted, Shangó, Elegba y yo vamos a gobernar para evitar que eso suceda de repente y venga la muerte, porque el único que puede salvar a esto es usted».
Orunmila se preguntó: «¿Con qué cosa voy a contentar a Oyá y a Ikú para que esto no suceda en la familia?». Fue a ver a Olofin y le pidió: «Dígame algo que yo tengo que hacer para que Oyá me ayude también». Olofin respondió: «Oyá nunca ha comido chiva ni guinea; busca a Elegba y a Shangó para que resuelvan ambas cosas y se las den a Oyá y a su fundamento».
Orunmila cumplió lo indicado y le entregó a Oyá la chiva y el guineo; y mientras ella comía, le dijo: «Esto es para que tú me ayudes y salves a la gente para que no se muera de repente». Oyá, que guardaba un chivo amarrado, se volvió a Elegba: «Esto te lo comerás tú, pero un tiempo antes la gente se limpiará la cabeza junto con el chivo».
Salió después Orunmila a conseguir 4 racimos de plátanos y se los entregó a Shangó; en cuanto este acabó de comérselos, Orunmila le advirtió: «Con estos 4 tallos de plátanos nosotros tenemos que hacer un secreto». Labraron 4 muñecos: uno de algarrobo, uno de marpacífico y dos de cedro. Los lavaron, y Shangó y Orunmila los enterraron envueltos en cadena de bronce, con un ikín de Ifá en cada uno, y a cada tallo le dieron dos gallinas y chiva, cantando: «Ifá bogbo sa egun Ikú Awo Orun Oddun Awo bigde».