Patakíes · Los caminos del Odù
1La suerte del cosechero
A un cosechero le anunciaron que Yemayá le iba a mandar una suerte, pero que no renegara ni le hiciera mal a nadie. Por la noche, en su estancia, notó la presencia de unos extraños; y en vez de dispararles, lo hizo al aire. Los extraños, que eran piratas, se asustaron y huyeron, dejando el gran botín de dinero.
A un cosechero le anunciaron que Yemayá le iba a mandar una suerte, pero que no renegara ni le hiciera mal a nadie.
Por la noche, en su estancia, notó la presencia de unos extraños; y en vez de dispararles, lo hizo al aire. Los extraños, que eran piratas, se asustaron y huyeron, dejando el gran botín de dinero.
2El cazador y el tigre
Un cazador de buen corazón, que solo cazaba lo necesario, oyó quejidos en el corazón del monte: en un hueco tapado por una enorme piedra estaba atrapado un tigre, que le rogó y le juró que quedaría bien con él si lo sacaba. El cazador lo sacó, y el tigre, hambriento, quiso comérselo — «pero, ¿tú no eras bueno?». Hicieron un pacto: preguntarían a tres para ver si un bien se paga con un bien. El buey dijo: «un bien se paga con un mal, pues de joven araba y de viejo me llevan al matadero». El caballo dijo lo mismo. El zorro, astuto, fingió no entender y pidió que le mostraran cómo había sido; el tigre volvió a subir a la loma y se dejó caer en el hueco para demostrarlo, y el zorro le dijo al cazador: «ponle la piedra — y déjalo ahí, que un bien con un bien se paga».
Dice Ifá que había un cazador de buen corazón, a quien su propia familia mandaba a cazar, pero él solo cazaba lo necesario. Este hombre salió de camino, y entrando ya en el corazón del monte sintió quejidos, y vio que salían de un hueco que estaba tapado con una enorme piedra. Al ir a ver, vio que en el interior del hueco se encontraba un tigre; el tigre le rogó al cazador, diciéndole: «Buen hombre, ayúdame a salir de aquí, que yo soy un tigre bueno». El cazador le dijo: «Si yo te saco, tú después me comerás». El tigre le suplicó y le hizo juramento de que quedaría bien con el cazador.
El cazador sacó al tigre del hueco; este, en agradecimiento, lo miraba fijamente, donde el hombre pensó que el tigre se le quería tirar encima. El cazador hábilmente le dice: «¿Tú no eras bueno? Sin embargo, me quieres comer». El tigre le dijo: «Pero yo tengo hambre». Entonces el cazador hace un pacto con el tigre, que consistía en llamar a tres personas para que el tigre viera que un bien se paga con un mal.
Ellos partieron al camino y vieron a un buey, y le preguntaron: «Buey, ¿es verdad que un bien se paga con un bien?». El buey dijo: «Un bien se paga con un mal, pues cuando joven araba la tierra, y cuando viejo me llevan al matadero».
El tigre le dijo al cazador: «Vamos, que tengo mucha hambre». Y siguieron por el camino y vieron a un caballo, y le preguntaron: «¿Verdad que un bien se paga con un bien?». El caballo dijo: «Un bien se paga con un mal, pues cuando yo era joven paseaba a mi amo, y ahora que estoy viejo tengo que buscarme la comida solo».
El tigre dijo al cazador: «Ya es hora de que te coma». Y el cazador le dijo: «Acuérdate del pacto: falta una persona».
El cazador llama a un zorro y le pregunta: «¿Un bien con un bien se paga?». Y el zorro dijo, haciéndose el desentendido: «¿Que un bien se paga con un bien? Como usted me hace esa pregunta, explíquese, porque yo si no, no le digo nada». El tigre dijo: «Mira, zorro, lo que pasó fue que yo fui a una loma y resbalé y caí en un hueco, y la piedra cayó tapando el hueco». El zorro dijo que eso era mentira, que no podía creerlo. El tigre contestó: «¿Cómo tú me vas a decir que es mentira?». Y el zorro le dijo: «Muéstrame cómo fue». Donde el tigre volvió a subir a la loma y se dejó caer en el hueco otra vez, y le dijo al cazador: «Ponle la piedra». Donde el cazador le puso la piedra, y el zorro dijo: «Bien, cazador, déjalo ahí, que un bien con un bien se paga».
3Donde Shangó le robó a Olofin
Shangó no se ocupaba de nada sino de las fiestas, y sin dinero fue a pedirle la bendición a Olofin, que preparaba una fiesta y lo mandó a pasar al cuarto donde había muchos saquitos de dinero. Shangó, simulando dormir, se robó dos saquitos y los guardó bajo su capa. Después de la fiesta, Olofin notó la falta y mandó a buscar a Orunmila, que le vio este Ifá y tapó la letra para no delatar a Shangó: «haga otra fiesta e invite a todos los que asistieron, y así cogerá al ladrón». El día de la fiesta, Olofin vigilaba y vio a Shangó robar otro saquito: «oye, pícaro, déjalos ahí y tráeme los que te robaste el otro día». Shangó le pidió perdón y le dijo que lo había hecho por lo pobre que estaba.
En este camino, Shangó no se ocupaba de nada sino solo de las fiestas; y no teniendo dinero, fue donde estaba Olofin a pedirle la bendición. Olofin, al verlo, le preguntó: «Shangó, ¿qué tú haces aquí?». Y este le contestó: «Vine a saber de usted, pues hace mucho tiempo que no lo veo».
Olofin, que preparaba una fiesta, lo mandó a pasar al cuarto que estaba preparando, donde había muchos saquitos de dinero; y Shangó, al verlos, se dijo: «Cuando me vaya de aquí, salgo con dinero». Shangó le dijo a Olofin que se encontraba cansado y con mucho sueño, y después de comer se acostó y, simulando que dormía, se robó dos de aquellos saquitos y los guardó bajo su capa, creyendo que Olofin no los iba a echar de menos.
A la mañana siguiente, Shangó se marchó, y Olofin continuó en la preparación de la fiesta. Después de celebrar la fiesta, Olofin se dio cuenta de que le faltaban dos saquitos de dinero, y por mucho que buscó, no los encontró.
Olofin mandó a buscar a Orunmila; este llegó y le hizo osode, viéndole este Ifá, y tapó la letra, porque comprendió que Shangó era el ladrón, y para no delatarlo dijo: «Haga ebbó, y después haga otra fiesta e invite a todos los que asistieron a la anterior, y a todos los que han visitado su casa en estos días, para que pueda coger al ladrón; y en la fiesta dé un carnero y toque tambor».
El día de la fiesta, Olofin estaba vigilando y vio cómo Shangó entraba en el cuarto y se robaba otro saquito de dinero, y le dijo: «Oye, pícaro, déjalos ahí y tráeme los que te robas el otro día». Shangó le pidió perdón y le dijo que se lo había hecho porque se encontraba muy pobre.
Nota: cuídese de un hijo de Shangó que le va a robar. Lo malo que hizo una vez, no lo vuelva a hacer, porque si la primera vez salió bien, en la segunda lo van a coger.
4El ebbó del tamborero🔒 Babalawo
5Fogueé pierde la suerte🔒 Babalawo
6Ponla el tamborero🔒 Babalawo
7La guerra entre las moscas y las arañas🔒 Babalawo
8El canistel🔒 Babalawo
9Nació la rueda🔒 Babalawo
10La comida del secreto de Inka Ogu🔒 Babalawo
11La araña🔒 Babalawo
12Bekonwao y sus hermanos tamboreros🔒 Babalawo
13El espíritu de Aña Oni Shangó🔒 Babalawo
14El mendigo y el Aña🔒 Babalawo
15Shangó, Olofin y el Aña🔒 Babalawo
12 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →