Los santos decidieron reunirse en un concilio que beneficiaría a la humanidad, y mandaron a llamar a Orunmila. El lugar elegido era Ife, muy distante de donde él vivía.
En el camino, a Orunmila se le inflamaron los pies de tanto andar y se sentó sin poder seguir. El chivo, que lo vio, propuso llevarlo encima. Orunmila subió a su lomo y así los dos llegaron a Ife.
Resulta que, para pasar a esa asamblea, la puerta debía recibir sangre, y Orunmila no llevaba ningún animal. Se acordó del chivo que lo había acarreado, que le venía bien para eso, y lo sujetó. El chivo protestó: había hecho un favor y se le correspondía con la muerte. Orunmila contestó que no veía otra salida, porque su presencia en el concilio era indispensable para poner en orden los asuntos de la humanidad, pero que le estaría agradecido siempre. Y lo sacrificó sin demora.
De este hecho viene la costumbre de colocar hierba en el hocico de los cuadrúpedos que se ofrecen a los oshas, mientras se pronuncia una frase en lengua.
Un favor no siempre se devuelve con bien, y a veces quien ayuda paga con su vida. Quien recibe el beneficio queda en deuda y debe honrar lo que se le dio.
Cuando se ofrece a un orisha un cuadrúpedo, se le coloca hierba en el hocico y se dice: «Oloweweo eran orisha owaweo».
Oloweweo eran orisha owaweo