Rezo: Oshe Paure Adifafun Ode Mashede Omiwa Ese Iroko Agbani Loyu Kaure Olorun Aladura… Lodafun Orunmila.
Ebbó: euré, adié, pelo y tarro de venado (agbáni), ropa usada, tierra de joro joro, flecha, toda clase de comida y opolopo owó.
Ode Mashede, a quien llamaban Awó Falake, era omó Oshé Páure y vivía sin un centavo y sin qué llevarse a la boca. Fuera de la adivinación, se ganaba el sustento cazando, y aun así las necesidades no lo soltaban. Desesperado, un día tomó la única euré que le quedaba y las dos adié que aún tenía, se las dio a su Ifá, se hizo orugbó y fue a dejar el ebbó al pie de Iroko, colocándolo en alto. Ya trepado al árbol, alcanzó a ver una manada de agbáni —venados de cuernos enormes y muy ramificados— en el fondo de un agujero abierto en la tierra. Los animales alzaron la vista al Sol y de su magia salió este rezo: «Alay Eda Olorun Oba Arini Orode Ki Olorun Masheye Okarin Oloyo Ebinpa Ona». Fue entonces cuando Olorun se asomó y les enseñó el camino.
Awó Falake tenía ya la flecha lista para dispararles cuando el Obá Egun Oluyeke, su defensor y consejero, se le arrimó y le habló al oído: «¿Te has fijado en que los agbáni abren la entrada de la tierra con un rezo al Sol? Haz tú lo mismo y serás rico». Bajó del Iroko y, como los venados ya se habían ido, le rezó él también a Olorun. Olorun le hizo caso y le abrió la tierra: adentro había telas, oro y piedras preciosas, y de todo tomó. Pero el Obá Egun Oluyeke le previno que a nadie podía contarle una palabra de aquello.
A su obiní le regaló un rollo de tela. Ella quiso saber de dónde había salido y él calló, por mucho que ella insistiera. Los agbáni, entre tanto, notaron que alguien había entrado allí: «¡Qué hombre tan audaz! ¿Qué poder poseerá para lograr que Olorun lo acompañe?».
Un día, aprovechando la ausencia de su marido, la obiní le preparó el saco de viaje, lo rellenó de ceniza y le abrió un agujerito en el fondo. Awó Falake cargó el saco sin sospechar nada y salió de cacería; la ceniza fue dejando el rastro y ella lo siguió monte adentro. Él llegó a su Iroko y subió; ella se agazapó abajo, entre los matojos. En cuanto los agbáni salieron, Awó Falake le rezó a Olorun, se metió por el agujero, cargó más telas, oro y brillantes, y se fue. Ella repitió el procedimiento, pero se quedó embobada mirando los tesoros; en eso volvieron los agbáni, la apresaron y la amarraron con lianas a un jagüey, junto a la boca del hueco.
Al no encontrarla en la casa, Awó Falake la esperó; al tercer día salió a buscarla. Los agbáni ya habían decidido matarla y salieron con ella entre los cuernos. Él la vio, apuntó al jefe de la manada y lo mató; los demás huyeron. Rescató a su obiní, se la devolvió a su familia y les dijo: «Ella es avariciosa e indiscreta, y quiere saber lo que no debe». Awó Falake llegó a ser muy rico, porque los agbáni eran omó Eruwá y no regresaban a donde se habían asustado; se quedó con el tesoro y con aquel poder de Olorun, concedido por Orunmila y por el Obá Egun Oluyeke.
Nota: no conviene vivir con mujer sabihonda y avariciosa, pues eso atrasa.